Dominica Sexta post Pentecosten
Semiduplex
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| Dóminus fortítudo plebis suæ, et protéctorsalutárium Christi sui est: salvum fac pópulum tuum, Dómine, et bénedic hereditáti tuæ, et rege eos, usque in sæculum. Ps. Ibid., 1 Ad te, Dómine, clamábo, Deuss meus, ne síleas a me, et assimilábor descendéntibus in lacum. Glória Patri |
El Señor es la fortaleza de su pueblo, el alcázar de salvación de su Ungido. Salva, Señor, a tu pueblo y bendice tu heredad; rígelos para siempre. * A ti, Señor, clamare; no te hagas sordo a mi ruegos, Dios mío: no sea que callado Tu, me asemeje a los que bajan al sepulcro. Gloria al Padre. |
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Oratio.
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Oh Dios de las virtudes, de las que procede todo don perfecto, infunde en nuestros pechos el amor de tu nombre y auméntanos la religión, para que alimentes lo que es bueno y, nutrido con el espíritu de piedad, lo conserves. Por N. S. J. C. |
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Léctio Epístolæbeáti Pauli Apóstoli ad Romános. (Rom. 6,3-11)
Fratres: Quicúmque baptizáti sumusnin Christo Jesú, in morte ipsíus baptizáti sumus. Consepúlti enim sumus cu millo per baptísmum in mortem: ut químodo Christus surréxit a mórttuis per glóriam Patris, ita et nos in novitáte vitæambulémus. Si enim complantáti facti sumus similitúdini mortis ejus; simul et resurrectiónis érimus. Hoc sientes, quia vetus homo noster simul crucifíxus est: ut destruátur corpus peccáti, et ultra non serviámus peccáto. Qui enim mórtuus est, justificátus est a peccáto. Si autem mórtui sumus cum Christo: crédimus quia simul étiam vivémus cum Christo: sciéntes quod Christus resúrgens es mórtuis, jam non dominábitur. Quod enim mórtuus est peccáto, mórtuus est peccáto, mórtuus est peccáto, mortuus est semel: quod autem vivit, vivit Deo. Ita et vos existimáte, vos mórtuos quidem esse peccáto, vivéntes autem Deo, in Christo Jesu Dómino nostro. |
HERMANOS: Cuando fuimos bautizados en Jesucristo, lo fuimos en su muerte. Así que fuimos sepultados con El, por el bautismo en orden de la muerte, para que como Cristo resucito de muerte a vida, para gloria del Padre, así también vivamos nosotros vida nueva. Porque si, incorporados a Él, hemos sido semejantes también en su muerte, lo seremos en su resurrección; pues sabemos que nuestro hombre viejo fue crucificado junto con Él, para que sea destruido el cuerpo del pecado, y ya no sirvamos mas al pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que viviremos también con Cristo, sabiendo que Cristo resucitado de entre los muertos, ya no muere, y la muerte ya no le vencerá. Porque el morir por nuestro pecado es una sola vez; mas el vivir vive para Dios. Así nosotros juzgaos, muertos al pecado, pero vivos para Dios en nuestro Señor Jesucristo. |
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Graduale (Ps. 89, 13 et 1) Convértere, Dómine, aliquántulum, et deprecáre super servos tuos. Dómine, refúgium factum es nobis, a generatióne et progenie. |
Vuelvete, Señor, un poco: atiende a los ruegos de tu siervo. Señor, sé nuestro refugio de generacion en generacion. |
| Allelúja, allelúja. (Ps. 30, 2-3) in te, Dómine, sperávi, non confúndar in ætérnum: in justítia tua líbera me, et éripe me : inclína ad me aurem tuam, accélera, ut erípias me. Allelúja. |
Aleluya, aleluya. Señor: en ti esperé: no quede jamás confundido; líbrame por tu justicia y sálvame; dígnate oírme; acude prontamente a librarme. Aleluya.
