Dominica Duodecima Post Pentecosten.
Semiduplex
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Deus, in adjutórium meum inténde: Dómine, ad adjuvándum me festína: confundántur et revereántur inimíci mei, qui quaerunt ánimam meam. Ps. ibid., 4 Avetántur retrórsum, et erubéscant: qui cógitant mihi mala. V. Glória. |
Introito Oh Dios, ven en mi ayuda; apresúrate, Señor, a socorrerme; queden confusos y avergonzados mis enemigos que buscan mi muerte. * Arrédrense y confúndanse los que urden mi ruina. Gloria al Padre... |
ColectaOmnípotens et miséricors Deus, de cujus múnere venit, ut tibi a fidélibus tuis digne et laudabíliter serviátur: tríbue, quaésumus, nobis; ut ad promissiónes tuas sine offensióne currámus. Per Dóminum. |
Colecta
Dios omnipotente y misericordioso, de cuya bondad procede seas digna y laudablemente servido por tus fieles, haz, te rogamos, corramos sin tropiezo a tus promesas. Por N.S.J.C.
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2a ad poscenda suffragia Sanctorum Colecta Acunctis nos, quaésumus, Dómine, mentis et córporis defénde perículis: et, intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genitríce María, cum beato Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo et ómnibus Sanctis, salútem nobis tríbue benígnus et pacem; ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, Ecclésia tua secúra tibi sérviat libertáte. (Per eúmdem Dóminum.) |
2a ad poscenda suffragia Sanctorum Colecta Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruidos toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo.. |
Léctio Epístolae beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios2 Cor. 3, 4-9 Fratres: Fidúciam talem habémus per Christum ad Deum: non quod sufficiéntes simus cogitáre áliquid a nobis, quasi ex nobis: sed sufficiéntia nostra ex Deo est: qui et idóneos nos fecit minístros novi testaménti: non líttera, sed spíritu: líttera enim occídit, spíritus autem vivíficat. Quod si ministrátio mortis, lítteris deformáta in lapídibus, fuit in glória; ita ut non possent inténdere fílii Israël in fáciem Móysi, propter glóriam vultus ejus, quae evacuátur: quómodo non magis ministrátio damnatiónis glória est: multo magis abundant ministérium justítiae in glória. |
Léctio Epístolae beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios2 Cor. 3, 4-9 Hermanos: Tal confianza tenemos en Dios por Cristo, no que seamos suficientes por nosotros mismos para tener un buen pensamiento, mas nuestra suficiencia viene de Dios, el cual nos ha hecho idóneos ministros del Nuevo Testamento, no por la letra, sino por el espíritu; porque la letra sola mata, mas el espíritu vivifica. Que si el ministerio de aquella ley de muerte grabada con letras sobre piedras, fue tan glorioso que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el rostro de Moisés, por el resplandor de su cara, aunque fugaz, ¿cómo no será más glorioso el ministerio del espíritu? Porque si el servir a la muerte fue con tanta gloria, mucho más glorioso será servir a la santificación. |
Sequéntia sancti Evangélii secúndum LucamLuc. 10, 23-37 In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Beáti oculi, qui vident quae vos vidétis. Dico enim vobis quod multi prophétae et reges voluérunt vidére quae vos vidétis et non vidérunt: et audíre quae audítis, et non audiérunt. Et ecce quidam legisperitus surrexit, tentans illum, et dicens: Magíster, quid faciéndo vitam aetérnam possidébo? At ille dixit ad eum: In lege quid scriptum est? quómodo legis? Ille respóndens, dixit: Díliges Dóminum Deum tuum ex toto corde tuo, et ex tota anima tua, et ex ómnibus vírimus tuis, et ex omni mente tua: et próximum tuum sicut teípsum. Dixitque illi: Recte respondísti: hoc fac, et vives. Ille autem volens justificáre seípsum, dixit ad Jesum: Et quis est meus próximus? Suscípiens autem Jesus, dixit: Homo quidam descendébat ab Jerúsalem in Jéricho, et íncidit in latrónes, qui étiam despoliavérunt eum: et plagis impósitis abiérunt, semívivo relícto. Accidit autem, ut sacérdos quidam descenderte eádem via: et viso illo praeterívit. Simíliter et levíta, cum esset secus locum, et vidéret eum, pertránsiit. Samaritánus autem quídam iter fáciens, venit secus eum: et videns eum, misericórdia motus est. Et apprópians, alligávit vúlnera ejus, infúndens óleum et vinum: et impónens illum in juméntum suum, duxit in stábulum, et curam ejus egit. Et áltera die prótulit duos denários, et dedit stabulário, et ait: Curam illíus habe: et quodcúmque supererogáveris, ego cum redíero, reddam tibi. Quis horum trium vidétur tibi próximus fuisse illi, qui incidit in latrónes? At ille dixit: Qui fecit misericórdiam in illum. Et ait illi Jesus: Vade, et tu fac simíliter. Credo. |
Sequéntia sancti Evangélii secúndum LucamLuc. 10, 23-37
