Apostolorum
Duplex I Classis cum Octava communi
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Nunc scio vere, quia misit Dóminus Angelum suum: et erípuit me de manu Heródis, et de omni exspectatióne plebis Judaeórum. Ps. 138, 1-2 Dómine, probásti me, et cognovísti me: tu cognovísti sessiónem meam, et resurrectiónem meam. V. Glória Patri. |
Introitus Act. 12, 11 Ahora sí conozco que el Señor verdaderamente ah enviado su Ángel y me ha liobrado de los manos de Herodes y de la expectación del pueblo de los judíos. * Oh Señor, Tú me probaste y me conociste; viste mi caída y mi resurrección. Gloria al Padre... |
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Colecta Deus, qui hodiérnam diem Apostolórum tuórum Petri et Pauli martýrio consecrásti: da Ecclésiae tuae, eórum in ómnibus sequi praecéptum; pér quos religiónis sumpsit exórdium. Per Dóminum. |
Colecta Oh Dios, que consagraste este día con el martirio de tus Apóstoles Pedro y Pablo, concede a tu Iglesia guardar siempre los preceptos de aquellos por quienes tomó principio la religión. Por Nuestro Señor Jesucristo. |
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Léctio Actuum Apostolórum Act. 12, 1-11 In diébus illis: Misit Heródes rex manus, ut afflígeret quosdam de ecclesia. Occídit autem Jacóbum fratrem Joánnis gládio. Videns autem quia placéret Judáeis, appósuit ut apprehénderet et Petrum. Errant autem dies azymórum. Quem cum apprehendísset, misit in cárcerem, tradens quátur quaterniónibus mílitium custodiéndum, volens post Pascha prodúcere eum pópulo. Et Petrus quidem servabátur in cárcere. Orátio autem fiébat sine intermissióne ab ecclesia ad Deum pro eo. Cum autem productúrus eum esset Heródes, in ipsa nocte erat Petrus dórmiens inter duos mílites, vinctus caténis duábus: et custodies ante óstium custodiébant cárcerem. Et ecce Angelus Dómini ástitit: et lumen refúlsit in habitáculo: percussóque látere Petri, excitávit eum, dicens: Surge velóciter. Et cecidérunt catenae de minibus ejus. Dixit autem Angelus ad eum: Praecíngere, et cálcea te cáligas tuas. Et fecit sic. Et dixit illi: Circúmda tibi vestiméntum tuum, et séquere me. Et éxiens sequebátur eum, et nesciébat quia verum est, quod fiébat per Angelum: existimábat autem se visum vidére. Transeúntes autem primam et secúndam custódiam, venérunt ad portam férream , quae ducit ad civitátem: quae ultro apérta est ais. Et exeúntes processérunt vicum unum: et continuo discéssit Angelus ab eo. Et Petrus, ad se revérsus, dixit: Nunc scio vere quia misit Dóminus Angelum suum, et erípuit me de manu Heródis et de omni exspectatióne plebis Judaeórum. |
Léctio Actuum Apostolórum Act. 12, 1-11 En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos de la Iglesia. Degolló a Santiago hermano de Juan. Y, viendo que agradaba a los judíos, mandó también prendera Pedro. Eran entonces los días de los asimos. Habiéndole preso, le encarceló y entrególe a piquetes de cuatro soldados, con intención de sacarlo a ejecutar después de Pascua. Mientras Pedro estaba custodiado en la cárcel, la Iglesia sin cesar oraba a Dios por él. Y cuando iba Herodes a entregarlo, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro entre dos soldados, atado con dos cadenas, y los guardias ante la puerta de la cárcel, hacían centinela. Y de pronto apareció un Ángel del Señor, y brilló la luz en toda la pieza, y tocando a Pedro de lado, le despertó, diciendo: Levántate presto. Y se el cayeron de las manos las cadenas. Y añadió el Ángel: Ponte el ceñidor, y cálzate tus sandalias. Hízolo así. Díjole más: Toma tu capa y sígueme. Salió, pues, y le iba siguiendo; y no sabía que era de verdad lo que hacía el Ángel; antes se imaginaba que era un sueño. Pasada le primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que sale a la ciudad, la cual se les abrió al punto. Salidos por ella atravesaron un barrio y luego le dejó el Ángel. Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo: Ahora conozco que en efecto el Señor envió a su Ángel y me libró de lass manos de Herodes y de la expectación del pueblo judío. |
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Graduale Ps. 44, 17-18 Constítues eos príncipes super omnem terram: memores erunt nóminis tui, Dómine. V. Pro pátribus tuis nati sunt tibi fílii: proptérea pópuli confitebúntur tibi. |
Graduale Ps. 44, 17-18 Les constituirás príncipes obre toda la tierra: se acordarán, Señor, de tu nombre. En lugar de tus padres, te nacerán hijos; los pueblos te ensalzarán. |
| Allelúja, allelúja. V. Matth. 16, 18 Tu es Petrus, et super hanc patram aedificábo Ecclésiam meam. Allelúja. | Aleluya, aleluya. Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Aleluya. |
