Dominica Decima Tertia Post Pentecosten.

Semiduplex

 

Propio del tiempo        Sermón        Regresar

Introitus  Ps 73, 20, 19 et 23

Réspice, Dómine, in testaméntum tuum, et animas páuperum tuórum ne derelínquas in finem: exsúrge, Dómine, et júdica causam tuam, et ne obliviscáris voces quaeréntium te. Ps. ibid., 1 Ut quid, Deus, repulísti in finem: irátus est furor tuus super oves páscuae tuae? V. Glória Patri.

 

Introito Ps 73, 20, 19 et 23

Mira, Señor, tu alianza, y no olvides para siempre las almas de tus pobres. Levántate, Señor, y juzga tu causa, y no olvides el clamor de los que te buscan. * ¿Por qué, oh Dios, nos desechaste para siempre y se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu rebaño? Gloria al Padre...

Colecta

 

Omnípotens sempitérne Deus, da nobis fídei, spei, et caritátis augméntum: et, ut mereámur ássequi quod promíttis, fac nos amáre quod praécipis. Per Dóminum.

Colecta

Dios omnipotente y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad, y, para que merezcamos alcanzar tus promesas, haz que amemos tus mandamientos. Por N.S.J.C.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Colecta

 

Acunctis nos, quaésumus, Dómine, mentis et córporis defénde perículis: et, intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genitríce María, cum beato Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo et ómnibus Sanctis, salútem nobis tríbue benígnus et pacem; ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, Ecclésia tua secúra tibi sérviat libertáte. (Per eúmdem Dóminum.)

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Colecta

 

Rogámoste, Señor, nos libres de todo peligro de alma y cuerpo; y por intercesión de la gloriosa siempre Virgen Santa María, Madre de Dios; de San José, de tus santos apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, concédenos, benigno, la salud y la paz; para que, destruidos toda adversidad y error, tu Iglesia te sirva con segura libertad. Por el mismo...

Léctio Epístolae beáti pauli Apóstoli ad Gálatas

Gal. 3, 16-22

 

Fratres: Abrahae dictae sunt promissiónes, et sémini ejus. Non dicit: Et semínibus, quasi in multis; sed quasi in uno: Et sémini tuo, qui est Christus. Hoc autem dico: testaméntum confirmátum a Deo, quae post quadringéntos et trigínta annos facta est lex, non írritum facit ad evacuándam promissióne. Nam si ex lege heréditas, jam non ex promissióne. Abrehae autem per repromissiónem donávit Deus. Quid ígitur lex? Propter transgressions pósita est donec veníret semen, cui promíserat, ordináta per Angelos in manu mediatóris. Mediátor autem uníus non est: Deus autem unus est. Lex ergo advérsus promíssa Dei? Absit. Si enim data esset lex, quae poste vivificáre, vere ex legeesset justítia. Sed conclúsit Scriptúra ómnia sub peccáto, ut promíssio ex fide Jesu Christi darétur credéntibus.

Léctio Epístolae beáti pauli Apóstoli ad Gálatas

Gal. 3, 16-22

 

Hermanos: Las promesas se hicieron a Abraham y a su descendencia. No dice: a tus descendientes, como si fuesen muchos: sino a tu descendiente. Y refiriéndose a uno solo: Cristo. Quiero decir que, habiendo hecho Dios un alianza con Abraham, la Ley dada cuatrocientos y treinta años después, no anula ni invalida la promesa. Porque si la herencia de hijos de Dios se nos da por la Ley, ya no es por la promesa. Y Dios hizo por la promesa la donación a Abraham. Pues ¿de qué sirve, diréis, la Ley? púsose para freno de delitos hasta que viniese el descendiente, Cristo, a quien se hizo la promesa, promulgada por Ángeles, por mano del mediador Moisés. Mas no hay mediador para uno solo; y Dios es uno. Luego ¿la Ley es contra las promesas de Dios? No; porque si se hubiese dado una Ley capaz de vivificar, la justicia provendría realmente de la Ley. Mas la Ley escrita dejó sujetos a todos al pecado, para que la bendición de la promesa se diera a los creyentes por la fe de Cristo.

Graduale     Ps. 73, 20, 19 et 22

 

Réspice, Dómine, in testaméntum tuum: et animas páuperum tuórum ne obliviscáris in finem. V. Exsúrge, Dómine, et judica causam tuam: memor esto oppróbrii servórum tuórum.

Allelúja, allelúja. V. Ps. 89, 1 Dómine, refúgium factus es nobis a generatióne et progenie. Allelúja.

Graduale     Ps. 73, 20, 19 et 22

 

Mira, Señor, a tu alianza, y no olvides para siempre las almas de tus pobres. Levántate, Señor, y defiende tu causa; acuérdate del oprobio de tus siervos.

