DOMINICA INFRAOCTAVAM SSMI CORDIS JESU
TERCIA POST PENTECOSTEN
Semiduplex
Como la octava de la Ascensión no se celebró hasta el siglo XV, este domingo aparece en los documentos anteriores con el simple título de domínica de rosa. El templo indicado para la Estación es el antiguo Pantheon de Agripa, o de Santa María ad Mártyres. Allí celebraba Misa el mismo Papa, y pronunciaba la homilía sobre la venida del Espíritu Santo. Para hacer más sensible esta venida, desde un vano de la parte central se derramaba una lluvia de rosas sobre los fieles. (Cfr. Schuster, Líber Sacramentorun, IV, páginas 168-9.)
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Réspice in me, et miserere mei, Dómine: quóniam únicus, et pauper sum ego: vide humilitatem meam, el labórem meum: et dimítte ómnia peccáta mea, Deus meus. Ps. Ibid., 1-2 Ad te, Dómine, levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam. V. Glória Patri. |
Introitus Ps. 24, 16 et 18 Mírame, Señor, y apiádate de mí: porque me veo solo y pobre; Mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados, Dios mío. * A Ti, Señor, elevé mi alma. En Ti, mi Dios, confío; no quede confundido. Gloria al Padre. |
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Oratio Protéctor in te sperántium, Deus, sine quo nihil est váldium, nihil sanctum: multíplica super nos misericórdiam tuam; ut, te rectóre, te duce, sic transeámus per bona temporália, ut non ammittámus aetérna. Per Dóminum. |
Oratio Oh Dios, protector de los que en Ti confían, sin el cual nada hay firme, nada santo, multiplica sobre nosotros tu misericordia, para que, conducidos y guiados por Ti, de tal modo usemos los bienes terrenos que no perdamos los eternos. Por N.S.J.C.
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Léctio Epístolae beáti Petri 1 Petr. 5, 6-11 Caríssimi: Humiliámini sub poténti manu Dei, ut vos exáltet in témpore visitatiónis: omnem sollicitúdinem vestram projiciéntes in eum, quoniam ipsi cura est de bobis. Sóbrii estóte, et vigiláte: quia adversárius vester diábolus tamquam leo rúgiens círcuit, quaerens quem dévoret: cui resístite fortes in fide: sciéntes eámdem passiónem ei, quae in mundo est, vestrae fraternitáte fíeri. Deus autem omnis grátiae, qui vocávit nos in aetérnam suam glóriam in Christo Jesu, módicum passos ipse perfíciet, confirmábit solidabítque. Ipsi glória, et impérium in saécula saeculórum. Amen |
Léctio Epístolae beáti Petri 1 Petr. 5, 6-11
Carísimo: Humillaos, bajo la mano poderosa de Dios, para que os exalte en el tiempo de su visita, descargando en u seno todas vuestras solicitudes; pues Él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro enemigo, el diablo, anda girando como león rugiente en torno vuestro en busca de quien devorar. Resistidle firmes en la fe, sabiendo que la misma tribulación padecen vuestros hermanos por todo el mundo. Mas Dios, dador de toda gracia, que nos llamó a su eterna gloria por Jesucristo, tras breve padecer os perfeccionará, fortalecerá y consolidará. A Él sea la gloria y el imperio por siempre. Amén. |
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Graduale Ps. 54, 23, 17 et 19 Jacta cogitátum tuum in Dómino: et ipse te enútriet. V. Dum clamárem ad Dóminum, exaudívit vocem meam ab his, qui appropínquant mihi.
Allelúja, allelúja. V. Ps. 7, 12 Deus judex justus, fortis et pátiens, numquid iráscitur per síngulos dies? Allelúja.
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Graduale Ps. 54, 23, 17 et 19 Pon tu pensamiento en el Señor y Él te sustentará. Cuando clamé al Señor oyó mi voz, contra los que me persiguen.
Aleluya, aleluya. Dios, justo juez, fuerte y sufrido, ¿enójase acaso todos los días? Aleluya.