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Sequéntia sancti Evangélii secúndum Mattháeum Matth. 16, 13-19 In illo témpore: Venit Jesus in partes Caesaréae Philíppi, et interrogábat discípulos suos, dicens: quem dicunt hómines esse Fílium hóminis? At illi dixérunt: Alii Joánem Baptístam, álli autem Elíam, álli vero Jeremíam, eut unum ex prophétis. Dicit illis Jesus: Vos autem quem me esse dícitis? Respóndens Simon Petrus, dixit: Tu es Christus Fílius Dei vivi. Respóndens autem Jesus, dixit ei: Beátus es, Simon Bar Jona: quia caro et sanguis non revelávit tibi, sed Pater meus, qui in caléis est. Et ego dico tibi, quia tu es Petrus, et super hanc petram aedificábo Ecclésiam meam, et portae inferí non praevalébunt advérsus eam. Et tibi dabo claves regni caelórum. Et quodcúmque ligáveris super terram, erit ligátum et in caelis: et quodcúmque sólveris super terram, erit solútum et in caelis. Credo, per totam Octavam. |
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Mattháeum Matth. 16, 13-19 Vino Jesús al territorio de Cesarea de Filipo, y preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Respondieron ellos: Unos dicen que Juan, otros Elías, otros Jeremías o alguno de los profetas. Díseles Jesús. Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondió Simón Pedro: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Dichoso eres, Simón Bar-Jona, por que no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo que tú eres Pedro y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán contra ella. Y te daré la llave del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra, será también atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra, será también desatado en los cielos. Credo. |
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Offertorium Ps. 44, 17-18 Constítues eos príncipes super omnem terram: mémores erunt nóminis tui, Dómine, in omni progénie et generatióne. |
Offertorium Ps. 44, 17-18 Les constituirás príncipes en toda la tierra; se acordarán de tu nombre de generación en generación. |
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Secreta Hóstias, Dómine, quas nómini tuo sacrándas pfférimus, apostólica prosequátur orátio: per quam nos expiári tríbuas, et defendí. Per Dóminum. |
Secreta La intercesión de tus Apóstoles acompañe, Señor, las hostias que te ofrecemos para ser consagradas a tu nombre, y, por la misma, purifícanos y defiéndenos. Por Nuestro Señor Jesucristo. |
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Prefatio de Apostolis Vere dignum et justum est, aequum et salutáre: Te, Dómine, supplíciter exoráre, ut gregem tuum, Pastor aetérne, non déseras: sed per beátos Apóstlos tuos continua protectióne custodias. Ut iísdem rectóribus gubernétur, quos óperis tui vicarios eísdem contulísti praeésse pastóres. Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia caeléstis exércitus, hymnum glóriae tuae cánimus, sine fine dicéntes: Sanctus... |
Prefatio de Apostolis Digno y justo es, en verdad, debido y saludable: rogarte humildemente, Señor, que no desampares, Pastor eterno, a tu rebaño, mas por tus santos Apóstoles, lo guardes con incesante protección: Para que sea gobernado por los mismos a quienes como Vicarios tuyos constituiste sus Pastores. Por tanto unidos con los Ángeles y Arcángeles, con Tronos y Dominaciones, y con toda la milicia del Ejército celestial, entonamos este himo a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo... |
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Communio Math. 16, 18 Tu es Petrus, et super hanc petram aedificábo Ecclésiam meam. |
Communio Math. 16, 18 Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. |
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Postcommnunio Quos, caelésti, Dómine, alimánto satiásti: apostólicis intercessiónibus ab omni adversitáte custódi. Per Dóminum. |
Postcommnunio Por la intercesión de tus Apóstoles guarda, Señor, de toda la adversidad a los que saciaste con el manjar celestial. Por Nuestro Señor Jesucristo. |
FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO
Domingo VII Post Pentecostes
Días largos de luto y tristeza había visto la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, días de sangre y de desolación venía atravesando desde que el Esposo celestial la dejara en la tierra.
Los más ilustres campeones que por ella combatieran habían sucumbido bajo el golpe del cuchillo de los tiranos. Sin embargo, San Pedro y San Pablo, columnas principales del edificio de la religión, triunfaron con su sangre del odio de los césares.
Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia
S. Mateo, C. 16. V. 18
Cuando NSJC examinó a los apóstoles sobre el juicio que de su persona formaba el mundo, y el concepto en que le tenían ellos mismos; todos los discípulos contestaron solo a la primera parte de la pregunta, todos a excepción de San Pedro, quien respondió a la segunda con la mayor firmeza, no diciendo lo que opina, sino que está plenamente convencido de que su maestro es el Unigénito del padre. El hijo natural del Dios vivo y verdadero,
¡Verdad sublime! ¡verdad gloriosa!, verdad de nadie conocida y menos confesada en el mundo hasta el feliz momento en que la publica el gran apóstol destinado por Dios para ser el maestro universal del cristianismo, la piedra fundamental de la única Iglesia verdadera y santa, el pastor y jefe supremo de todo el rebaño de Cristo, el administrador de los inmensos e inapreciables tesoros de su gloria.
