Dominica Decima Post Pentecosten.

Semiduplex

 

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Introitus Ps. 54, 17, 18, 20 et 23

Cum clamárem  ad Dóminum, exáudivit vocem meam, ab his, qui appropínquant mihi: et humiliávit eos qui est ante ssaécula, et manet in aeternum: jacta cogotátum tuum in Dómino, et ipse te enútriet. Ps ibid., 2. Exáudi, Deus, oratiónem meam, et ne despéxeris deprecatiónem meam: inténde mihi, et exáudi me. V. Glória Patri.

Introito

Cuando clamé al Señor, oyó mi voz, contra los que me acosan; y Aquel que existe antes de los siglos y que vive eternamente, los humilló. Pon en el señor tu pensamiento, y Él te sustentaré. * Oye, oh Dios, mi oración, y no desprecies mi súplica. Atiéndeme y escúchame. Gloria al Padre...

Oratio

 

Deus, qui omnipoténtiam tuam parcéndo máxime et miserándo maniféstas: multíplica super nos misericórdiam tuam; ut ad tua promíssa curréntes, caeléstium bonórum fácias esse consórtes. Per Dóminum.

Oración

Oh Dios, que manifiestas tu omnipotencia principalmente apiadándote y perdonando, multiplica sobre nosotros tu misericordia, para que, corriendo a tus promesas, nos hagas participantes de tus bienes celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Oratio

 

Acunctis nos, quaésumus, Dómine, mentis et córporis defénde perículis: et, intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genitríce María, cum beato Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo et ómnibus Sanctis, salútem nobis tríbue benígnus et pacem; ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, Ecclésia tua secúra tibi sérviat libertáte. (Per eúmdem Dóminum.)

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Oratio

Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruidos toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo...

Léctio Epístolae beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios

1 Cor. 12, 2-11

 

Fratres: Scitis quóniam cum géntes essétis, ad simulácra muta prout ducebámini eúntes. Ideo notum vobis fácio, quod nemo in Spíritu Dei loquens, dicit anáthema Jesu. Et nemo potest dícere, Dóminus Jesus, nisi in Spíritu Sancto. Divisiónes vero gratiárum sunt, idem autem Spíritus. Et divisiónes operatiónum sunt, idem autem Spíritus. Et divisiónes misnistratiónum sunt, idem autem Dóminus. Et divisiónes operatiónum sunt, ídem vero Deus, qui operátur ómnia in ómnibus. Unicuíque autem datur manifestátio Spíritus ad utilitátem. Alii quidem per Spíritum datur sermo sapiéntiae: álii autem sermo sciéntiae secúndum eúmdem Spíritum: álteri fides in eódem Spíritu: álii grátia sanitátum in uno Spíritu: álii grátia sanitátum in uno Spíritu: álii operátio virtútum, álii prophetía, álii discrétio spirítum, álii prophetía, álii génera linguárum, álii interpretátio sermónum. Haec autem ómnia operátur unus atque idem Spíritus, dívidens síngulis prout vuit.

Léctio Epístolae beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios

1 Cor. 12, 2-11

Hermanos: Bien sabéis que cuando érais paganos, ibais en pos de los ídolos mudos, según erais conducidos. Por tanto, os declaro que nadie que habla inspirado en Dios, maldice a Jesús. NI nadie puede confesar que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo. Hay, sí, diversidad de carismas; mas un solo Espíritu. Hay también diversidad de oficios, mas un solo Señor; hay diversidad de operaciones (espirituales), pero un solo Dios, que obra todo en todos. Mas los dones visibles del espíritu se dan a cada uno para utilidad común. Uno recibe del Espíritu hablar con sabiduría, otro hablar con ciencia: a éste don de fe; al otro gracia de curaciones; a quien el don de hacer milagros; a quien el don de profecía; a quien discreción de espíritus; a quien don de lenguas; a quien el de interpretación de palabras. Mas todas estas gracias las causa el mismo invisible Espíritu, repartiéndolos a cada uno según le place.

