De Monseñor Thuc a Monseñor Martínez
Semblanza de su Excelencia
José de Jesús Roberto Martínez y Gutiérrez.

Presentamos este trabajo para que los fieles de Monseñor, que son muchos en Guadalajara, conozcan su trayectoria y su apostolado.
Hacer una semblanza de Monseñor Martínez, es un verdadero honor. No siempre se tiene la oportunidad de hablar de personajes de gran talla. En este caso es hablar de uno de los Atanasios de la Iglesia en México, es hablar de un gran defensor de la fe católica, es hablar de un hombre que ha luchado valientemente por la Iglesia de Cristo en una de sus peores crisis.
Su figura, austera y firme, a la vez modesta y sencilla; su fe exaltada, de virtud militante que no transigió cuando se trataba de defender la causa de Dios y de su Iglesia, ha llamado la atención del mundo católico y son muchos los grupos de católicos en diferentes lugares del país que conservan la fe gracias a su ejemplar apostolado.
La casa donde vivió es un santuario, pareciera que está dedicada por completo a su madre amada, la Virgen del Tepeyac, pues no hay un solo lugar en su casa en el que no se perciba la candente y profunda fe por la Guadalupana.
Estaba por cumplir 91 años de edad. Hace 62 años fue ordenado Sacerdote; cumplió 26 años de haber recibido la consagración Episcopal. Por estas gracias especiales, rendimos con todo respeto y admiración un homenaje a su perseverancia en la vocación y en su apostolado.
Los que lo conocimos, siempre constatamos que se trataba de un varón justo, activo, valiente e incansable pese a la edad. Sacerdote convencido y ejemplar, hombre de cuerpo entero, de talla erguida y recia como su alma.
El Padre Martínez
Era originario de Santiago Tangamandapio, Michoacán, perteneciente al obispado de Zamora. Nació el 7 de junio de 1917, siendo sus padres el señor Francisco Martínez Godínez, y la señora María Gutiérrez Torres. Fue bautizado en la Iglesia parroquial el día 9 de Junio de 1917 por el Señor Cura Epifanio Padilla, fueron sus padrinos José de Jesús Cuevas y Elvira Navarro, casados. Su confirmación la recibió el 27 de junio de 1924, por el Ilustrísimo Señor Obispo Manuel Fulchieri y Pietrasanta, lo apadrinó Maximino Gutiérrez.
Zamora, su lugar de origen, es llamada la “ciudad levítica” ya que esta tierra está considerada como semillero de sacerdotes, y la familia de Monseñor José de Jesús Roberto Martínez y Gutiérrez, no es la excepción. Don Ignacio Martínez, su tío por parte de su padre, fue sacerdote; el segundo Obispo de Zamora, Monseñor Casares y Martínez perteneció también a su familia.
Su niñez y parte de su juventud la pasó en su pueblo natal, estudiando allí la primaria.
En enero de 1935, a los 18 años, ingresó al Seminario Diocesano de Zamora. El programa de estudios consistía en 11 años, divididos en la siguiente forma: 4 de latín, 3 de filosofía y 4 de teología como asignaturas principales.
Iniciado ya su seminario, al tiempo prescrito por el derecho canónico, recibió las órdenes menores: Ostiariado, Lectorado, Exorcista y Acólito; de manos del Señor Obispo que lo había confirmado, Monseñor Fulchieri y Pietrasanta. Las órdenes mayores del Subdiaconado y Diaconado también se las confirió su Excelencia. Ordenado sacerdote por su Excelencia Salvador Martínez Silva, obispo auxiliar de Zamora, en la catedral el 26 de mayo de 1946 junto con 6 compañeros.
Después de su ordenación, el Padre Martínez desempeñó varios oficios durante los siguientes 20 años: designado a Purépero, como vicario cooperador; el Valle de Guadalupe, perteneciente a Chilchota, fue su segundo destino; después fue enviado a Tlalzazalca; de allí lo enviaron a la parroquia de Cojumatlán, atendiendo a varios lugares circunvecinos; a Vista Hermosa le llegó el turno de ser asistida por el Padre Martínez; la vicaría de Chilchota, fue su sexto lugar de acción. Después de haber dado asistencia a todos estos lugares, superiores y fieles quedaron contentos con su apostolado y fue llamado a la catedral a desempeñar el puesto de capellán de coro y sacristán mayor. Al cumplir sus bodas de plata en el sacerdocio, de Roma llegó un telegrama donde se le felicitaba y se le exhortaba a continuar adelante con su apostolado.
Un año después de haber cumplido sus 25 años de sacerdote, estando completamente convencido de que Roma había caído en herejía, abandonó la nueva secta del Vaticano II.
El secuestro del Padre Martínez
Ayudó durante algún tiempo, al entonces Padre Carmona, ganando para la fe católica la parroquia de Igualapa, Guerrero. En este lugar dio una singular muestra de celo por la salvación de las almas y una prueba de ser gladiador incansable por la causa de la fe católica.
