Dominica Decima Sexta Post Pentecosten.

Semiduplex

 

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Introitus Ps. 85, 3 et 5

Miserére mihi, Dómine, quóniam ad te clamávi tota die: quia tu, Dómine, suávis ac mitis es, et copiósus in misericórdia ómnibus invocántibus te. Ps. Ibid., 1 Inclína, Dómine, aurem tuam mihi, et exáudi me: quóniam inops, et pauper sum ego. V. Glória Patri.

Introito Ps. 85, 3 et 5

Señor, apiádate de mí porque no ceso de clamar a Ti todo el día, siendo Tú, Señor, suave y benigno, y rico en clemencia para cuantos te invocan. * Inclina, Señor, tus oídos a mis ruegos, y óyeme porque soy desvalido y pobre. Gloria al Padre...

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Tua nos, quaésumus, Dómine, grátia semper et praevéniat et sequátur: ac bonis opéribus júgiter praestet esse intentos. Per Dóminum.

Colecta

Tu gracia, Señor, nos preceda siempre y acompañe, y nos haga constantemente prontos para la práctica de buenas obras. Por Nuestro Señor Jesucristo.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

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Acunctis nos, quaésumus, Dómine, mentis et córporis defénde perículis: et, intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genitríce María, cum beato Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo et ómnibus Sanctis, salútem nobis tríbue benígnus et pacem; ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, Ecclésia tua secúra tibi sérviat libertáte. (Per eúmdem Dóminum.)

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Colecta

 

Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruidos toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo...

Léctio Epistolae béati Pauli Apóstoli ad Ephésios

Ephes. 3, 13-21

Fratres: Obsecro vos, ne deficiátis in tribulatiónibus meis pro vobis: quae est glória vestra. Hujus rei grátia flecto génua mea ad Patrem Dómini nostri Jesu Christi, ex quo omnis paternitas in caléis et in terra nominátur, ut det vobis secúndum divítias glóriae suae, virtúte corroborári per Spíritum ejus in interiórem hóminem, Christum habitáre per fidem in córdibus vestris: in caritáte radicáti, et fundáti, ut possítis comprenderé cum ómnibus sanctis, quae sit latitúdo, et longitúdo, et sublímitas, et profúndum: scire étiam superrminéntem sciéntiae caritátem Christi, ut impleámini in omnem plenitúdem Dei. Ei autem, qui potens est ómnia fácere superabundánter quam pétimus, aut intellígimus, secúndum virtútem quae operátur in nobis: ipsi glória in Ecclésia, et in Christo Jesu, in omnes generatiónes saéculi saeculórum. Amen.

Léctio Epistolae béati Pauli Apóstoli ad Ephésios

Ephes. 3, 13-21

Hermanos: Os ruego que no desmayéis por mis tribulaciones que sufro por vosotros; ellas son vuestra gloria. Por eso doblo las rodillas ante el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que es la cabeza de toda esta gran familia que hay en los cielos y tierra; para que según sus riquezas, os fortalezca con la virtud del Espíritu en el hombre interior; que Cristo more en la fe por vuestros corazones, arraigados y cimentados en caridad, para que podáis comprender, con todos los santos, cuál sea la anchura y longura, la alteza y profundidad del misterio de Cristo, y conocer también el amor de Cristo que sobrepuja a toda ciencia para que seáis colmados de todos los dones de Dios. Al que es poderoso para hacer más de cuanto pedimos, o entendemos según el poder que obra en nosotros: a Él sea la gloria, en la Iglesia y en Cristo Jesús por las generaciones de todos los siglos. Amén.

Graduale        Ps.  101, 16-17

Timébunt gentes nomen tuum, Dómine, et omnes reges térrea glóriam tuam. V Quóniam aedificávit Dóminus Sion, et vidébitur in majestáte sua. Allelúja, allelúja. V. Ps. 97, 1 Cantáte Dómino cánticum novum: quia mirabília fecit Dóminus. Allelúja.