En aquél tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis. Pues os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. Levantóse entonces un doctor de la Ley, y díjole para tentarle: Maestro, ¿qué haré yo para conseguir la vida eterna? Díjole Jesús: ¿Qué es lo que está escrito en la Ley? ¿Cómo lees? Respondió él: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo. Díjole Jesús: Bien has respondido. Haz eso y vivirás. Más él, queriendo justificarse, pregunto a Jesús: Y ¿quién es mi prójimo? Jesús, tomando la palabra, dijo: Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, que lo despojaron y después de herirle, se fueron dejándolo medio muerto. Bajaron casualmente por el mismo camino un sacerdote; le miró y pasó de largo. Igualmente un levita, y aunque pasó junto a él, le miró y tiró adelante. Mas un pasajero samaritano llegóse a él, y viéndole, compadecióse, y acercándose, vendo sus heridas, echando aceite y vino, y subiéndole en su jumento, le llevó al mesón, y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, y dióselos al mesonero, diciéndole: Cuídale; y cuanto gastares de más, ya te lo abonaré en mi vuelta. ¿Quién de estos tres te parece haber sido el prójimo del que cayó en manos de ladrones? El que usó con él de misericordia, repuso el doctor. Pues ve, díjole Jesús; y haz tú lo mismo. Credo. |
Offertorium Exodi 32, 11, 13 et 14Precátus est Móyses in conspectus Dómini Dei sui, et dixit: Quare, Dómine, irásceris in pópulo tuo? Parce irae ánimae tuae: memento Abraham, Issac, et Jacob, quibus jurasti dare terram fluéntem lac et mel. Et placates factus est Dóminus de malignitáte, quam dixit fácere pópulo suo. |
Offertorium Exodi 32, 11, 13 et 14Moisés oró al Señor su Dios, diciendo: ¿Por qué, Señor, te enojas contra tu pueblo? Apláquese tu ira; acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus siervos, a los cuales juraste que les darías la tierra que mana leche y miel. Y se aplacó el Señor, y no ejecutó contra su pueblo el castigo que había dicho. |
SecretaHóstias, quáesumus, Dómine, propítius inténde, quas sacris altáribus exhibémus: ut nobis indulgéntiam largiéndo, tuo nómini dent honórem. Per eúmdem Dóminum.
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SecretaMira propicio, te rogamos, Señor, las ofrendas que presentamos a tu altar, para que, obteniéndonos el perdón, glorifiquen tu nombre. Por N.S.J.C. |
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2a ad poscenda suffragia Sanctorum Secreta Exáudi nos, Deus salutáris noster: ut, per hujus sacraménti virtútem, a cunctis nos mentis et córporis hóstibus tueáris; grátiam tríbuens in praesénti, et glóriam in futuro. (Per Dóminum) |
2a ad poscenda suffragia Sanctorum Secreta Óyenos, Dios, salvador nuestro: para que, por virtud de este Sacramento, nos defiendas de todos los enemigos de alma y cuerpo, dándonos ahora la gracia, y después la gloria. Por N.S.J.C. |
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Prefatio Ssma Trinitate Vere dignum et justum est, aequum et salutáre, nos tibi semper, et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, aetérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus:non in uníus singularitáte persónae , sed in uníus Trinitáte substántiae. Quod enim de tua lória, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne verae sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur aequálitas. Quam laudant Angeli atque Achángeli, Chérubim quoque ac Seraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes: Sanctus... |
Prefatio Ssma Trinitate Digno y justo es, en verdad, debido y saludable, que en todo tiempo y lugar te demos gracias Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, que con el Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios y un solo Señor, no en la unidad de una sola persona si no en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos indistintamente de tu Hijo y del Espíritu Santo; de suerte que, confesando una verdadera y eterna divinidad, adoramos las propiedades de las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y Serafines, que no cesan de cantar a una voz diciendo: Santo... |
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Communio Ps. 103, 13 et 14-15 De fructu óperum tuórum, Dómine, satiábitur terra; ut educas panem de terra, et vinum laetíficet cor hóminis: ut exhílater fáciem in óleo, et panis cor hóminis confírmet. |
Communio Ps. 103, 13 et 14-15 La tierra se fertiliza del fruto de tus lluvias, Señor; de la tierra sacas pan, y vino que alegra el corazón del hombre; el aceite que hermosea su rostro, y pan que vigoriza su corazón. |
PostcommunioVivíficet nos, quáesumus, Dómine, hujus participátio sancta mysterii: et páriter nobis expiatiónem tribuat, et munímen. Per eúmdem Dóminum. |
PostcommunioLa participación santa de este misterio te rogamos, Señor, nos vivifique y nos sirva a la vez de expiación y defensa. Por nuestro Señor Jesucristo. |
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2a ad poscenda suffragia Sanctorum Postcommunio
Mundet et múniat nos, quáesumus, Dómine, divíni sacraménti munus oblátum: et intercedénte beáta Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis; a cunctis nos reddat et perversitátibus expeditos. Per eúmdem Dóminum.