El entonces Padre Martínez empezó a ser hostigado por el “obispo” Bello Ruiz, -éste en falsa posesión de su sede-. quien fue a Igualapa el dia 20 de mayo de 1980 llevando consigo a dos sacerdotes que se quedarían en el lugar del Padre Martínez, a quien exigió que se saliera del templo, ya que no tenía permiso de ejercer el ministerio ahí. El Padre le contestó que un sacerdote católico no tenía que pedir permiso a un obispo protestante para ejercer el ministerio. Que el pueblo lo había llamado, y él no se iría mientras el pueblo no quisiera. Entretanto el pueblo, incluyendo las autoridades del lugar, que estaban a favor del Padre Martínez, se había reunido e impidieron entrar a la sacristía al Sr. Bello y sus acompañantes, quienes en sotana celebraron la misa modernista en el templo, esta vez “sin pueblo”, porque nadie asistió.
Antes de irse del lugar, el obispo Bello lanzó amenazas contra el sacerdote Roberto Martínez y los vecinos que lo apoyan. Esto lo hace constar la asamblea de Vecinos de Igualapa en el desplegado aparecido en el periódico “Avance” de Acapulco, el 15 de junio de ese mismo año. Por falta de espacio no podemos reproducir los extensos desplegados que aparecieron en torno a este caso, por lo que nos concretamos a mencionar lo más importante.
En el mismo documento que mencionamos, dado a la luz pública por la Asamblea de Vecinos de Igualapa, los feligreses se quejan de las prédicas de los sacerdotes “Vicente Guerrero Barreto y Rafael Cortéz Gaspar, éste último señalado como asesino del sacristán de Igualapa”. Según ellos, los sacerdotes enviados por el obispo modernista Bello estaban ahí “para quitarles la fe que heredaron de sus mayores”. Se quejan de que ha habido “generosas dádivas para comprar el silencio de los testigos del crimen consumado”, y que “los acusados jamás han comparecido ante autoridad ninguna”.
Pero lo más importante es el relato que los mismos fieles hacen en dicho desplegado, sobre el secuestro del R.P. Martínez para lo cual reproducimos la parte del texto correspondiente; dice así:
“De 1977 hasta el presente, junio de 1980, el obispo Bello, según sus propias palabras, castigó al pueblo de Igualapa no asignándole sacerdote alguno. Es decir, durante tres años el obispo de Acapulco se olvidó de que los católicos de Igualapa vivieron sin asistencia espiritual, aunque por otra parte lo hizo bien, pues no estamos dispuestos a recibir a ninguno de sus sacerdotes, los que usan pistola al cinto o metralleta en el automóvil, se embriagan al parejo de cualquier borracho, llevan vida licenciosa y escandalosa, y se adueñan de los bienes pertenecientes al templo, que no sólo son patrimonio del pueblo, sino propiedad de la nación.
Por este motivo los vecinos de Igualapa invitamos al sacerdote Roberto Martínez Gutiérrez a hacerse cargo de la Parroquia con la aprobación mayoritaria del pueblo, en virtud de que dicho sacerdote se apega a lo que debe ser el auténtico ministerio eclesiástico y no se mezcla en asuntos políticos o partidistas como lo hacen el obispo Bello y sus clérigos. Fue entonces cuando el obispo de Acapulco intempestivamente se presentó al templo parroquial de Igualapa acompañado de tres sacerdotes con el propósito de obligar al padre Roberto Martínez Gutiérrez a abandonar el templo, pretextando problemas jurisdiccionales, y para dejar en su lugar a uno de sus acompañantes, sin tener en cuenta la voluntad del pueblo que ya no quiere saber más del obispo ni de sus sacerdotes. Antes de retirarse con sus propios honores, Rafael Bello lanzó amenazas contra el sacerdote Martínez Gutiérrez y los vecinos que lo apoyan, promesa que se vio cumplida el día 6 del presente junio, cuando seis pistoleros sedicentes de policías judiciales del Estado, metralleta en mano se introdujeron al templo y sacaron con violencia al padre Martínez Gutiérrez, obligándolo a subir a un vehículo color blanco tipo “safari”, que lo condujo a un sitio desconocido en donde fue robado de sus pertenencias, golpeado en todo el cuerpo y amenazado de muerte si hacía pública denuncia de la agresión o si intenta volver al frente de la parroquia de Igualapa.
Los testigos presenciales del secuestro fueron encañonados por los bandoleros, y amenazados de muerte para el caso de que rindan testimonio de este crimen. Los hechos anteriores fueron denunciados ante la autoridad judicial de Abasolo del Estado de Guerrero, y el Ministerio Público Federal de Acapulco dio fe de las lesiones sufridas por el padre Roberto Martínez Gutiérrez, según consta en el TAB-1-1222-80 del sábado 7 de junio en curso”.
Para finalizar, los firmantes exigen justicia y demandan protección constitucional.