Graduale        Ps.  101, 16-17

Las naciones temerán tu nombre, Señor, y los reyes de la tierra tu gloria. Porque el Señor edificará Sión, y se dejará ver en su majestad. Aleluya, aleluya. Cantad al Señor un cántico nuevo: porque el Señor obró maravillas. Aleluya.

Sequentia sancti Evangélii secúndum Lucam

Luc. 14, 1-11

 

In illo témpore: Cum intráret Jesus in domum cujúsdam príncipis pharisaeórum sábbato manducáre panem, et ipsi observábant eum. Et ecce homo quidam hydrópicus erat ante illum. Et respóndens Jesus dixit ad legisperítos et pharisaéos, dicens: Si licet sábbato curáre? At illi tacuérunt. Ipse vero apprehénsum sanávit eum, ac dimísit. Et respóndens ad illos, dixit: Cujus vestrum ásinus, aut bos in púteum cadet, et non continuo éxtrahet illum die sábbati? Et non póterant ad haec respóndere illi. Dicébat autem et ad invitátos parábolam, inténdens quómodo primos accúbitus elígerent, dicens ad illos: Cum invitátus fúeris ad núptias, non discúmbas in primo loco, ne forte honorátior te sit invitátus ab illo, et véniens is, qui te, et illum vocábit, dicat tibi: Da huic locum-. Et tunc incípias cum rubóre novíssimum locum tenére. Sed cum vocátus fúeris, vade, recúmbe in novíssimo loco: ut, cum vénerit qui te invitávit, dicta tibi: Amíce, ascénde supérius. Tunc erit tibi glória coram simul discumbéntibus: quia omnis, qui se exáltat humiliabitur: et qui se humíliat, exaltábitur. Credo.

Sequentia sancti Evangélii secúndum Lucam

Luc. 14, 1-11

 

En aquel tiempo: Entró Jesús en casa de un principal fariseo a comer, en sábado, y le estaban asechando los judíos. Púsose ante Él un hidrópico. Y Jesús, vuelto a los doctores de la Ley y los fariseos, les preguntó: ¿Es lícito curar en sábado? Ellos callaron. Y Jesús, tocando al hidrópico, le curó y le despidió. Dirigiéndose a ellos les dijo: ¿Quién de vosotros si su asno o su buey cae en un pozo no le saca luego, en día sábado? Y a esto no sabían contestar. Notando entonces que los convidados elegían los primeros puestos, les propuso una parábola: Cuando fueres convidado a bodas no ocupes el primer puesto, porque no haya quizá otro convidado de más distinción que tú, y viniendo el que os convidó a entrambos, te diga: Haz lugar a éste; y entonces con sonrojo tendrás que ocupar el último lugar. Mas cuando fueres convidado, siéntate en el último puesto, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Y esto te honrará ante los demás convidados. Porque todo el que se ensalza, será humillado, y quien se humilla será ensalzado. Credo.

Offertorium    Ps. 39, 14 et 15

Dómine, in auxilium meum réspice: confundántur et revereántur, qui quaerunt ánimam meam, ut áuferant eam: Dómine, in auxílium meum réspice.

Offertorium    Ps. 39, 14 et 15

Señor, vuelve a mí los ojos para socorrerme; queden confusos y avergonzados cuantos buscan quitarme la vida. Señor, vuelve a mí los ojos para socorrerme.

Secreta

Munda nos, quaésumus, Dómine, sacrifícii praeséntis efféctu: et pérfice miserátus in nobis: ut ejus mereámur esse partícipes. Per Dóminum

Secreta

Purifícanos, te rogamos, Señor, con el efecto del presente sacrificio, y, apiadado de nosotros, haz que merezcamos, participar de él. Por N.S.J.C.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Secreta

Exáudi nos, Deus salutáris noster: ut, per hujus sacraménti virtútem, a cunctis nos mentis et córporis hóstibus tueáris; grátiam tríbuens in praesénti, et glóriam in futuro. (Per Dóminum)

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Secreta

 

Óyenos, Dios, salvador nuestro: para que, por virtud de este Sacramento, nos defiendas de todos los enemigos de alma y cuerpo, dándonos ahora la gracia, y después la gloria. Por N.S.J.C.