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2a ad poscenda suffragia Sanctorum Postcommunio Pedímoste, Señor, que la ofrenda del divino Sacramento nos purifique y defienda: y por intercesión de la Virgen Santa María Madre de Dios, de San José, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, nos deje limpios de toda maldad y libres de toda adversidad. Por el mismo Señor... |
DOMINICA XII DESPUES DE PENTECOSTES
CÓMO HEMOS DE
PRACTICAR EL AMOR AL PRÓJIMO
En la dominica anterior, el evangelio nos refería la curación de un sordomudo. En esta curación podemos ver la elevación del hombre a un estado sobrenatural, por medio de la fe, que entra en nosotros por el oído. Es lo que nos dice el apóstol San Pablo en su Epístola a los Romanos: “Así qua la fe proviene del oír, y el oír depende de la predicación de la palabra de Cristo”. Hoy nos indica al manera más perfecta de traducirse esta fe en nuestras obras por la práctica de la caridad en su doble objeto: Dios y el prójimo. Existe pues, una cierta trabazón entre estos Evangelios.
“En aquel tiempo”, es decir durante el tercer año de su vida pública, Jesús había ido a Jerusalén con ocasión de la fiesta de los Tabernáculos, que se celebraba a comienzos de otoño. Mientras todavía moraba por los alrededores de la ciudad santa, si bien había ya confiado el ministerio de la predicación del reino de Dios y el de la curación de las enfermedades a los apóstoles, el Señor eligió otros setenta y dos discípulos, a los cuales envió delante de él, de dos en dos, por todas las ciudades y lugares, donde había de venir él mismo. Regresaron los setenta y dos discípulos llenos de gozo, diciendo: Señor, hasta los demonios mismos se sujetaban a nosotros, por la virtud de tu nombre. Estaban llenos de admiración delante del Señor, en quien reconocían el Mesías prometido a Israel. En aquel momento, se recogió dentro de sí mismo, y dió gracias al Padre celestial, por haberles revelado su divinidad; después, vuelto a sus discípulos. Les dijo: “Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros véis. Pues os aseguro que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros véis, y no lo vieron; como también oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron”. El Señor los proclama dichosos, no solo porque les ha sido dado contemplar su humanidad con los ojos de su cuerpo, sino todavía más su divinidad con los ojos del alma. ¿Quiénes son los profetas y los reyes que desearon ardientemente gozar de esta dicha, y no pudieron ver colmados sus deseos en este mundo? Son los profetas del Antiguo Testamento, que predijeron su venida, y aquellos reyes, de cuya raza había de nacer, según la promesa que se les había hecho.
“Levantóse entonces un doctor de la ley, y díjole con el fin de tentarle: Maestro, ¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna?”
Como que Jesús acababa de declarar que era el Mesías, un doctor de la ley, que estaba sentado entre los que rodeaban al Señor, juzgó el momento oportuno para tender al que se decía Mesías una red, en la cual esperaba verle caer. Levantóse, pues, y preguntóle que había de hacer para conseguir la vida eterna. Aguardaba una respuesta contraria a la ley, de la cual poderse servir para hacer comprender a todos los asistentes que el verdadero Mesías no se hubiera expresado así, y que, por consiguiente, se habían dejado engañar por un impostor.