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Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam Luc. 15, 1-10 In illo témpore: Erant appropinquántes ad Jesum publicáni et peccatóres, ut audírent illum. Et murmurábant pharisaéi et scribae, dicéntes: Quia hic peccatóres récipit, et mandúcat cum illis. Et ait ad illos parábolam istam, dicens: Quis ex vobis homo, qui habet centum ovem: et si perdíderet unam ex illis, nonne dimíttit nonagintanóvem in desérto, et vadit ad illam, quae períerat, donec invénerit eam, impónit in húmeros suos gaudens: et véniens domum, cónvocat amícos et vicínos, dicens illis: Congratulámini mihi, quia invéni ovem meam, quae períerat? Dico bobis quo dita gáudium erit in caelo super uno peccatóre poeniténtiam agénte, quam super nonagintanóvem justis qui non indigent poeniténtia. Aut quae múlier habens drachmas decem, si perdíderit drachmam unam, nonne accédit lucérnam et evérrit domum, et quaerit diligénterdonec invéniat? Et cum invénerit, cónvocat amícas et vicínas dicens: Congratulámini mihi, quia invéni drachmam, quam perdíderam? Ita dico bobis: gáudium erit coram Angelis Dei super uno peccatóre poeniténtiam agénte. Credo. |
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam Luc. 15, 1-10 En aquel tiempo: Acercábanse los publícanos y pecadores a Jesús a oírle; y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe a los pecadores y come con ellos. Entonces les propuso esta parábola: ¿Quién de vosotros teniendo cien ovejas, y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en la dehesa y va en busca de la que perdió, hasta hallarla? Y hallándola la pone en sus hombros gozoso: y llegando a casa, convoca a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Felicitadme, que hallé la oveja perdida. Os digo que así habrá más fiesta en el cielo por un pecador que hace penitencia, que por noventa y nueve justos que no la han menester. O ¿qué mujer, teniendo diez dracmas, si pierde una, no enciende luz y barre bien la casa, y lo registra todo hasta dar con ella? Y hallándola convoca a sus amigas y vecinas, diciendo: Felicitadme, que ya hallé la dracma que había perdido. Así os digo, que harán fiesta los Ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia. |
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Offertorium Ps. 9, 11-12 et 13 Sperant in te omnes, qui novérunt nomen tuum, Dómine: quóniam non derelínquis quaeréntes te: psállite Dómino, qui hábitat in Sion: quóniam non est oblítus orationem páuperum.
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Offertorium Ps. 9, 11-12 et 13 Confíen en Ti, Señor, cuantos conocen tu nombre, porque no desamparas a los que te buscan. Cantad himnos al Señor que mora en Sión, porque no olvidó el clamor de los pobres.
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Secreta Réspice, Dómine, múnera supplicántis Ecclésiae: et salúti credéntium perpétua sanctificatióne suménda concéde. Per Dóminum.
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Secreta Mira, Señor, los dones de tu Iglesia suplicante y concede, para salud de los creyentes, participar siempre de ellos santamente. Por N.S.J.C.
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Pro Octava Secreta Réspice, quaesumus, Dómine, ad ineffábilem Cordis dilécti Fílii tui caritátem: ut quod offérimus sit tibi munus accéptum et nostrórum expiátio delictórum. Per eumdem Dóminum.
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Pro Octava Secreta Mira, Señor, la inefable caridad del Corazón de tu amado Hijo, para que el don que ofrecemos te sea acepto y sirva para expiación de nuestros pecados. Por N.S.J.C.
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Communio Luc. 15, 10 Dico vobis: gáudium est Angelis Dei super uno peccatóre poenitentiam agénte.
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Communio Luc. 15, 10 Os digo que harán fiesta los Ángeles de Dios por un pecador que haga penitencia.
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Postcommunio Sancta tua nos, Dómine, sumpta vivificent: et misercórdiae sempiternae praéparent expiátos. Per Dóminum.
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Postcommunio Tus santos misterios que hemos recibido, Señor, nos vivifiquen, y, purificados, nos preparen para recibir tu eterna misericordia. Por N.S.J.C.