Aleluya, aleluya. Señor, eres nuestro refugio de generación en generación. Aleluya.

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam

Luc. 17, 11-19

In illo témpore: Dum iret Jesus in Jerúsalem, transíbat per médiam Samaríam et Galilaéam. Et cum ingrederétur quoddam castéllum, occurrérunt ei decem viri leprósi, qui stetérunt a longe; et levevérunt vocem dicéntes: Jesu praecéptor, miserére nostri. Quos ut vidit, dixit: Ite, osténdite vos sacerdótibus. Et factum est, dum irent, mundáti sunt. Unus autem ex illis, ut vidit quie mundátus est, regréssus est, cum magna voce magníficans Deum, et cécidit in fáciem ante pedes, ejus grátias agens: et hic erat Samaritánus. Respóndens autem Jesus, dixit: Nonne decem mundáti sunt? Et novem ubi sunt? Non est invéntus qui redíret et daret glóriam Deo, nisi hic alienígena. Et ait illi: Surge, vade; quia fides tua te salvum fecit. Credo.

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam

Luc. 17, 11-19

Yendo Jesús a Jerusalén atravesaba Samaría y Galilea; y al entrar en una aldea, le salieron diez leprosos, que parándose de lejos, alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, apiádate de nosotros. Él al verlos dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y cuando iban, quedaron limpios. Uno de ellos, al notar que estaba limpio, volvió glorificando a Dios a grandes voces, y postróse a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias; y éste era un samaritano. Jesús dijo entonces: ¿No son diez los curados? Y los nueve ¿dónde están? No hubo quien volviese a dar gloria a Dios, sino éste, extranjero. Y le dijo: Levántate, vete, que tu fe te ha salvado. Credo.

Offertorium     Ps. 30, 15-16

In te speravi, Dómine; dixi: Tu es Deus meus, in mánibus tuis témpora mea.

Offertorium     Ps. 30, 15-16

En Ti, Señor, esperé. Mi Dios, eres Tú; en tus manos está mi suerte.

Secreta

Propitiáre, Dómine, pópulo tuo, propitiáre munéribus: ut hac oblatióne placátus, et indulgéntiam nobis tríbuas, et postuláta concédas. Per Dóminum.

Secreta

 

Sé propicio, Señor, a tus fieles; sé propicio a tus dones, para que, aplacado con esta oblación, nos otorgues el perdón y lo que pedimos. Por N.S.J.C.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Secreta

Exáudi nos, Deus salutáris noster: ut, per hujus sacraménti virtútem, a cunctis nos mentis et córporis hóstibus tueáris; grátiam tríbuens in praesénti, et glóriam in futuro. (Per Dóminum)

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Secreta

 

Óyenos, Dios, salvador nuestro: para que, por virtud de este Sacramento, nos defiendas de todos los enemigos de alma y cuerpo, dándonos ahora la gracia, y después la gloria. Por N.S.J.C.

Prefatio Ssma Trinitate

Vere dignum et justum est, aequum et salutáre, nos tibi semper, et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, aetérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus:non in uníus singularitáte persónae , sed in uníus Trinitáte substántiae. Quod enim de tua lória, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne verae sempiternáeque Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur aequálitas. Quam  laudant Angeli atque Achángeli, Chérubim quoque ac Seraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce  dicéntes: Sanctus...

Prefatio Ssma Trinitate

Digno y justo es, en verdad, debido y saludable, que en todo tiempo y lugar te demos gracias Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, que con el Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios y un solo Señor, no en la unidad de una sola persona si no en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos indistintamente de tu Hijo y del Espíritu Santo; de suerte que, confesando una verdadera y eterna divinidad, adoramos las propiedades de las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y Serafines, que no cesan de cantar a una voz diciendo: Santo...

Communio    Sap. 16, 20

Panem de caelo dedísti nobis, Dómine, habéntem omne delectaméntum, et omnem sapórem suavitátis.

Communio    Sap. 16, 20

 

Señor, nos diste pan del cielo, lleno de todo deleite, y de todo sabor de suavidad.

Postcommunio

Sumpttis, Dómine, caeléstibus sacraméntis: ad redemptiónis aetérnae, quaésumus, proficiámus augméntum. Per Dóminum.

Postcommunio

 

Recibidos, Señor, los celestiales sacramentos, te pedimos nos acrecienten los efectos de nuestra eterna redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Postcommunio

Mundet et múniat nos, quáesumus, Dómine, divíni sacraménti munus oblátum: et intercedénte beáta Vírgine Dei Genitríce María, cum beáto Joseph, beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, et ómnibus Sanctis; a cunctis nos reddat et perversitátibus expeditos. Per eúmdem Dóminum.