“Díjole Jesús: ¿Qué es lo que se haya escrito en la ley? ¿Que es lo que en ella lees? Respondióle él: Amarás al Señor Dios tuyo de todo tu corazón, y con toda tu alma y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y al prójimo como a ti mismo”. Este doctor de la ley conocía perfectamente la respuesta a la pregunta que acababa de hacer al divino Maestro. En efecto, una felicidad sin fin, una vida eterna es la promesa hecha a los que cumplen la ley divina contenida en la Escritura, ley que se resume en el amor a Dios, y al prójimo y en la medida expresada por los términos que acabamos de citar. Su respuesta mereció una aprobación pública. “Díjole Jesús: Bien has respondido; haz esto y vivirás”, es decir poseerás la vida eterna.
Es de creer que en aquel momento las miradas de los asistentes se dirigieron hacia el doctor, y que todos reprendieron su conducta. ¿Acaso no se había atrevido a hacer al divino Maestro una pregunta, cuya respuesta conocía perfectamente bien?¿No había dudado de la ciencia del Salvador, creyéndose más sabio que él? Su orgullo y sus sentimientos hostiles al Señor quedaban al descubierto. “Mas él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?” Quiso destruir, con esta nueva pregunta, la mala impresión de la primera, justificándose, es decir demostrando que no la había hecho por orgullo, sino movido tan solo del deseo de instruirse; porque nadie ignoraba que los doctores de la ley no andaban acordes acerca del significado de la palabra prójimo, por la cual se designan las personas con las cuales hay que cumplir deberes de caridad. Según unos, el prójimo era la persona con la cual se estaba ligado con vínculos de amistad; según otros, aquella con la cual existían vínculos de religión o de nacionalidad. Parar darles a entender bien el significado de éste término, “Jesús, tomando la palabra, dijo, bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, que le despojaron del todo, le cubrieron las heridas, y se fueron, dejándolo medio muero. Bajaba casualmente por el mismo camino un sacerdote y, aunque le vió pasó de largo, Igualmente un levita, a pesar de que se halló vecino al sitio, y le miró, tiró adelante. Pero un pasajero, de nación samaritano, llegóse donde estaba, y viéndole, moviose a compasión. Y arrimándose, vendó sus heridas, bañándolas con aceite y vino, y, subiéndole en su cabalgadura, le condujo al mesón, y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios, y dióselos al mesonero, diciéndole: Cuídame este hombre, y todo lo que gastase de más, yo te lo abonaré a mi vuelta. ¿Quién de éstos tres te parece haber sido el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?” Es decir ¿Se consideró como prójimo de éste herido, y, por consiguiente, como obligado a socorrerle? “Aquel, respondió el doctor, que usó con él de misericordia”. Por esta respuesta, afirmó que, según él, se había de considerar como prójimo todo hombre que se encontrase en necesidad, sin distinción de religión o de nacionalidad, y condenó, al mismo tiempo, la conducta del sacerdote y del levita. El Señor aprobó ésta respuesta, y le exhortó a portarse en adelante , en todo momento, como el Buen Samaritano. “Pues anda, díjole Jesús, y haz tú otro tanto”.
El evangelio de la misa de éste domingo es una de las más hermosas y de las más conmovedoras páginas de la Escritura. Nos enseña que, para poseer un día la vida eterna, debemos, en este mundo, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, y nos enseña, al mismo tiempo, quien es éste prójimo a quien debemos socorrer en sus necesidades corporales y, con mayor razón, en sus necesidades espirituales. Es todo hombre dotado de la misma naturaleza que nosotros, sin distinción de religión o de nacionalidad.
¡Ah! La noción del prójimo, tan desfigurada entre los judíos del tiempo de Nuestro Señor Jesucristo, lo está también entre muchos cristianos de nuestros días. No sólo no se compadecen de las miserias de los demás, ni les consuelan en sus sufrimientos, sino que se manifiestan verdaderamente crueles con los desgraciados. ¡Quiera Dios que esta página de la Escritura les instruya y les conmueva! ¡Ojalá sirva para establecer las relaciones de fraternidad, que han de existir entre los hombres! Estas no podrán conservarse sino por la unión en un amor sincero a Jesucristo, y por la práctica de su doctrina.
DOM ESTEBAN TILLIEUX
( De Bulletin Paroisial et Liturgique)