Detalles que no constan en este documento, son los siguientes hechos: la hora en que el padre Martínez fue secuestrado fue alrededor de las tres de la tarde. El sacerdote, de sesenta y ocho años de edad, fue, una vez llegado al sitio de su tormento, tirado al suelo, pateado, golpeado con objetos metálicos, y puñetazos siendo abandonado en lamentable estado, de modo que con trabajos pudo llegar hasta la carretera pidiendo ser levantado, lo que consiguió por el favor del conductor de una camioneta, quien lo condujo hasta el lugar que el padre le indicó. Los golpes fueron considerados por los médicos como de los que tardan en sanar alrededor de quince días. Es de hacerse notar la amenaza de muerte de los bárbaros secuestradores, contra el padre “si volvía a Igualapa” lo que significa que el móvil del secuestro y castigo fue darle un escarmiento, pero a pesar de todo, el padre volvió, apenas repuesto de sus lesiones.
Al ir a visitar al sacerdote lesionado, quien se reponía en la ciudad de Acapulco, Guerrero, aún algunos de los hombres que formaban la comitiva no pudieron contener las lágrimas. El día decidido el padre Roberto Martínez regresó a Igualapa, donde su arribo constituyó una fiesta, habiéndole recibido todo el pueblo y autoridades del lugar, enarbolando banderas con los colores vaticanos. Durante la Misa solemne el padre perdonó a los autores del atentado de que fue víctima y reiteró su disposición para quedarse en el santuario.
Por este tiempo atendía varios fieles en Jacona, Zamora, Zacatecas y Guadalajara. Dirigió durante más de un año un periodiquito llamado: ADELANTE, donde hablaba con mucha claridad defendiendo la fe católica y desenmascarando a los falsos profetas.

El Señor Obispo
En 1982, 10 años después de haber conocido a Monseñor Carmona, éste le escribió pidiendo aceptara la consagración episcopal, a lo cual se negó rotundamente: “me negué porque uno sabe quién es y qué cualidades posee, y yo no me sentía ni aún me siento capaz para tan elevado cargo”. Monseñor Carmona insistió por varias ocasiones y entonces, según su propio testimonio: Acepté porque la voluntad de Dios se estaba manifestando de ésta manera ¿acaso he de oponerme a los designios divinos? El 18 de Junio de 1982 se llevó a cabo la ceremonia de consagración Episcopal en la Parroquia de la divina Providencia en Acapulco, Guerrero; siendo el consagrante su Excelencia Moisés Carmona, y como co-consagrante asistió su Excelencia Adolfo Zamora. Junto con él también consagraron al Padre Benigno Bravo.
Como Obispo, el campo de acción de Monseñor Martínez fue muy vasto, la administración de la confirmación fue uno de sus más grandes apostolados. En alguna ocasión llegó a administrar 3,000 confirmaciones.
Los fieles de Guadalajara, en 1981, tenían ya 15 años soportando la herejía modernista y los que tuvieron la gracia de Dios de permanecer fieles a su Iglesia, se preocuparon en buscar en todas partes a los sacerdotes, que pese a todo, se mantenían fieles a la doctrina católica.
Se recuerda con mucho cariño al Padre Esparza, sacerdote de la Merced. En una capilla de este templo se apilaban 25 personas a oír la santa Misa y saciar el hambre de verdaderos sacramentos. A pocos días de fallecido el Padre Esparza, la Divina Providencia, en sus inescrutables designios, manifestó definitivamente el campo donde Monseñor Martínez debía hacer su apostolado.
Fue la casa de Félix Tafoya, ubicada en la calle Mezquitán número 1265 de la colonia Guadalupana, el lugar donde se estableciera la trinchera para defender desde allí la fe católica. Al poco tiempo se vio este lugar muy concurrido, y siendo el espacio insuficiente para tantas personas, le facilitaron una finca con mucho espacio ubicada en el número 428 de la calle 8 de Julio, allí permaneció 9 años. Administraba los sacramentos, y acudía una gran multitud de fieles, la capilla se llenaba completamente en las tres Misas que oficiaba los domingos; además, era tanta la gente que asistía a cumplir con la devoción de los viernes primeros, que después de oficiada la Misa se quedaba durante largo rato a confesar y a dar la comunión.
En 1991 acudió a Argentina a asistir al Seminario Nuestra Señora de Guadalupe. Concedió allí órdenes menores a varios de los seminaristas, que eran alrededor de 21, y además confirió el sacerdocio a José Reyes y a Sixto Machaca. Siendo ellos los primeros a quienes les confería el Presbiterado, pues las normas de prudencia así lo exigen.
A su regreso de Argentina, las personas que le facilitaban la finca de 8 de Julio, según el propio testimonio de Monseñor Martínez, le pidieron cuentas de la asistencia a Argentina, a lo cual su Excelencia respondió: ¿Desde cuando un obispo debe rendir cuentas a los laicos? La Iglesia esta por encima de toda autoridad civil. Con este acontecimiento le pidieron que abandonara inmediatamente ese lugar.