Praefatio de Ssma. Trinitate

Vere dignum et justum est, aequum et salutáre, nos tibi semper, et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, aetérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus:non in uníus singularitáte persónae , sed in uníus Trinitáte substántiae. Quod enim de tua lória, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne verae sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur aequálitas. Quam  laudant Angeli atque Achángeli, Chérubim quoque ac Seraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce  dicéntes: Sanctus...

Praefatio de Ssma. Trinitate

Digno y justo es, en verdad, debido y saludable, que en todo tiempo y lugar te demos gracias Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, que con el Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios y un solo Señor, no en la unidad de una sola persona si no en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos indistintamente de tu Hijo y del Espíritu Santo; de suerte que, confesando una verdadera y eterna divinidad, adoramos las propiedades de las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y Serafines, que no cesan de cantar a una voz diciendo: Santo...

Communio        Ps. 70, 16-17 et 18

Dómine, memorábor justítiae tuae solíus: Deus, docuísti me in juventúte mea: et usque in senéctam et sénium, Deus, ne derelínquas me.

Communio        Ps. 70, 16-17 et 18

Sola tu justicia, Señor, publicaré; oh Dios, me adoctrinaste desde mi juventud; en la vejez y decrepitud no me desampares.

Postcommunio

 

Purifica, quaésumus, Dómine, mentes nostras benígnus, et rénova caeléstibus sacraméntis: ut consequénter et córporum praesens páriter, et futúrum capiámus auxilium. Per Dóminum.

Postcommunio

 

Purifica benignamente, te rogamos, Señor, nuestras almas y renuévalas con los celestiales sacramentos, para lograr a la vez el auxilio temporal y futuro. Por N.S.J.C.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Postcommunio

 

Mundet et múniat nos, quáesumus, Dómine, divíni sacraménti munus oblátum: et intercedénte beáta Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis; a cunctis nos reddat et perversitátibus expeditos. Per eúmdem Dóminum.

 

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Postcommunio

Pedímoste, Señor, que la ofrenda del divino Sacramento nos purifique y defienda: y por intercesión de la Virgen Santa María Madre de Dios, de San José, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, nos deje limpios de toda maldad y libres de toda adversidad. Por el mismo Señor...

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DOMINICA XVI DESPUES DE PENTECOSTES

 

LA SANTIFICACION DE LA FIESTA

 

Era el tercer año del ministerio público de Jesucristo. Un fariseo notable, “un jefe”, dice San Lucas, había invitado al Maestro a su mesa. Esto ocurría en sábado, es decir el día del descanso, que los cristianos reemplazaron por el domingo. Los judíos gustaban de celebrar la solemnidad el sábado con comidas más espléndidas, a las cuales convidaban a sus amigos y a personas de calidad.

Un fariseo principal convidó a Jesús a “comer el pan” es decir a comer con él y con sus invitados. Aparentemente lo hizo para honrarle, pero, en realidad para tenderle una red.

La ocasión se presentó inmediatamente. Era costumbre en Palestina el permitir que las personas extrañas entrasen en la sala durante la comida. Los usos orientales se acomodan muy bien a estas libertades. Recordemos que María Magdalena entró en la casa de un fariseo, para arrojarse arrepentida a los pies de Jesús.

Aquel día, un hombre hidrópico se acercó al divino Maestro: “se puso delante de él”, dice el evangelista. Jesús le ve, y quiere curarle. Pero es sábado, y los fariseos, fieles a sus tradiciones humanas, dicen que en este día de descanso no se puede trabajar, y, por consiguiente, no se puede curar a un enfermo. El Salvador, atento únicamente a los impulsos de su corazón, va a demostrarles que la ley de la caridad, que procede de Dios, está por encima de su interpretación, que es cosa de los hombres. Los fariseos matan el espíritu, al observar tan solo la letra.