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Sequéntia sancti Exangelii secúndum Marcum. (Marc. 9, 1-9)
In illo témpore: Cum turba multa esset cum Jesu, nec habérent quod manducárent, convocátis discípulis, ait illis: Miséreor super turbam: quia ecce jam tríduo sústinent me, nec habent quod manducárent, convocátis discípulis, ait illis: Misérreor super turbam: quia ecce jam tríduo sústinent me, nec habent quod mandúcent: et si dimísero eos jejúnos in via: quidam enim ex eis de longe venerúnt. Et respondérunt ei discípuli sui: unde illos quis póterit hic saturáre pánibus in solitúdine? Et interrogábit eos: Quot panes habétis? Qui dixérunt: Septem. Et præcépit turbæ descúmbere super terram. Et accípiens septem panes, gratias agens fregit, et dabat discípulis suis, ut appónerent, et apposuérunt turbæ. Et habébant piscículos paucos: et ipsos benedíxit, et jussit appóni. Et manducáverunt, et saturáti sunt, et sustúlerunt quod superáverat de fragméntis, septem sportas. Erant autem qui manducáverant, quasi quátuor míllia: et dimísit eos. |
Seguía a Jesús gran gentío, y no teniendo que comer, reunión a sus discípulos y les dijo: Compadezco a esta multitud, porque ha tres días que me siguen, y no tienen que comer, y si los mando a su casa en ayunas desfallecerán en el camino; pues algunos vinieron de lejos. Respondieronle sus discípulos: ¿Quién podrá saciarnos de pan en esta soledad? Y les pregunto: ¿Cuántos panes tenéis? Respondieron: Siete. Entonces mando a la gente sentarse en tierra; y tomando los siete panes, dando gracias los partió; y dio a sus discípulos para que los repartieran entre la gente, y los repartieron. Tenían algunos pececillos; bendijoles también, y mando repartirlos. Y comieron hasta saciarse, y de las sobras recogieron siete espuertas, siendo unos cuatro mil los que comieron; y los despidió. |
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Offertorium. (Ps. 16, 5 et 6-7)
Pérfice gressus meos in sémitis tuis, ut non moveántur vestigia mea: inclína aurem tuam, et exáudi verba mea: mirífica misericordias tuas, qui salvos facis sperántes in te, Dómine. |
Afirma mis pasos en tus sendas para que mis pies no resbalen: inclina tu oído y oye mis suplicas. Engrandece tus misericordias, Salvador de los que en Ti esperan. |
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Secreta.
Propitiáre, Dómine, supplicatiónibus nostris, et has pópuli tui oblatiónes bennígnus assúme: et ut nullíus vácua postulátio, præsta: ut, quo fidéliter pétimus, efficáciter consequámur. Per Dóminum. |
Se propicio, Señor, a nuestras suplicas, y acepta benigno estas oblaciones de tu pueblo, y, para que no sea frustrado el deseo ni la plegaria de ninguno, haz que alcancemos ariscamente lo que con fidelidad pedimos. Por nuestro Señor Jesucristo. |
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Praefatio de Ssma. Trinitate
Vere dignum et justum est, aequum et salutáre, nos tibi semper, et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, aetérne Deus: Qui cum unigénito Fílio tuo, et Spíritu Sancto, unus es Deus, unus es Dóminus: non in uníus singularitáte persónae, sed in uníus Trinitáte substántiae. Quod enim de tua lória, revelánte te, crédimus, hoc de Fílio tuo, hoc de Spíritu Sancto, sine differéntia discretiónis sentimus. Ut in confessióne verae sempiternáe que Deitátis, et in persónis propríetas, et in esséntia únitas, et in majestáte adorétur aequálitas. Quam laudant Angeli atque Achángeli, Chérubim quoque ac Seraphim: qui non cessant clamáre quotídie, una voce dicéntes: Sanctus... |
Digno y justo es, en ver-dad, debido y saludable, que en todo tiempo y lugar te demos gracias Señor Santo, Padre todopoderoso, Dios eterno, que con el Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios y un solo Señor, no en la unidad de una sola persona si no en la Trinidad de una sola sustancia. Porque cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos indistintamente de tu Hijo y del Espíritu Santo; de suerte que, confesando una verdadera y eterna divinidad, adoramos las propiedades de las personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la majestad. A la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y Serafines, que no cesan de cantar a una voz diciendo: Santo... |
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Communio. (Ps. 26,6)
Circuíbo, et immolábo in tabernáculo ejus hóstiam jubilatiónis: cantábo, et psolmum dicam Dómino. |
Rodeare el altar inmolando sacrificios de júbilo, cantando y entonando himnos al Señor. |
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Postcommunio.