Muchas han sido las dificultades que ha pasado. Dificultades de dentro y de fuera, muchos han querido aprovechase de las circunstancias para poder llevar agua a su molino, pero de todo esto lo ha rescatado Nuestro Señor.
A partir de 1991 su Excelencia construye su propia capilla en la casa número 1587 de la calle Miguel Blanco.
El 27 de octubre de 1996 ordenó, al padre Luis Alberto Madrigal en una magna ceremonia en su capilla del Inmaculado Corazón de María. A partir de esta fecha el Padre lo asistió, ayudándolo en el amplio ministerio de Guadalajara.
En ese mismo año de 1996 en la fiesta de nuestra Señora de Guadalupe, fue a ordenar otros tres sacerdotes al Seminario que lleva ese nombre. Los ordenados fueron el Padre Manuel Odriz, el Padre Salvador Velásquez y el Padre Juan Hugo Esquivez.
Además ordenó al Padre Juan Bernardo Ennaul quien realiza su apostolado en la ciudad de México.
La Lucha Antimodernista
No quedaría completa esta semblanza, sin destacar las continuas luchas que con verdadero heroísmo, libró Monseñor Martínez en contra de la jerarquía modernista aquí en Guadalajara. Y es que los enemigos de la Iglesia en su desesperación por borrar hasta el último vestigio de la Iglesia católica, lanzaron sistemáticamente ataques en contra de Monseñor Martínez y Gutiérrez por la radio, la prensa y pastorales que eran leídas en todos los templos de la diócesis prohibiendo a los fieles acercarse a recibir los sacramentos de manos de Monseñor Martínez; aduciendo en dichas campañas, que Monseñor Martínez, estaba fuera de la Iglesia, que era un cismático, que estaba excomulgado, que no obedecía a Karol Wojtyla (Juan Pablo II) y la invalidez de su apostolado.
Monseñor Martínez, con la valentía y sencillez que lo distingue, siempre contestaba a esos ataques: ¿Quién es cismático? Yo que he permanecido fiel a la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo y que conservaron sin cambiar nada los Apóstoles, Santos Padres, mártires, santos y 260 pontífices durante dos mil años, o ellos que se separaron de la Iglesia de siempre y negando los dogmas abrazan todos los errores y herejías.
¿Qué estoy fuera de la Iglesia? Primero hay que aclarar a qué Iglesia se refieren; porque de la Iglesia fundada por Cristo nunca me he salido, y por estar dentro de ella estoy dispuesto a padecer y morir. Si se refieren a la iglesia modernista, quiero decirles que no pueden expulsarme de esa, puesto que nunca he estado ahí y ni quiero estar.
¿Qué no obedezco al Papa? Aclaremos, yo estoy con la Iglesia de Cristo, con su Doctrina, con su Magisterio, con todos los Concilios y con todos los Papas desde San Pedro hasta Pío XII. No puedo estar con el resto porque no son papas, empezando por Juan XXIII por haber sido masón y el autor de la crisis por la que atraviesa la Iglesia. No puedo obedecer a éstos, porque al abrazar el modernismo -suma de todas las herejías- dejaron de ser católicos, y alguien que deja de ser católico no pude ser Papa. San Pablo dice: “es menester obedecer primero a Dios que a los hombres”. Yo pregunto a todos los que se han apartado de la Iglesia fundada por Cristo: ¿Dónde está la bula de San Pío V sobre la santa Misa? ¿Dónde quedó el juramento anti-modernista de San Pío X? ¿Quiénes entonces están excomulgados y fuera de la Iglesia? ¿Quiénes andan mal?
¿Nosotros que conservamos el legado de la fe tal como la entregó Cristo a sus apóstoles o los que se han apartado de esa fe atacando los dogmas? ¿Los que luchan de frente contra los pérfidos enemigos de Nuestro Señor Jesucristo que lo clavaron en la cruz o los que fraternalmente se abrazan a ellos en las sinagogas?
¿Los que reconocemos la Divinidad y la Trinidad de Dios Nuestro Señor, o los que ponen al mismo nivel a Cristo con los ídolos (demonios) de las sectas como Buda y Mahoma?
¿Los que conservan los altares para celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, o los que destruyeron los altares para sustituirlos por mesas?
¿Los que seguimos creyendo en el Santo Sacrificio de la Misa como el mismo sacrificio de la cruz, o los que ya no creen y ahora le llaman simplemente asamblea?
¿Los que continuamos manteniendo el sagrario en el centro del altar, o los que lo tienen escondido en algún rincón del templo?
¿Los que con todo respeto le damos solemnidad y recogimiento al Santo Sacrificio de la Misa, o los que al ya no creer que la Misa sea el sacrificio de Cristo en la cruz, la han convertido en una verdadera pachanga?
¿Los que seguimos venerando las sagradas imágenes, o los modernistas de corazón protestante que las retiraron de los templos?
¿Los que recibimos la sagrada comunión piadosamente de rodillas y de manos de un sacerdote, o los que la reciben de pie, de manera irreverente y de manos de un laico?