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Pro Octava Postcommunio Praebeant nobis, Dómine Jesu, divínum tua sancta fervórem; quo dulcíssimi Cordis tui suavitáte percápta, discámus terréna despícere, et amáre caeléstia: Qui vivis. |
Pro Octava Postcommunio Tus santos misterios, Señor Jesús, infundan en nosotros el divino fervor, para que, gustada la dulzura de tu Corazón, aprendamos a despreciar lo terreno y amar lo celestial. Que vives y reinas.
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LAS SOLICITUDES DEL CORAZÓN DIVINO
El Evangelio de la misa del pasado domingo nos ponía de manifiesto la misericordia y la caridad de Dios para con los desgraciados de este mundo. El de hoy nos muestra al Señor en sus relaciones con los hombres, cuya desdicha es todavía mayor, con los pecadores. ¿Qué es, en efecto, un pecador? Es un ser que vive separado de Dios, fuente de toda felicidad, y que cuanto más avanza por el camino de la vida más se acerca al abismo, en el cual caerá infaliblemente y de donde nadie podrá sacarle. Es verdaderamente digno de compasión; , así, el Señor, en la parábola de la oveja y de la dracma perdida, nos muestra hasta donde llega su tierna solicitud para con nosotros. Encontramos, pues, de nuevo, una estrecha unión entre estos dos evangelios, pues en uno de ellos encontramos expresados con colores más vivos, lo que ya se dijo en el otro, a saber: que Dios no rechaza a los miserables, sino que, por el contrario, se esfuerza en atraerlos a sí.
"En aquel tiempo". Esto acontecía durante la segunda misión de Jesús en Perea. La Perea era una región de Palestina que se encontraba al este del Jordán. El Señor se dirigió a ella, dos veces, durante el invierno del tercer año de su vida pública, para anunciar la palabra de Dios. Lo encontramos allí, una vez antes y otra vez después de la Dedicación del templo. Se detenía entonces en aquella parte, donde san Juan había comenzado a bautizar. Muchos eran los que acudían allí, y "solían los publícanos y pecadores acercarse a Jesús para oírle". El divino Maestro les trataba con benevolencia y no se negaba a comer, algunas veces, con ellos. Y los fariseos y escribas murmuraban de esto, diciendo: Mirad cómo se familiariza con los pecadores y come con ellos”. De esta manera, manifestaban el descontento que les producía una conducta que estaba, a todas luces, en desacuerdo con la suya, y la ponían en evidencia para destruír el prestigio de Jesús; porque ellos, fariseos, no podían soportar el yugo extranjero que pesaba sobre Israel, y no admitían un trato tan íntimo con los publícanos, es decir con unos hombres que estaban al frente de la recaudación de contribuciones y que, por lo mismo, les recordaban continuamente su condición de tributarios de los romanos; además, por hacerse culpables de mil injusticias, merecían ser asimilados a los ladrones. Los escribas, por ser los doctores de la ley, despreciaban totalmente a aquéllos, que, a causa de sus transgresiones de los preceptos más formales, eran tenidos por pecadores, y se apartaban de dios. Esta manera de obrar de los fariseos y de los escribas con los publícanos y los pecadores podía parecer conforme a las reglas de la estricta justicia; sin embargo no lo era con las reglas de la caridad fraterna, que había de ser el distintivo de los discípulos de Jesús. Estos, sin dejar de odiar el vicio y el pecado en el prójimo, habían de estar llenos de solicitud por la salvación de su persona, y se habían de consagrar a reducir al buen camino al que más bien que abandonarlo completamente, se había desviado de él. Para ponerles de manifiesto esta verdad de una manera viva y, al mismo tiempo, para justificar su conducta, les propuso esta parábola: ¿Quién hay de vosotros, que, teniendo cien ovejas y, habiendo perdido una de ellas, no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca de la que se perdió hasta encontrarla? Y hallándola, se la pone sobre los hombros muy gozoso, y, llegando a casa, convoca a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Regocijaos conmigo, porque he hallado la oveja mía, que se me había perdido. He aquí, en realidad, cómo se conduce este buen pastor. En cuanto advierte que una de sus ovejas se ha sustraído a sus miradas, su corazón es presa de mil inquietudes, porque conoce todos los peligros, a los cuales se expone; he aquí por que no se da punto de reposo. Deja las noventa y nueve ovejas en el desierto (la Escritura entiende aquí por desiertos los pastos situados lejos de las ciudades y de las aldeas, donde, empero, los rebaños estaban seguros), y corre en busca de la oveja perdida, y, cuando la ha encontrado, la coge, la pone sobre sus espaldas y la lleva gozoso. Rebosa de alegría, siente necesidad de comunicarle a sus amigos y a sus vecinos.