Repléti sumus, Dómine munéribus tuis: tríbue, quæsumus; ut eórum et mundémur efféctu, et muniámur auxílio. Per Dóminum. |
Saciados, Señor, de tus dones, te suplicamos seamos purificados con su virtud y defendidos con su auxilio. Por nuestro Señor Jesucristo. |
DOMINICA VI DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
La prodigiosa multiplicación de siete panes.
En aquel tiempo: habiéndose juntado otra vez un gran concurso de gente, y no teniendo que comer, convocados sus discípulos, les dijo: Me da compasión esta multitud de gentes, porque ya hace mas de tres días que están conmigo, y no tienen que comer. Y si les envió a sus casa en ayunas, desfallecerán en el camino; pues alguno de ellos a venido de lejos. Respondieron le sus discípulos: ¿Y como podrá nadie en esta soledad procurarles pan en abundancia? El les pregunto: ¿Cuantos panes tenéis? Respondieron: Siete. Entonces mando Jesús a las gentes que se sentaran en tierra; y tomando los siete panes, dando gracias, los partió; y débaselos a sus discípulos para que los distribuyesen entre la gente, y se los repartieron. Tenia, además, algunos pececillos; bendijo les también, y mando distribuírselos. Y comieron hasta saciarse; y de las obras recogieron siete espuertas, siendo cerca de cuatro mil los que habían comido; y luego les despidió. - Mc., VIII, 1-9.
El Pan Eucarístico y el Pan del Desierto.
El evangelio de este domingo nos refiere n milagro que Jesús obro para reparar las fuerzas corporales de una gran multitud que le había seguido hasta el desierto, en el cual. Habiéndose agotado sus provisiones, no tenían nada que comer. Multiplico los panes y los peces, y ordeno a los apóstoles que los distribuyesen entre el pueblo. Este evangelio puede también relacionarse con el de los domingos precedentes. En efecto, en el evangelio de la cuarte dominica después de Pentecostés, se nos habla de una pesca milagrosa, por la cual significa la multiplicación de hombres que entraran un día a la Iglesia; en la dominica quinta se nos describen los vínculos de la caridad, que han de unir a los hombres entre si; en el de hoy vemos el alimento que se nos ofrece, el cual es la Sagrada Eucaristía, figurada en los panes milagrosamente multiplicados.
"En aquel tiempo" ósea durante el tercer año de su vida publica, Jesús después de haber celebrado la pascua en Jerusalén se dirigió hasta las regiones cercanas a las ciudades de Tiro y Sidón; después descendió hacia el lago de Genesaret, atravesando Decápolis, que era el nombre que se había dado a una confederación formada por diez ciudades, situadas al norte de dicho lago unidas entre si por consentimiento mutuo. Detuvo se también en este lugar, donde había llegado a fines de primavera, y se retiro con sus apóstoles a una montaña para rehacer sus fuerzas con los víveres que ellos llevaban; mas, "habiéndose juntado otra vez un gran concurso de entes, y no teniendo que comer, convocados sus discípulos les dijo: Me da compasión esta multitud de gentes, porque ya hace tres días que están conmigo; y, si los envió a sus casa en ayunas, desfallecerán en el camino, pues alguno de ellos ha venido de lejos".