¿Los que seguimos pronunciando sermones para el reinado de Cristo en la tierra, o los que convierten el púlpito en una tribuna de políticos?
Estas son algunas de las contestaciones que Monseñor Martínez daba a todos los que lo atacaban, podemos ver en ellas la sencillez y al mismo tiempo la profundidad que encerraban sus argumentos.
Curiosamente la Fraternidad Sacerdotal San Pío X lanza ataques similares en contra de Monseñor Martínez, ¿Acaso porque son la misma cosa? Con la única diferencia que unos hablan latín y otros castellano.
El celo de Monseñor Martínez por defender la fe de la Iglesia católica se inflamaba constantemente con la promesa de la Santísima Virgen: al fin mi Corazón Inmaculado triunfará”
Es evidente que no es exhaustiva la biografía que presentamos, ya que fueron más de cincuenta años de apostolado, pero podemos afirmar con toda propiedad que:
Monseñor José de Jesús Roberto Martínez y Gutiérrez continuó con la fe católica en la ciudad de Guadalajara y no es aventurado decir que el resto de las capillas que posteriormente se han fundado, ha sido con fieles de Monseñor Martínez.
La huella tan honda que durante 26 años ha dejado en esta ciudad no la puede arrancar nadie. ¿Cuántas misas? ¿Cuántos bautizos? ¿Cuántas confirmaciones? ¿Cuántos Matrimonios? ¿Cuántas Primeras comuniones?
Está claro que Dios quiso suscitar a Monseñor para defender la Iglesia en la hora más solemne y en los tiempos más aciagos.
Camino al Calvario
Presento aquí una relación de los últimos hechos ocurridos y que culminaron con el deceso de su Ilustrísima Excelencia Don José De Jesús Roberto Martínez y Gutiérrez.
Después de habérsenos enfermado de Alzhéimer, según su propia voluntad expresa, Monseñor Martínez permaneció con sus familiares, donde, al menos un año antes de su enfermedad, había dictado su testamento, en el que quedaban todos sus bienes en posesión de sus hermanas Esther y María. Quien esto escribe no reprueba este gesto, pues por un lado, la sangre llama a la sangre; y por otro, sus fieles poco o casi nada, contribuímos para su adquisición, al contrario, él tuvo que vender al menos dos casas de su propiedad para comprar la casa que sirvió de capilla en la calle Miguel Blanco.
Con respecto al Alzhéimer, se pudo controlar gracias a Dios, al cuidado de sus familiares (María, Esther y sobrinos) y a la decisión acertada de los médicos, y después de su ausencia, regresó el Señor Obispo a su querida Zamora, a continuar con su estilo de vida al lugar que siempre fue su refugio y su santuario: su oratorio privado dedicado al Inmaculado Corazón de María, a quien su Excelencia tributó los honores debidos de Reina Soberana.
Posteriormente, Su Excelencia permaneció en su casa, donde era atendido por sus hermanas María y Ester, quienes siempre tenían con él todas las delicadezas para su congrua alimentación. En varias ocasiones tuvo recaídas y gracias a Dios siempre nos tocó estar cerca y poder prestar nuestros humildes consuelos. Es muy lamentable que aún en esos momentos de su enfermedad, algunos que creyeron que Dios pronto lo recogería, quisieran adelantarse a los acontecimientos y de una manera u otra se empujó para que Monseñor Martínez “consagrara” Obispo a José Antonio Rodríguez. La narración sucinta de los hechos es como sigue:
Su servidor debía ausentarse por una semana de Guadalajara. Antes de partir se rindió una visita a Monseñor Martínez. Es el Domingo 12 de Marzo de 2006 por la tarde. Debido a su precario estado de salud no pudimos verlo aún estando en su casa, porque se sentía demasiado fatigado y apenas se había dormido, por lo tanto, tomé la decisión de pernoctar en Zamora, cosa que no estaba prevista, y asistí el Lunes por la Mañana alrededor de las 9:00 para saber cómo seguía Monseñor, pude verlo e incluso le rogamos que comiera algo, creo que tomó algunos jugos y alguna otra cosita más. Se incorporó y viendo que estaba débil, pero comenzaba a comer, -tenia algunos días que no comía- entonces me retiré a mi destino. El Lunes por la tarde lo hospitalizaron a causa de una fuerte anemia y un par de días después regresó a su casa.
El día 16 hubo una ceremonia de “consagración Episcopal” precisamente en su oratorio Privado. Resulta que “Consagraban Obispo” a José Antonio Rodríguez. Asistieron a esta Ceremonia los Padres Juan Bernardo Enaul y Luis Argueta. Según testimonio de María estos “padres asistentes” pedían a Monseñor que nada más pusiera sus manitas sobre la cabeza del supuesto candidato y que además pronunciara las Palabras de la Consagración Episcopal, las cuales debían dictarle, seguramente.
