Dominica Quinta Post Pascha

Propio del tiempo        Sermón        Regresar

Dominica Quinta post Pascha
Semiduplex

Antes de abandonar a sus Apóstoles, Jesús les invita a que pidan al Padre en su nombre. Mediador único, nuestras plegarias y sacrificios no son aceptos sin su intervención. Por lo mismo, la Iglesia interpone siempre su nombre en todas las oraciones para que obtengan esa eficacia. No dejemos de hacerlo así nosotros, especialmente estos tres días siguientes que la Iglesia consagra a públicas rogativas.

Dominica Quinta post Pascha
Semiduplex

Antes de abandonar a sus Apóstoles, Jesús les invita a que pidan al Padre en su nombre. Mediador único, nuestras plegarias y sacrificios no son aceptos sin su intervención. Por lo mismo, la Iglesia interpone siempre su nombre en todas las oraciones para que obtengan esa eficacia. No dejemos de hacerlo así nosotros, especialmente estos tres días siguientes que la Iglesia consagra a públicas rogativas.

Introitus Isai. 48, 20
Vocem jucunditátis annuntiáte, et audiátur, allelúja: annuntiáte usque ad extrémum terræ: liberávit Dóminus pópulum suum, allelúja, allelúja. Ps. 65, 1-2 Jubiláte Deo, omnis terra, psalmum dícite nómini ejus: date glóriam laudi ejus. V. Glória Patri. Vocem.
Introitus Isai. 48, 20
Anunciad y haced saber esta nueva, aleluya; llevadla hasta el confín del mundo: el Señor redimió a su pueblo; aleluya, aleluya Ps. 65, 1-2 Aclame toda la tierra a Dios, cantad salmos a su nombre, tributadle gloriosas alabanzas. V. Gloria al Padre. Anunciad.
Colecta
Deus, a quo bona cuncta procédunt, largíre supplícibus tuis: ut cogitémus, te inspiránte, quæ recta sunt; et, te gubernánte, éadem faciámus. Per Dóminum.

2 de Santa María.
Concéde nos fámulos tuos, quaesumus, Dómine Deus, perpétua mentis et córporis sanitáte gaudére: et gloriósa beátæ Maríæ semper Vírginis intercessióne, a praesénti liberári, tristítia, et aetérna pérfrui lætítia. Per Dóminum.

3 contra persecutores Ecclesiæ
Ecclésiæ tuæ, quaésumus, Dómine, preces placátus admítte: ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, secúra tibi sérviat libertáte. Per Dóminum.

Colecta
Oh Dios, de quien todo bien procede, humildemente te suplicamos que nos inspires santos pensamientos y nos los hagas poner en obra con el auxilio de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

2 de Santa María.
Suplicamos, Señor Dios, nos concedas a tus siervos gozar perpetua salud de alma y de cuerpo; y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de la tristeza presente y gocemos de la eterna alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.

3 contra persecutores Ecclesiæ
Rogámoste, Señor, acojas benigno las suplicas de tu Iglesia; para que, destruída toda contradicción y error, te sirva con segura libertad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Léctio Epístolæ beáti Jacóbi Apóstoli
Jac. 1, 22-27

Caríssimi: Estóte factóres verbi, et non auditóre tantum: falléntes vosmetípsos. Quia si quis audítor est verbi, et non factor: hic comparábitur viro consideránti vultum nativitátis suæ in spéculo: considerávit enim se, et ábiit, et statim oblítus est, qualis fúerit. Qui autem perspéxerit in legem perféctam libertátis, et permánserit in ea, non audítor obliviósus factus, sed factor óperis: hic beátus in facto suo erit. Si quis autem putat se religiósum esse, non refrænans linguam suam, sed sedúcens cor suum, hujus vana est relígio. Relígio munda, et immaculáta apud Deum et Patrem, hæc est: Visitáre pupíllos et víduas in tribulatióne eórum, et immaculátum se custodíre ab hoc sæculo.
Léctio Epístolæ beáti Jacóbi Apóstoli
Jac. 1, 22-27