La aplicación de esta parábola es muy fácil: Si tal es el trabajo que el buen pastor se toma, para buscar una oveja perdida; si tal es la felicidad que siente, cuando la tiene de nuevo en su poder, ¿cómo describir los esfuerzos del Pastor supremo para atraer hacia sí al que se ha alejado de él por el pecado, y el gozo que siente, cuando ve que vuelve hacia él, movido por la penitencia? También en él se desborda el gozo, y conviene que participen de él todos los habitantes de la gloria Notemos que esta alegría súbita que siente el buen pastor, cuando encuentra su oveja, es momentáneamente más intensa que el gozo íntímo y constante que le causa la fidelidad de noventa y nueve ovejas, pero que es menor en profundidad y duración. En este sentido, pues, se han de entender estas palabras del Señor: Os digo que, a este modo, habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa justos que no tienen necesidad de penitencia".
La Iglesia no ha querido contentarse hoy con esta sola parábola, para llamar nuestra atención sobre el trabajo que Dios se toma, para buscar una criatura perdida para él y sobre el gozo que siente cuando la ha recuperado. Todavía refiere otra. Jesús la expuso en la misma; ocasión, cuando dijo: ¿Qué mujer, teniendo diez dracmas, si pierde una, no enciende luz, y barre bien la casa, y lo registra todo, hasta dar con ella? Y hallándola, convoca a sus amigas y vecinas, diciendo: Alegraos conmigo, que ya he hallado la dracma que había perdido.
Así os digo yo que harán fiesta los ángeles del cielo por un pecador que haga penitencia. En la parábola anterior, el alma que se aleja, de Dios es comparada a la oveja descarriada, aquí es comparada a una dracma perdida. Una dracma era una moneda griega que circulaba por Palestina; era de plata, y su valor era algo inferior al de una peseta. Sin embargo, haría falta a esta mujer, porque era la dracma parte de todo lo que poseía, y así no perdonó trabajo para encontraria. Como que la casa era obscura, pues no había más luz que la que penetraba por la puerta, encendió la lámpara, se puso a barrer, revolvió los muebles hasta que encontró la dracma; y también aquí se desborda la alegría y pide ser comunicada. Este es el gozo de una pobre mujer que encuentra la dracma perdida; "así os digo yo, que harán fiesta los ángeles del cielo, por un pecador que haga penitencia", repite una vez más el Señor.
Por triste que sea el estado al cual se vea reducido un hombre, sobre todo por el vicio y por el pecado, nunca, empero, podemos: rechazarlo despiadadamente, porque continúa siendo para Dios la oveja extraviada o la dracma perdida, que, con tantas ansias, desea recuperar. Acordémonos de los trabajos que Jesucristo se impuso para poner de nuevo en manos del Padre celestial este tesoro perdido. Jesús ha encontrado imitadores entre todos sus verdaderos discípulos, Seamos de este número. Mostrémonos siempre celosos y abnegados para conducir a Dios a los que se han separado de él, y entonces, cuando el Señor haya recuperado su oveja extraviada o su dracma perdida, tendremos nuestra parte en los goces celestiales, con que regala a sus amigos; estos goces no están al alcance de los egoístas de este mundo, pero sobrepujan toda la dicha que pueden procurarse en esta vida.
DOM ESTEBAN TILLIEUX
(De Bulletin Paroissial et Liturgique).