El corazón de Jesús tan sensible a las miserias humanas, se sintió movido a compasión, al ver reflejado el cansancio y la extenuación de aquellos rostros y al enterarse de que nada tenían para remediar su agotamiento. Hacia tres días que iban en pos de Jesús, ávidos de oír su palabra, de ser testigos de sus milagros y ser ellos mismos socorridos por el. Dice San Mateo, que, en aquella montaña, grandes grupos de personas se le acercaron, y entre ellas había mudos, ciegos, cojos, contrahechos y muchas otros enfermos; de suerte que la multitud estaba llena de admiración al ver como hablaban los mudos, andaban los cojos, veían los ciegos y glorificaban al Dios de Israel. Al ver los deseos de Jesús, “respondieronle sus discípulos: ¿Y como podrá nadie en esta soledad, procurarles pan en abundancia? Se encontraban entonces lejos de las ciudades y de los pueblos, en una región deshabitada, y les era imposible ir en busca de víveres. “El les pregunto : ¿Cuántos panes tenéis? Respondieron: siete. Entonces Jesús mando a la gente que se sentara en la tierra. Y tomando los siete panes, dando gracias los partió, y débaselos a sus discípulos para que los distribuyesen entre la gente, y se los repartieron. Tenían, además, algunos pececillos: bendijolos también y mando distribuírselos. Y comieron hasta saciarse”.
Es indudable que estos siete panes y estos peces habían de servir de alimento a Jesús y a sus apóstoles; sin embargo, el divino maestro mando que se sacrificaran, y les enseño de esta manera a olvidarse de si mismos para socorrer al progimo en caso de necesidad. Los discípulos comprendieron esta enseñanza, y obedecieron sin hacer la menor observación, y admirados de que los panes y los peces, que iban distribuyendo, no se agotasen y de que siempre quedase lo bastante para der a los que les tendían la mano. Fácil es de imaginar la alegría y la animación que reinaría entre aquella multitud, que veía restaurada sus fuerzas de una manera tan maravillosa. Finalmente, cerca de cuatro mil los que habían comido; en seguida Jesús los despidió”
He aquí el hecho de la multiplicación de los panes tal como no llo refiere el evangelista San Marcos. Es un hecho naturalmente inexplicable, por lo que debemos atribuirlo, no a un poder humano, sino a poder divino de que Cristo estaba revestido. De esta manera, quiso preparar a los hombres para que rindiesen el homenaje de aquella fe completa que mas tarde exigiría de ellos c on respecto a la multiplicación de un pan invisible y celestial que iba a producir a la Iglesia. ¡Ah! si; mientras Jesús miraba a sus apóstoles que circulaban por entre aquella multitud, y distribuían el pan que se multiplicaba entre sus manos; cuando consideraban la avidez con que aquellas gentes lo recibían y la alegría y la felicidad que resplandecía en todos los rostros, pensaba en el gran sacramento que iba a instituir ¿Acaso los discípulos no representaban a los sacerdotes del Nuevo Testamento? ¿No representaba aquella multitud el pueblo cristiano? ¿No se había de repetir aquel milagro todos los días, de una manera eminente, desde la aurora hasta la puesta de sol? Nosotros tenemos la dicha de ver como el sacerdote católico toma a sus manos el van destinado a ser, no ya el alimento del cuerpo, sino del alma de los fieles como lo bendice, lo transforma y lo multiplica. Que se presenten mil, diez mil, todos serán alimentados, todos quedaran satisfechos. Este pan no es un pan ordinario: “El pan que partimos, dice San Pablo, ¿no es la participación del cuerpo del Señor?” ¿Qué puede faltar a quien posee el mismo Dios? ¡Que hermoso es el espectáculo del pueblo que comulga, y cuan vivamente recuerda el milagro de la multiplicación de los panes! En nuestras vastas iglesias, vemos a todas las clases sociales confundidas; diríase que verdaderamente no hay ricos ni pobres; todo se acercan a la misma mesa y reciben el mismo alimento, y, merced de este, adquieren las fuerzas necesarias para volver a sus casa, es decir para pasar de este vida de destierro al reino de los cielos, que es la verdadera patria.