Carísimos: Sed ejecutores de la palabra divina, y no meros oyentes, engañándonos a vosotros mismos. Porque quien oye la palabra, y no la practica se parece a un hombre que contempla en un espejo su rostro nativo, y sin más que mirarse, se va, y luego se olvidó de como es. Mas quien contemplare atentamente la Ley perfecta del Evangelio, y perseverare en ella, no como oyente olvidadizo, sino ejecutor de la obra, ése será por su hecho bienaventurado. Si alguno se precia de ser religioso sin refrenar su lengua, engañando así su corazón, falsa es su piedad. La religión pura y sin mácula ante Dios Padre es visitar a los huérfanos y viudas en su tribulación, y preservarse de la corrupción del siglo.
Allelúja, allelúja. V. Surréxit Christus, et illúxit nobis, quos redémit sán-guine suo. Allelúja. V.Joann. 16, 28 Exívi a Patre, et veni in mundum: íterum relínquo mundum, et vado ad Patrem. Allelúja. Aleluya, aleluya. Cristo resucitó e hizo brillar su luz sobre nosotros, redimidos con su sangre. Aleluya.
Salí del Padre, y vine al mundo; de nuevo dejo el mundo, y vuelvo al Padre. Aleluya.
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem
Joann. 16, 23-30

In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Amen, amen dico vobis: si quid petiéritis Patrem in nomine meo, dabit vobis. Usque modo non petístis quidquam in nómine meo: Pétite, et acciplétis, ut gáudium vestrum sit plenum. Hæc in provérbiis locútus sum vobis. Venit hora, cum jam non in provérbiis loquar vobis, sed palam de Patre annuntiábo vobis. In illo die in nomine meo petétis: et non dico vobis, quia ego rogábo Patrem de vobis: ipse enim Pater amat vos, quia vos me amástis, et credidístis, quia ego a Deo exívi. Exívi a Patre, et veni in mundum: íterum relínquo mundum, et vado ad Patrem. Dicunt ei discípuli ejus: Ecce nunc palam lóqueris, et provérbium nullum dicis. Nunc scimus, quia scis ómnia, et non opus est tibi, ut quis te intérroget: in hoc crédimus, quia a Deo exísti. Credo.
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem
Joann. 16, 23-30

Dijo Jesús a sus discípulos: Os aseguro que cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre: pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo. Esto os dije en parábolas. Viene la hora en que ya no os hablaré en parábolas, sino abiertamente os hablaré del Padre. Entonces pediréis en mi nombre, y no os digo que rogaré yo al Padre por vosotros, pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y creísteis que yo salí de Dios. Salí del Padre, y vine al mundo; otra vez dejo el mundo y voy al Padre. Dícenle sus discípulos: Ahora si que hablas claro, y no en proverbios. Ahora
conocemos que todo lo sabes, y no has menester que nadie te pregunte; con esto creemos que has salido de Dios. Credo.
Offertorium Ps. 65,8-9 et 20
Benedícite, gentes, Dóminum Deum nostrum, et obaudíte vocem laudis ejus: qui pósuit ánimam meam ad vitam, et non dedit commovéri pedes meos: benedíctus Dóminus, qui non amóvit deprecatiónem meam, et misericórdiam suam a me, allelúja.
Offertorium Ps. 65,8-9 et 20
Bendecid, gentes, al Señor Dios nuestro; haced resonar sus alabanzas: Él dio vida a mi alma y no consintió que resbalasen mis pies. Bendito el Señor, que no desoyó mi oración, ni alejó de mí su misericordia. Aleluya.
Secreta
Súscipe, Dómine, fidélium preces cum oblatiónibus hostiárum: ut per hæc píæ devotiónis offícia, ad cæléstem glóriam transeámus. Per Dóminum.

Secreta 2 de Santa María
Tua, Dómine, propitiatióne, et beátae Maríae semper
Vírginis intercessióne, ad perpétuam atque præséntem haec oblátio nobis profíciat prosperitátem et pacem. Per Dóminum.

3 Secreta contra persecutores Ecclesiæ
Prótege nos, Dómine, tuis mystériis servientes: ut, divínis rebus inhæréntes, et córpore tibi famulémur, et mente. Per Dóminum.

Secreta
Recibe, Señor, las preces de los fieles con la oblación de los dones, para que pasemos a la gloria celestial por estos actos de nuestra piadosa devoción. Por nuestro Señor Jesucristo

Secreta 2 de Santa María.
Por tu benignidad, Señor, y por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, esta ofrenda nos alcance la prosperidad y paz presente y perdurable. Por nuestro Señor Jesucristo.