2a ad poscenda suffragia Sanctorum

Postcommunio

Pedímoste, Señor, que la ofrenda del divino Sacramento nos purifique y defienda: y por intercesión de la Virgen Santa María Madre de Dios, de San José, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los santos, nos deje limpios de toda maldad y libres de toda adversidad. Por el mismo Señor...

arriba

DOMINICA XIII DESPUES DE PENTECOSTES

 

“TU FE TE HA SALVADO”

 

El Evangelio de la misa de hoy nos habla de Jesús y de diez leprosos.

Pocas semanas antes de la última pascua de su ministerio, Jesús, de paso para Jerusalén, entró en una población situada en los confines de Samaria y de Galilea, y he aquí que un grupo de diez leprosos se puso delante de él. Se mantuvieron a cierta distancia y elevaron su voz, diciendo: “Maestro ten lástima de nosotros”.

La ley prohibía a los leprosos que se acercasen a persona alguna; su enfermedad era para ellos causa de cierta incapacidad civil; ésta no era levantada sino hasta después de una comprobación oficial de su curación, hecha por la misma potestad religiosa; pertenecía a los sacerdotes el proceder a esta formalidad.

Ante la petición vehemente y confiada que le dirigieron Jesús no dudó, y dijo a los leprosos: “Id, mostraos a los sacerdotes”. Los leprosos obedecieron, y, mientras iban, la lepra desapareció y quedaron purificados.

Mas, ¿qué hicieron entonces?

Podían continuar su camino hacia Jerusalén, y, sin pensar más que en sí mismos, hacerse levantar la nota de impureza civil en que habían incurrido a causa de su enfermedad contagiosa; podían también dejar que hablase su corazón y apresurarse a retroceder, para testimoniar a Jesús su gozo, su gratitud y su reconocimiento. Sobre todo debían reconocer el verdadero alcance del beneficio que les había transformado y comprender que Jesús era su Salvador y su Dios, confesar su misión y su divinidad y adorarle.

Optaron por la solución del egoísmo. Sólo uno, al verse repentinamente purificado, se detuvo enseguida, volvió atrás y glorificó a Dios; encontró de nuevo a Jesús, cayó postrado en tierra ante él, y le dio las gracias. Y el Evangelio hace notar que éste tal “era un samaritano.”

Jesús hizo una amarga observación. Preguntó: “¿Pues qué? ¿No son diez los curados? ¿Y los nueve dónde están? No ha habido quien volviese a dar a Dios gloria, sino este extranjero. Después le dijo: Levántate y vete, que tu fe te ha salvado”.

 

En estos diez leprosos, todos nosotros estamos representados. En gran número nos hemos presentado al Señor; conocedores de nuestra indignidad, nos hemos quedado a cierta distancia y le hemos pedido un poco de compasión. Esta compasión la hemos obtenido en seguida. Jesús nos ha purificado. Non enim sanati sed mundati dicuntur. El Evangelio no dice que los leprosos hubiesen quedado curados, sino que fueron purificados. Entonces satisfechos, puros, pero indiferentes, hemos continuado nuestro camino, sin acordarnos de la mano que se ha levantado sobre nosotros para bendecirnos, perdonarnos y purificarnos. Este cuadro cubre de sonrojo nuestra frente, sobre todo si pensamos en que muchos de entre nosotros, y aun nosotros mismos asistimos con frecuencia a la santa misa y recibimos el sacramento de la Eucaristía, prestando muy poca atención a la divina presencia de nuestro Salvador, precisamente cuando el recuerdo de sus gracias debería hacernos pensar continuamente en él.

 

¡Cuán admirable es el único agradecido¡ que, preocupándose muy poco de los demás, de una manera espontánea, pero, a la vez reflexiva, retrocede, magnifica y alaba magna voce a Dios, su Señor, echándose a sus pies, en medio de la mayor efusión de una gratitud arrebatada.

Y, sin embargo, aquél, cuyo delicado corazón comprende lo que hay que hacer no es siempre el que recibe más gracias; o el que nunca se olvida de Dios; porque el Evangelio añade: et hic erat samaritanus, éste era un samaritano, un extranjero, un enemigo.

Entonces Jesús, triste y humanamente decepcionado, dijo: “¿Y los nueve dónde están? No ha habido quien volviese a dar gloria a Dios gloria, más que éste extranjero”. Pasados diez y seis siglos, el Maestro repite con no menos emoción su queja afectuosa: “He aquí mi corazón que tanto ha amado a los hombres, y al cuál éstos corresponden con tan poco amor”. Seamos, como el leproso samaritano, curados y agradecidos. No basta ser mundati,purificados; es menester ante todo, que podamos oír la dulce voz del Redentor, que nos dice: Surge, vade, quia fides tua salvum fecit. “Levántate, vete, que tu fe te ha salvado”.

 

                                                                                                                       E.N.

( De Bulletin Paroisial et Liturgique)

 

arriba