Reinado de Cristo

Introducción.
Causa gran alegría a nuestro corazón, el poder dedicar en el sitio oficial
de nuestra Capilla de Cristo Rey, un apartado justamente a nuestro
Glorioso Capitán.
En la encíclica Quas Primas, dedicada a la festividad de Cristo Rey, Pío
XI, manifiesta claramente que la causa del cumulo de males que invaden
la tierra es porque el hombre se ha alejado de Jesucristo y de su
santa ley, sea en el aspecto individual, como en los hogares y en la
sociedad. Además manifiesta que nunca habrá paz verdadera si se reniega y
rechaza el imperio de Nuestro Salvador. Continua el Pontífice en su
encíclica, que solo la paz de Cristo puede existir en el reino de Cristo.
Es para El Cristo el reino de la gloria, como lo dice el Te Deum, cuyo reino
no tendrá fin como lo dice el Credo. Estos son precisamente los motivos por
los cuales nos movemos a escribir algunos humildes artículos, es decir,
para extender el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo.
Y ya que hemos iniciado nuestra introducción con los motivos que expone el
Sumo Pontífice, nos tomaremos la libertad, así caminaremos seguros bajo el
amparo del Magisterio de la Iglesia, de hacer una breve exposición de
dicha encíclica ya mencionada, con motivos de la festividad de Cristo Rey
que serraba el año jubilar, justo con la institución de esta fiesta. Además
el sumo pontífice daba su promesa que con la institución del culto a
Cristo rey las gracias caerían abundantemente sobre nuestras almas.
Realeza de Cristo.
Llamamos Rey a Jesucristo a causa del supremo grado de excelencia que
posee. Metaforicamente, decimos que reina en nuestras inteligencias porque
El es la Verdad; reina también en nuestras voluntades, porque su voluntad
humana está sometida a la divina y porque con sus mociones influye a
nuestra libre voluntad y enciende nobilísimos propósitos; reina también en
nuestros corazones a causa de su suprema caridad (1) con su mansedumbre y
benignidad se hace amar por las almas , por eso nunca en la tierra existirá
alguien tan amado como El.
No solo metafóricamente, sino en sentido propio, le pertenece a Cristo como
hombre el titulo y la potestad de Rey, pues solo en cuento hombre se dice
de El que recibe del Padre la potestad, el honor y el reino (2).
Que Cristo es Rey lo vemos claramente manifestado en las Sagradas
Escrituras:
a)
En el Antiguo Testamento.
La encíclica expone muchas citas, nosotros nos limitaremos solamente a
algunas, mandando al lector consultar la fuente.
El Padre le ha constituido como Rey sobre el monte Sion( 3), su reino no
tendrá limites, enriquecido con los dones de justicia y de paz, mismos que
florecerán cuando el reine, dominara de un mar al otro y de un confín al
otro de la tierra. (4).
Isaías: Nos ha nacido un
Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el
principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte,
el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado
y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su
reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la
justicia desde ahora y para siempre (5). Lo mismo que Isaías vaticinan los
demás profetas.
Así Jeremías, cuando
predice que de la estirpe de David nacerá el vástago justo, que cual hijo de
David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra (6).
Así Daniel, al anunciar
que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido...,
permanecerá eternamente (7); y poco después añade: Yo estaba observando
durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un
personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano
de muchos días y le presentaron ante El. Y dióle éste la potestad, el honor
y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad
suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es
indestructible (8).
Aquellas palabras de
Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su
pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las
aclamaciones de las turbas (9), ¿Acaso no las vieron realizadas y
comprobadas los santos evangelistas?
1. Ef 3,19.
2. Dan 7,13-14.
3. Sal 2..
4. Sal 71.
5. Is 9,6-7.
6. Jer 23, 5.
7. Dan 2,44.
8. Dan 7 13-14.
9. Zac 9,9.
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