3 Secreta contra persecutores Ecclesiæ.
Protege, Señor, a los que te servimos en tus misterios; para que, consagrados a las cosas divinas, te sirvamos con cuerpo y alma. Por nuestro Señor Jesucristo.

Præfatio Paschalis
Vere dignum et justum est, æquum et salutáre: Te quidem, Dómine omni témpore, sed in hac potíssimum die (Vel in hoc potíssimum) gloriósius prædicáre, cum Pascha nostrum inmolátus est Christus. Ipse enim verus est Agnus, qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit. Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cæléstis exércitus, hymmum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes: Sanctus, Santus, Sanctus * Dóminus Deus Sábaoth. * pleni sunt cæli, et terra glória tua. * Hosánna in excélsis. Benedíctus qui venit in nómine Dómini. * Hosánna in excélsis.
Præfatio Paschalis
Digno y justo es, en verdad, debido y saludable, que en todo tiempo, Señor, pero más señaladamente y con mayor magnificencia te ensalcemos en este día (noche) en que se inmoló Cristo, nuestra Pascua. Porque Él es el verdadero Cordero, que quitó los pecados del mundo. El que muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando renovó nues-tra vida. Por tanto, uniéndonos con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones, y con toda milicia del ejército celestial, entonamos este himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo *Señor Dios de los ejércitos. *Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. *Hosanna en las alturas. Bendito sea el que viene en el nombre del Señor. *Hosanna en las alturas.
Communio Ps. 95.2
Cantáte Dómino, allelúja: cantáte Dómino, et benedícite nomen ejus: bene nuntiáte de die in diem salutáre ejus, allelúja, allelúja.
Communio Ps. 95.2
Cantad al Señor, aleluya, cantad al Señor y bendecid su nombre; anun ciad de día en día su salvación, aleluya, aleluya.
Postcommunio
Tríbue nobis, Dómine, cæléstis mensæ virtúte satiátis: et desideráre quæ recta sunt, et desideráta percípere. Per Dóminum.

Postcommunio 2 de Santa María.
Sumptis, Dómine, salútis nostae subsídiis: da, quaésumus, beátæ Maríæ semper Virginis patrocíniis nos ubíque protegi; in cujus veneratióne hæc tuæ obtúlimus majestátis. Per Dóminum.

3Postcommunio contra persecutores Ecclesiæ
Quaésumus, Dómine Deus noster: ut, quos divína tríbuis participatióne gaudére, humánis non sinas subjacére perículis. Per Dóminum nostrum.

Postcommunio
Haz, Señor, que, alimentados con la virtud de la Mesa celestial, deseemos lo que es recto y recibamos lo deseado. Por nuestro Señor Jesucristo.

Postcommunio 2 de Santa María.
Recibidos los auxilios de nuestra salud, rogámoste, Señor, que en todo lugar nos ampare la protección de la bienaventurada siempre Virgen María, en cuya veneración los hemos ofrecido a tu Majestad. Por nuestro Señor Jesucristo.

3Postcommunio contra persecutores Ecclesiæ
Te rogamos, Señor Dios nuestro: que pues nos admites a participar del Don divino, no nos dejes caer en los peligros humanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

arriba

DOMINICA QUINTA DESPUÉS DE PASCUA

4.- El Eclesiástico (II, 11) dice: Nullus speravit in Dómino, et confusus est: que ninguno que confió en el Señor, quedo burlado. ¡Oh, como alientan a los pecadores estas palabras! Por muchas iniquidades que haya cometido, jamás ha habido alguno que haya puesto su confianza en Dios y que el Señor haya abandonado. El que le ruega con confianza, obtiene todo cuanto le pide: Omnia quæcumque orantes petitis, credite quia accipietis, et evenient vobis. (Marc. XI, 24) Cuando las gracias que pedimos son espirituales y útiles al alma, estemos seguros que las alcanzaremos. Por esto el Señor nos enseño, que cuando le pidamos alguna gracia, le llamemos con el nombre de Padre; Pater noster: para que recurramos a El con aquella confianza que suele recurrir un hijo al padre que le ama.