Su servidor asistió a Monseñor Martínez durante más de un año en la Misa Dominical porque por sí mismo no podía seguir todas las rubricas, principalmente por problemas de la vista. Su acólito Alejandro Barajas que también estaba siempre atento en todos estos detalles puede constatarlo.
Saque usted mismo la conclusión. Evidentemente dicha consagración es inválida, ya que no había ministro, debido al estado de salud de Monseñor Martínez quien, además, siempre se negó a consagrar a Rodríguez que se lo pedía desde hacía muchos años. Monseñor Martínez literalmente me dijo: “José Antonio no es digno de este cargo”. Añadamos lo que dice la Escritura: “No el que se recomienda así mismo es aprobado por Dios sino a quien Dios recomienda”. Súmele a esto que el mismo Rodríguez admitió que su consagración era nula al “consagrarse” de nuevo por manos de Olivier Oravec, pero ¡ay de él!, se cumple lo del Dante en La Divina Comedia: “quiso salir de un infierno y se fue a otro más profundo”.
Así sucedían las cosas en el “retiro-enfermedad” de Monseñor Martínez. Por nuestra parte procurábamos visitarlo cada ocho o quince días, y sobre todo, en estos últimos días. Es de notarse la ausencia de los sacerdotes que él había consagrado. Yo siempre preguntaba si alguien lo había visitado en mi ausencia y siempre la misma respuesta: “nadie lo ha visitado”. Sólo un par de veces me encontré con que había recibido visitas: una de ellas fue la de el Padre Manuel y el Padre Salvador acompañados de una fiel, la cual, según María, era quien tomaba la iniciativa. Esta misma mujer además preguntó a María el paradero de las cosas que Monseñor tenía en la capilla de Miguel Blanco, por si acaso yo me había quedado con algunas, a lo cual María respondió: “Estamos demasiado extrañadas de que el padre no haya querido nada, incluso él mismo había traído todo a Zamora. En cuanto a las bancas, mi sobrina Raquel las ha donado a una Iglesia muy pobre”. Además dijo que el padre no se queda tanto rato cuando hace sus visitas por no importunar y nunca quiere comer aquí; incluso que siempre llevaba algo para comer. La otra ocasión en que alguien lo visitó fue una vez que Rodríguez llegó con unos cuarenta fieles. Pese a la insistencia, el Señor Obispo no quiso confesar a nadie; y aunque les permitió oficiar Misa, él no asistió y se molestó tanto que de ahí en adelante no volvió Rodríguez, ni su gente.
De aquí en más, fíjense qué relación de hechos: todos los sacerdotes, tanto los consagrados por él, como los que el asistía, brillaron por su ausencia: ya mencionamos la visita del Padre Manuel y del Padre Salvador, pero no estuvieron ni Sixto Machaca ni tampoco José Reyes, ordenados por él en Argentina; Juan Bernardo asistió a ayudar a la supuesta consagración y desde entonces no regresó. En cuanto al Padre Becerra y algunos de la Sociedad Trento sólo asistieron para video-grabarlo y a tomarle fotografías porque se habían incomodado demasiado de la supuestas sacras de Rodríguez y a ellos les estaban ocasionando daño, los que conocen esos videos saben que lo inquietaron demasiado, allí mismo aparece María pidiendo que no se le interrogue más porque estaba demasiado cansado.
A excepción de una, estas visitas tuvieron lugar en fechas anteriores a octubre del 2007. Pero en los últimos meses prácticamente lo dejaron abandonado y solo. Citemos el caso de la “Compañía de Jesús y María” que recibiera la bendición de Monseñor Martínez; su superior vino a Guadalajara el día 30 de noviembre del 2006 desde Argentina a ser “consagrado”, y no tuvo la delicadeza de visitar a Monseñor Martínez en Zamora, y eso que Monseñor Martínez le había consagrado para su “compañía” a siete padres: Manuel Odríz Ramírez, Salvador Velázquez, Juan Hugo Ezquivez, Rigoberto Sánchez Mariscal, Noel Ramírez, Adán Rodríguez y Alfredo Contreras.
Cosa muy distinta sucedió con Monseñor Vezelis, a quien yo conocí en una ocasión que él estaba de visita en la casa de Monseñor Martínez, en Zamora, además siempre que nos vimos me preguntó por el estado de Monseñor Martínez.
Las últimas estaciones
En resumidas cuentas, prácticamente se le abandonó y en los últimos meses si acaso una llamada perdida se recibió de estos sacerdotes preguntando por su estado de salud.
En dos ocasiones su servidor administró el Sacramento de la extremaunción a su Excelencia, la primera fue el día primero de mayo del año pasado cuando se nos avisó que se encontraba muy delicado de salud, extrema debilidad. En esa ocasión llegamos a media noche su servidor y el Grupo Cultural y Deportivo San Bernardo, hay un video de nuestra visita. Ese día no lo pudimos ver, pero esperamos al día siguiente, y por la mañana le administré este sacramento mientras Su excelencia respondía a todas las oraciones del acólito, lo cual fue muy edificante para mí.