Graduale     Ps. 16, 8 et 2

Custódi me, Dómine,  ut pupíllam óculi: sub umbra alárum tuárum prótege me. V. De vultu tuo judícium meum pródeat: óculi tui vídeant aequitátem.

Allelúja, allelúja. V. Ps. 64, 2 Te decet hymnus, Deus, in Sion: et tibi reddétur votum in Jerúsalem. Allelúja.

Graduale     Ps. 16, 8 et 2

 

Guárdame, Señor, como a la niña de tus ojos; ampárame a la sombra de tus alas . Tu boca pronuncia mi sentencia; y vean tus ojos mi rectitud.

Aleluya, aleluya. Ps. 64, 2. A Ti son debidos, oh Dios, los himnos de Sión, y a Ti se ofrecerán votos en Jerusalén. Aleluya.

 

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam

Luc. 18, 9 – 14

In illo témpore: Dixit Jesus ad quosdam, qui in se confidébant tamquam justi, et aspernabántur céteros, parábolam istam: Duo hómines ascendérunt in templum ut orárent: unus pharisaeus,, et alter publicánus.Pharisaéus stans, haec apud se orábat: Deus, grátias ago tibi quia non sum sicut céteri hóminum: ráptores, injústi, adultéri: velut étiam hic publicánus. Jejúno bis in sábato: décimas do óminum, quae possídeo. Et publicánus a longe stans nolébat nec óculos ad caelum leváre: sed percutiébat pectus suum, dícens: Deus, propítius esto mihi peccatóri. Dico vobis: descéndit hic justificátus in domum suam ab illo: quia omnis qui se exáltat, humiliábitur: et qui se humíliat, exaltábitur. Credo.

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam

Luc. 18, 9 – 14

En aquel tiempo: Dijo Jesús a ciertos hombres que presumían de justos y despreciaban a los demás, esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: el uno fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba así en su interior: Oh Dios, gracias te doy de que no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces a la semana, pago los diezmos de cuanto poseo. Mas el publicano, puesto allá lejos, ni los ojos osaba levantar al cielo, antes golpeándose el pecho, decía: Dios mío, apiádate de mi, pecador. Os digo, que éste volvió a su casa justificado, y no el otro; porque todo el que se ensalza, será humillado, y el que se humilla será ensalzado. Credo.

Offertorium     Ps. 24, 1-3

Ad te, Dómine, levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam: neque irrídeant me inimíci mei: étenim univérsi, qui te exspéctant, non confundéntur.

Offertorium     Ps. 24, 1-3

 

A Ti, Señor, elevé mi espíritu; Dios mío, en Ti confío; no quede confundido; ni se burlen de mí mis enemigos; porque ninguno que espere en Ti quedará confundido.

Secreta

Tibi, Dómine, sacrifícia dicáta reddántur: quae sic ad honórem nóminis tui deferénda tribuísti, ut éadem remédia fíeri nostra praestáres. Per Dóminum.

Secreta

A Ti, Señor, sean dedicados los sacrificios que quisiste te fuesen ofrecidos de suerte que se convirtiesen en nuestro remedio. Por nuestro Señor Jesucristo.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Secreta

Exáudi nos, Deus salutáris noster: ut, per hujus sacraménti virtútem, a cunctis nos mentis et córporis hóstibus tueáris; grátiam tríbuens in praesénti, et glóriam in futuro. (Per Dóminum)

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Secreta

Óyenos, Dios, salvador nuestro: para que, por virtud de este Sacramento, nos defiendas de todos los enemigos de alma y cuerpo, dándonos ahora la gracia, y después la gloria. Por N.S.J.C.

Prefatio Ssma Trinitate

Vere dignum et justum est, aequum et salutáre, nos tibi semper, et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, aetérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus:non in uníus singularitáte persónae , sed in uníus Trinitáte substántiae. Quod enim de tua lória, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne verae sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur aequálitas. Quam  laudant Angeli atque Achángeli, Chérubim quoque ac Seraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce  dicéntes: Sanctus...