Pero un hombre oscuro, retirado e ignorante, ¿Cómo pudo adquirir un conocimiento tan sublime, tan superior a la razón, y en el que los mayores sabios hallan dificultades insuperables? ¡Cómo! Oídlo, sabios del mundo, los que con tanta jactancia ponderáis los progresos que suponéis hacer, oídlo al infinitamente sabio, a la misma sabiduría, a la verdad infalible: Beatus es Simon Barjona: quia caro et sanguis non revelavit tibi, sed Pater meus qui in caelis est: bienaventurado eres, Simon, porque no son unos maestros falaces los que te han enseñado estas verdades, sino que te las ha inspirado el Sabio por esencia; no las aprendiste de las escuelas del mundo, sino en la doctrina del cielo.
Una fe humilde, viva y extraordinaria distinguió a San Pedro entre todos los apóstoles; esta le hace confesar la divinidad de su maestro; por ella se constituye piedra fundamental de la Iglesia, se depositan en sus manos las llaves del reino de los cielos, se le constituye pastor, no solo de las ovejas, sino también de los pastores del rebaño de Jesucristo; se le nombra cabeza de todos los fieles, sacerdotes y obispos; de tal suerte que ninguno es admitido en el reino de los cielos si Pedro no le franquea la entrada.
A vista de tan singulares distinciones con que el Señor honró a este Apóstol, no puede parecer extraño el esmero con que él procuró corresponder; no es extraño que se ofreciese gustoso a los perseguidores, que se presentase impávido ante los jueces, que llevara con una inimitable resignación los azotes, cárceles, la cruz... ¡La cruz!, si, Pedro muere defendiendo la fe, y cifra toda su gloria en morir en la cruz de donde aquella recibe toda su eficacia: muere por confesar la divinidad de su maestro, y tiene la mayor satisfacción en imitarle hasta en su muerte de cruz.
Hermanos míos, ¿Qué galardones no debemos esperar de la firmeza de nuestra fe? Bendigamos sin cesar al Señor que se ha dignado infundirla en nuestras almas desde la más tierna niñez; guardémosla como el más apreciable de todos los tesoros, y llevemos, a imitación de Pedro, todos los peligros, todos los tormentos, y hasta la muerte más cruel y afrentosa por conservarla. ¿Que importa todo cuanto el mundo pueda ofrecer al incrédulo, con las bendiciones que da el Señor a los verdaderos fieles? El sacrificio que hagamos de nuestra orgullos a razón en el tiempo, será premiado con la explicación más clara de los misterios, y con las delicias inefables de la eternidad.
Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no ha sido vana en mí.
Antíoco es el hombre más déspota, más cruel e inhumano que se menciona en los Libros santos. Fue un monstruo cuya fiereza jamás podrá describirse bien: llegó al frenesí de su impiedad hasta el extremo de mandar a sus soldados entrar en Jerusalén degollando a cuantos encontrasen, subir a las casas y no dejar a vida a cuantos hallasen en ellas, y cometer toda especie de excesos, horrores y tropelías.
Esta es la pintura que hace de Antíoco la Escritura santa: en ella tenemos un vivo retrato, una fiel copia del héroe por quien se mueven mis labios este día. San Pablo, el apóstol de las gentes, el terror del judaísmo, el exterminador de la idolatría, el maestro de los sabios, el libro de los siglos, el director de los santos y el oráculo del cielo es un furioso Antíoco en su proceder. No menos enemigo de los cristianos que Antíoco de los judíos, procura sofocar en su cuna la religión santa que acababa de nacer en Jerusalén.
Tan enfurecido como Antíoco corría hacia Damasco resuelto a degollar a cuantos cristianos pudiera encontrar. Pero usando Dios de su misericordia y no de su justicia, como con Antíoco, abate su orgullo hiriéndole no con llagas incurables, sino con una luz que no puede resistir; con la luz de la gracia, que obrando en él maravillosamente le convierte de un perseguidor acérrimo de los cristianos en su mayor defensor; esta gracia mudó a Pablo, le hizo ser lo que fue, como el mismo lo dice.
Divino Señor Sacramentado: ¿Quién sino vos pede convertir los Saulos soberbios, feroces e inhumanos, en Pablos humildes, pacíficos, dulces, humanos y caritativos? Vuestro amor inmenso llama desde ese sagrado tabernáculo a todos los que quieran saciarse y vivir de ese pan de ángeles, que da la vida al mundo y llena de gracias a los que las piden contritos y humillados según nos lo enseña nuestro grande apóstol. Nosotros, Señor, recurrimos en este día a vuestra bondad infinita, confiados en que a vuestro siervo concederéis la gracia de hablar dignamente del vaso de elección que escogió vuestra diestra omnipotente para cristianizar al mundo, y a mis oyentes la de escuchar con docilidad las palabras de vida eterna que me inspiréis para nuestra santificación y vuestra gloria. Otorgadnos esta doble gracia, y sea loado vuestro santo nombre, San Pablo engrandecido, y todos nosotros santificados en esta vida y glorificados en la eterna.