La segunda ocasión fue el día dos de mayo pasado, viernes primero de mes, ya en el Hospital Regional de Zamora. Llegamos a las once y media de la noche. Cuando le avisé que me encontraba para administrarle los sacramentos me respondió con firmeza: “Está bueno”. Nuevamente su excelencia respondía a las oraciones, aunque no a todas, pues se encontraba muy débil, pero consciente. Cuando le estaba dando la bendición, estiraba su mano para persignarse, lo cual también me dejó muy edificado y lo mismo sucedió con quienes me acompañaban, quedaron edificados. Después de esto sucedieron algunos días de relativa mejoría y pedí a algunos de los fieles que hicieran guardia previendo que no le faltara lo necesario, lo cual hicieron; de hecho, dos de nuestros seminaristas fueron los que se encargaron de conseguirle la sangre y los medicamentos necesarios para buscar mejorar su salud. Es de hacer notar que dada la relativa mejoría, y siendo siempre libre Monseñor se inquietó, lo cual parece lógico, puesto que lo tenían atado para que no se quitara las sondas mediante las cuales se le administraba alimento y medicamento, evidentemente todo esto era por su bien.
De aquí en adelante solo se tuvo que esperar el trágico final que ninguno de nosotros quería ni siquiera mencionar. Precisamente el día siguiente a su hospitalización fue la Adoración Nocturna, se avisó a los fieles el estado de Su Ilustrísima, se ofició la Santa Misa por su salud y pedimos que todas las horas de la adoración fueran elevadas oraciones al Santísimo Sacramento con la intención de la salud de Monseñor Martínez si en esto era servido nuestro Señor. Lo mismo sucedió el Domingo. Poco a poco nos dimos cuenta que era otra la voluntad divina y comenzamos a resignarnos a los designios de Dios que siempre son justos y a la vez misericordiosos.
Ocho días después, el día viernes 9, su servidor lo asistía de nuevo encomendando el alma a Dios, es decir, brindándole los últimos auxilios para que su alma se fortalezca y, ganando esta última batalla, pudiera volar a la Eternidad con Dios. Pero fue hasta el sábado, cuando la Santísima Virgen acostumbra a llevar las almas del purgatorio a gozar de Dios, cuando Monseñor José de Jesús Roberto Martínez y Gutiérrez entrego su alma al Creador.
En el momento en que su servidor se dio cuenta del lamentable deceso, era prácticamente imposible dirigirnos hasta Zamora, pues eran las 12:15 de la noche del sábado, prácticamente ya era domingo; y para ese un domingo se habían previsto primeras comuniones en la Misa de 9 de la mañana y confirmaciones al medio día. Pese a todo, uno de los seminaristas fue enviado, en compañía de su papá a hacer acto de presencia.
Hasta este momento ni soñar en la presencia de alguno de los sacerdotes ordenados por el Señor obispo. Fueron los Familiares de Monseñor Martínez quienes previeron todo para el sepelio.
Su servidor prometió llegar alrededor de las tres de la tarde a Zamora para hacerle su Misa de cuerpo presente, pero todo estaba demasiado acelerado; a los empleados del cementerio les incomodaba el horario por ser día Domingo, y nosotros por cuestiones de tiempo y de distancia no pudimos hacerle debidamente sus funerales. Todos estos sucesos los lamento profundamente. Yo ya había hablado con los familiares de el señor Obispo diciéndoles que yo quería llevarlo a donde debía descansar. ¡Qué difíciles momentos! ¡Qué complicadas las cosas! ¡Qué lástima no haber contado con algún sacerdote más! Y ¡Qué cosas suceden delante de nosotros!
Monseñor Martínez se fue, y se fue a su mero estilo, El lo había dicho: “Yo no quiero ser carga para nadie”, y no lo fue, a nadie le dio carga. Solo dos de nuestras familias tuvieron el consuelo de cargar su féretro, ni siquiera yo tuve el consuelo de su sepelio. Después de todo eso es consuelo para los vivos, porque el consuelo Espiritual ya se lo habíamos concedido con anticipación y esto alienta mucho a nuestras almas.
Al tener noticia de la situación de las cosas, reuní a la feligresía que iba a asistir a su sepelio en la capilla a la hora que supuestamente debíamos partir y se les aviso que no nos iba a ser posible asistir por las causas ya mencionadas.
Ya por la tarde de ese día Domingo, y con más calma, rendimos visita a sus familiares y al ver qué cansados se encontraban nuestra visita fue demasiado corta si acaso 15 minutos, y luego, nos retiramos.
¡Qué cuadro se nos presenta!
Cara al mañana
Ahora debemos hablar demasiado claro, tal como lo venimos haciendo en el presente trabajo. Conscientes de Nuestro revestimiento episcopal hago un llamado a reflexionar: en primer lugar a todos los sacerdotes ordenados por Monseñor Martínez,(1) así como a toda la feligresía que de una u otra manera fue fiel del Señor Obispo.