Prefatio Ssma Trinitate

Digno y justo es, en verdad, debido y saludable, que en todo tiempo y lugar te demos gracias Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, que con el Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios y un solo Señor, no en la unidad de una sola persona si no en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos indistintamente de tu Hijo y del Espíritu Santo; de suerte que, confesando una verdadera y eterna divinidad, adoramos las propiedades de las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y Serafines, que no cesan de cantar a una voz diciendo: Santo...

Communio     Ps. 50, 21

Acceptábis sacrifícium justítiae, oblationes, et holocáusta, super altáre tum, Dómine.

Communio     Ps. 50, 21

Aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas y los holocaustos, Señor, sobre tu altar.

Postcommunio

Quaésumus, Dómine Deus noster: ut, quos divínis reparáre non désinis sacraméntis, tuis non destítuas benígnus auxíliis. Per Dóminum.

Postcommunio

Rogámoste, Señor, Dios nuestro, que, Pues no cesas de confortarnos con tus divinos sacrificios, no nos prives, piadoso, de tus auxilios. Por nuestro Señor Jesucristo.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Postcommunio

 

Mundet et múniat nos, quáesumus, Dómine, divíni sacraménti munus oblátum: et intercedénte beáta Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis; a cunctis nos reddat et perversitátibus expeditos. Per eúmdem Dóminum.

 

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Postcommunio

Pedímoste, Señor, que la ofrenda del divino Sacramento nos purifique y defienda: y por intercesión de la Virgen Santa María Madre de Dios, de San José, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, nos deje limpios de toda maldad y libres de toda adversidad. Por el mismo Señor...

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DOMINICA X DESPUES DE PENTECOSTES

EN QUÉ CONSISTE EL VALOR DE LA ORACIÓN

 

 No sólo el orgullo que llena de amor desordenado a las grandezas y riquezas de este mundo, dificulta la unión del alma con Dios, sino también aquél que consiste en una vana complacencia en el propio valer y en el desprecio de los demás. Sobre ésta última verdad quiso Nuestro Señor llamar la atención del auditorio revelándole los pensamientos de un fariseo y de un publicano, que se encontraban juntos en el templo.

El Evangelio de la misa de este domingo pone ante nuestros ojos la página de la escritura que contiene este relato. Este Evangelio aparece unido con el de la dominica anterior por el hecho de que Jesús nos indica otro de los impedimentos de nuestra salvación, a saber, nuestra propia estima. Síguese de ello que nuestro propio abatimiento es útil para salvarse.

 

“En aquel tiempo” o sea a fines del tercer año de su vida pública, durante su postrer viaje a Jerusalén. De vez en cuando, el Señor se detenía en el camino a predicar. Un día, en que había predicado sobre la oración, echó de ver, sin duda, que entre sus oyentes, había algunos que estaban demasiado persuadidos de su valor personal. He aquí probablemente la razón por la cual Jesús dirigió ésta parábola: “a ciertos hombres, que presumían de justos y despreciaban a los demás”. Todo induce a creer que quiso dirigirse a cierta clase de orgullosos, que pueden encontrarse aún entre las personas que hacen alarde de piedad; éstas creen poseer todas las virtudes y toman pie de ello, para engreírse y despreciar a los otros, sobre todo si en ellos echan de menos ciertas cualidades exteriores que ven resplandecer en sí mismas. Para describirlas al vivo, el divino Maestro se sirve de la persona de un fariseo, y, para que sobresalgan más extravíos, opone a este fariseo la persona de un publicano. Dice, pues: “Dos hombres subieron al templo a orar: el uno era fariseo , y el oto publicano”. El fariseo era un hombre que concedía la mayor importancia a las prácticas exteriores de la Ley, que se consideraba justo porque las observaba minuciosamente, y, sobre todo, tenía un gran horror a los publicanos. Estos eran, por lo regular, personas de condición inferior, empleadas en la recaudación de los tributos.