Pero antes de obrar, quiere Jesús asegurarse de que su lección será provechosa. Pregunta, pues, a los fariseos y a los doctores de la ley que estaban presentes: “¿Es lícito curar en  día de sábado?” ¿Qué responderán éstos? Si dicen que sí, se condenan a sí mismos; si dicen que no, saben que Jesús les confundirá con su respuesta. Prudentemente, “se callaron”, dice el evangelio.

Entonces el Maestro, habiendo tocado al hidrópico, le curó y despachóle.

Los convidados no dicen palabra, pero interiormente censuran al Salvador. Para ellos, ¡qué aberración!, este milagro de Dios es un trabajo que infringe la ley del sábado. Entonces descubre Jesús sus más ocultos pensamientos,  y dirigiéndose a estos doctores de la ley y a estos fariseos, que comen con él, les dice: ¿Qué haréis, si, en día de sábado, cae en un pozo vuestro asno o vuestro buey? Es indudable que os apresuraréis a sacarlo de allí, aunque sea día de descanso. ¿Por qué, pues, no ha de serme lícito sacar a un pobre enfermo de la dolencia en que yace, so pretexto de que es el día del Señor? Si vosotros en este día no consentís la pérdida de un animal, ¿por qué no habéis de consentir la curación de un hombre?

El argumento no tenía réplica, y todos los ilustres convidados entendieron bien que sus razonamientos carecían de lógica. Por lo mismo, no abrieron la boca para responder, dice san Lucas.

La  lección práctica que hemos de sacar de esta primera parte del evangelio es que nuestra observancia de domingo no ha de consistir en pequeñas minucias ni en un formulismo farisaico. Muchos van a misa de cualquiera manera, y a esto se reduce todo. Se olvidan de que el espíritu de oración, lo mismo que el espíritu de caridad, ha de animarnos, más que en los otros días, durante el domingo. Los cristianos, en su mayoría, creen que después de haber cumplido, con frecuencia por pura fórmula, el precepto de oír misa, han de pasar el domingo divirtiéndose, y absteniéndose escrupulosamente de las obras de caridad, porque el trabajo que exigen les parece contrario al descanso dominical.

Pero Jesús no se contenta con esta lección negativa. Conocedor del orgullo de los fariseos, se aprovecha de un incidente, para enseñarles una vez más las ventajas de la humildad. El orgullo espiritual es una enfermedad mucho más grave que la hidropesía y el divino médico quiere también curarla en este día de sábado. Emplea, para esto, según su costumbre, una parábola, basada en lo que acababa de presenciar.

Los judíos eran muy inclinados a ocupar los mejores sitios en los convites. Parece que estaban ya todos ocupados, cuando llegó un fariseo muy principal. Entonces fue menester pedir a uno de los convidados indiscretos que cediese el primer lugar y que fuese a ocupar el último, lo cual hizo, no sin sentir una gran confusión.

Ahora bien, en el reino de Dios, dice Nuestro Señor, ocurre lo mismo. Los primeros serán los postreros, es decir los que en este mundo buscan bien parecer y se ensoberbecen serán necesariamente humillados, porque la virtud es la única que decidirá acerca de nuestro lugar en el cielo, y, sin humildad, no hay virtud posible. No son, pues, los lugares que ocupemos en este mundo los que decidirán de los que ocuparemos en el cielo; el que en su cargo se mantuviese más humilde, es decir virtuoso en lo más íntimo de su corazón, recibirá de Dios un lugar más encumbrado en las bodas de su hijo con la Iglesia su esposa, por toda la eternidad. “Cuanto fueres más grande, tanto más debes humillarte en todas las cosas, y hallarás gracia en el acatamiento de Dios”, porque dice Jesús, en el evangelio de hoy:

“El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.

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