Que a los fieles no les parezca extraño, el demonio y sus seguidores no se han quedado en paz, saben que en la Línea Thuc se encuentra la sucesión de la Iglesia católica, por eso infiltra, denigra, y además trata de controlar cualquier reacción que se pudiera dar, pero recuerden: las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, según las promesas de Nuestro Señor. Han trabajado con mucho esmero para engañarnos, yo mismo he caído en sus acechanzas y he tenido que corregir la postura, pero no se cansen, resistid fuertes en la Fe, recuerden las promesas divinas, miren que nuestro Señor está probando a los suyos. No crean que lo importante es tener los sacramentos, quienquiera que se los confiera; lo más importante es recibir los verdaderos sacramentos de Sacerdotes válidamente ordenados, y en el caso de los que vienen de la línea Lefebvre hay duda, el punto está en seguir la línea Thuc y aun aquí el enemigo ha hecho sus estragos. Claro, ¡Cómo iba a dejar la única línea que mantiene los verdaderos sacramentos! También nos han hecho creer que la Misa es el único sacramento que debemos recibir, “sólo la Misa, sólo la Misa”. Debemos recibir TODOS los sacramentos de la Iglesia Católica y el mismo celo que se tiene por la Misa debe tenerse por los otros sacramentos. Qué triste es la situación que vivimos, nos han hecho creer que tenemos Misa en latín, y nunca nos hemos tomado la molestia de ver si quienes nos dan la Misa son sacerdotes válidamente ordenados y católicos verdaderos. A muchos fieles de Guadalajara les es fácil acudir a cualquier capilla, pero no, no es lo mismo ir a una capilla que a otra, eso debe quedarles muy claro.
Todo esto que les estoy diciendo ustedes mismos lo han constatado, pero echemos un vistazo al año 1982 en que era demasiada clara la posición que les manifiesto, misma que mantenía firmemente Monseñor Martínez. Pero algo pasó a partir de los años 85-86 en que quizá por comodidad, por sentimientos o por permiso divino, a todos nos hicieron creer que los sacerdotes de la línea Lefebvre eran verdaderos sacerdotes, aunque siempre fueron heréticos. Nada más era cuestión de tiempo, en la actualidad, casi todos los que fueron “ordenados” por Lefebvre son los están liderando la supuesta lucha en contra de los enemigos de la fe, es muy posible que sean ellos mismos el caballo de Troya. Usted que se precia de ser fiel Católico ¿Se ha tomado el tiempo de examinar esto que le estoy tratando? Los verdaderos sacerdotes católicos son menos de los que aparentan.
Es muy posible que lo que presento a su consideración no sea tomado en cuenta y que incluso sirva para aumentar más las inquietudes, pero si esto sucede, permítame decirle que es señal de que ya ha crecido la cizaña sembrada por el enemigo; no hemos entendido lo que es ser verdadero católico, se nos olvidó porqué murieron nuestros parientes en la lucha cristera, porqué ellos abandonaron voluntariamente sus casas y se nos ha olvidado que por su fe se privaron incluso de la gracia y del consuelo que producen los verdaderos sacramentos y ahora están gozando de Dios en el cielo.
Es también casi seguro que quienes están cuidando que no hagamos nada en contra de sus intereses mundanos sean los mismo que protagonizan la campaña tratando de desacreditar estos argumentos presentados, Pero ¡sea por Dios!.
Por último agrego algo dirigido a mis propios fieles, ustedes han visto toda nuestra trayectoria y todas las cosas que han estado sucediendo, así como suceden procuro informales, además han sido testigos de tantas pruebas y gracias derramadas por nuestro Señor Jesucristo para el bien de nuestras almas. Vean, pues, la necesidad que tenemos de luchar para formar vocaciones religiosas; en vocaciones de verdaderos católicos, a esto se debe lo enérgico de los sermones y la constancia en nuestro abundante apostolado, para que nuestras almas estén fuertes en ente tipo de pruebas, si has trastabillado, entonces considera que no estás fuerte todavía en tu fe, mira que estamos muy lejos de los auténticos católicos que por amor de Dios y por defender su causa dejaron todo (familia, casa, bienes terrenos, etc.) y que es muy posible que muchos de ellos murieron careciendo de la asistencia sensible de los sacramentos por los que peleaban, pero sin embargo, ahora están gozando de Dios, por otra parte voltea a ver la muerte de Nuestro Señor y compárala con las de sus discípulos y veras que el discípulo no es mayor que su señor ni aun en esto. En segundo lugar debemos formar vocaciones propiamente religiosas desde nuestros hogares, debemos rezar mucho y cuidarlas y protegerlas y darles ejemplo para que nuestro Señor se tenga a bien enviar dignos operarios a su mies. Recen por la perseverancia de los que ya nos ha enviado nuestro Señor, créanme que implica demasiado esfuerzo para una sola persona y que con gusto lo estamos realizando. Y por ultimo recen por mí como nosotros lo hacemos por todos ustedes y si Dios quiere así las cosas, así serán.