El Señor quiere darnos a conocer los pensamientos y los sentimientos íntimos de estos dos hombres para decirnos enseguida cual era su valer respectivo a los ojos de Dios; porque lo que nos distingue ante él no son, en alguna manera, las cualidades exteriores, con las cuales aparecemos delante de los hombres, sino nuestras disposiciones interiores. Prosigue Jesús: “El fariseo, puesto en pie oraba en su interior de ésta manera: ¡Oh Dios!, yo te doy las gracias de que no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como éste publicano: ayuno dos veces a la semana, pago los diezmos de todo lo que poseo”. ¿Quién no ve que, en su pretendida oración, este fariseo insulta a Dios? En efecto en alguna manera, se sienta sobre su trono, y se constituye a sí mismo juez soberano de los hombres. Los declara culpables de los mayores crímenes. En cuanto a sí, es el único que está exento de esta malicia general. He aquí porqué puede elevarse por encima de todos y, de un modo especial por encima de éste publicano malo, a quien ha visto en el fondo del templo. Para ensalzarse más, enumera sus buenas obras.

 

Muy diferente el proceder del publicano. Jesús lo describe así: “El publicano, al contrario, puesto allá lejos, ni aún los ojos osaba levantar al cielo, sino que se daba golpes de pecho, diciendo: Dios mío, ten misericordia de mí, que soy un pecador”. El fariseo, persuadido de su dignidad personal, se había adelantado atrevidamente en el templo, para atraer sobre sí las miradas de todos los que se encontraban allí y ser el objeto de su admiración. El publicano apenas había atravesado el umbral de la casa de dios, y ya se había detenido, sin atreverse a avanzar; hasta tal punto estaba penetrado de la grandeza de aquel que estaba allí presente y de su propia nada. El fariseo se había constituido en juez de los demás, y, después de haberlos condenado, se había alabado a sí mismo por sus buenas obras. El publicano, con los ojos bajos, recogido dentro de sí mismo, al ver todo cuanto había de desordenado y manchado en su corazón, se sentía poseído de un saludable espanto. Golpeaba su pecho y manifestaba así sus sentimientos interiores. Se confesaba culpable delante de Dios y de los hombres, y les rogaba humildemente que le fuesen propicios.

 

Jesús termina este relato dando a conocer el resultado de la conducta de estos hombres. “Os aseguro, pues, que éste publicano, volvió a su casa justificado, más no el otro”. El fariseo continuó bajo el peso de sus pecados, mientras que el publicano se vio libre de todas sus iniquidades; el fariseo se hizo digno de ser abatido por Dios; el publicano de ser ensalzado por él; porque “todo el que se ensalza, será humillado y el que se humilla será ensalzado”. Tal es la regla de conducta de Dios con respecto a los hombres. Decía San Agustín a su pueblo: “Hermanos míos, considerad este gran milagro: Dios está por encima de vosotros: os eleváis, y se aleja de vosotros; os abajáis, y desciende hasta vosotros”.

 

Quiera Dios que el Evangelio de la misa de hoy nos persuada de la necesidad que tenemos de reconocer nuestra bajeza, si queremos que Dios se abaje hasta nosotros, para elevarnos hacia sí. Debemos evitar toda vana complacencia en nosotros mismos, y nunca hemos de colocarnos sobre un pedestal formado de nuestras pretendidas virtudes, para juzgar desde él a los demás y cubrirlos de desprecios.

Tengamos muy presente que, desde que el hombre fue debilitado por el pecado original, se inclina sin cesar hacia lo malo, y las manchas del pecado se adhieren a su corazón. Confesemos, pues, humildemente nuestras faltas; no nos engriamos; humillémonos, reconozcamos lo que, en nosotros, es obra de Dios y lo que es obra nuestra. Entonces Dios levantará sobre su obra un edificio espiritual que le glorificará y será un día colocado en el reino de los cielos.

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