 

5.- Si atendemos, pues, a las promesas que nos ha hecho Jesucristo de escuchar a quien le ruega, ¿quien puede recelar, dice San Agustín, que falte a su promesa la misma verdad? ¿Quis falli metuet, dum promitit veritas? ¿s por ventura Dios, dice la Escritura, semejante a los hombres, que prometen y no cumplen, o porque mienten en prometer, o porque mudan de parecer después de haber prometido? Non est Deus quasi homo, ut mentiatur, nec ut filius hominis mutetur, Dixit ergo, et non faciet? (Num. XXIII, 19) Nuestro Dios no puede mentir, porque es la misma verdad; no puede mudarse, porque es la justicia, la rectitud, y sabe las consecuencias de cuanto dispone. ¿Como, pues, ha de dejar de cumplir lo que nos prometió?

 

6.- Por lo mismo que desea nuestro bien, nos exhorta y nos incita a que le pidamos las gracias que necesitamos. Por eso nos dice por San Mateo (VII, 7): Pedid y os dará; buscad y hallareis; llamad, y os abrirán: Patite et dabitur vobis: quærite et invenietis: pulsate et aperietur vobis. Y ¿y como había de exhortar a que le pidamos gracias dice San Agustín, si no tuviese voluntad de dárnoslas? Non nos hortarteur, ut potemus, nisi dare vellet. (De Verb. Dom. serm. 5) Y debemos estar tanto mas confiados en que nos dará lo que pedimos, en cuanto El mismo se obligo a oír nuestras suplicas: Promittendo debitorem se fecit. (S. Aug. ibid. serm. 2)

 

7.- Pero, dirá alguno: yo tengo poca confianza en Dios porque soy pecador: le he sido muy ingrato, y conozco que no merezco ser oído. Santo Tomas le contesta diciendo: que nuestras suplicas no se apoyan en nuestros meritos, sino en la divina misericordia: Oratio in impetranto non innititur nostris meritis ser soli divinæ misericordiæ (S. Thom. 2, 2q. 178, a. 2, ad. 1.) Siempre que le pidamos cosas útiles a nuestra eterna salvación y le suplicamos con confianza, Dios nos escucha. He dicho <<cosas útiles a la salvación>>, porque si fuesen cosas novicias a nuestras almas, el Señor no nos oye ni puede oírnos. Por ejemplo, si alguno quisiese vengar una injuria, o llevar acabo una ofensa a Dios, y le pidiese su auxilio con este fin, seguramente el Señor no le oiría, porque, en tal caso, dice San Juan Crisóstomo, es una ofensa a Dios la misma suplica; y nunca debemos pedir a Dios cosas malas eh injustas: Quia orat et peccat, non rogat Deum, sed eludit (S. Joann Chrys. Hom 11 in Math. 6).

 

8. Del mismo modo, si imploráis el auxilio divino y queréis que el Señor os ayude, es preciso que vosotros no pongáis ningún impedimento que os haga indignos de ser oídos. Por ejemplo, si pidiereis a Dios que os de fuerzas para no reincidir en el pecado, y no quisieseis evitar las ocasiones de pecar, ni absteneros de frecuentar tal casa, ni alejaros de tal objeto, o de tal mala compañía, Dios no os escuchara; porque pondréis un impedimento para que oiga nuestra plegaria. opposuisti nubem tibi ne transeat oratio. (Thren. III, 44.) Si después pecáis, no debéis quejaros de Dios, diciendo: He pedido al Señor fuerzas para no recaer en el pecado, mas no me ha oído. Porque esto seria desconocer que vosotros pusisteis impedimento, no quitando la ocasión, inutilizando de este modo nuestra suplica, y haciendo que Dios no la oyera.

 

9.- Es preciso también advertir, que la promesa que hizo Jesucristo de oír al que suplica, no se entiende respecto a las gracias temporales que le pedimos, como ganar un pleito, tener una buena cosecha, librarnos de alguna enfermedad o persecución; porque, aunque Dios concede también estas gracias cuando se las pedimos, solamente las concede cuando son útiles a nuestra salud espiritual, pues de otro modo nos las niega porque nos ama, sabiendo que tales gracias serian desgracias para nosotros y dañaría a nuestra alma. Dice San Agustín (tomo III, cap. 212), que lo que es útil al enfermo lo conoce mejor el medico que el enfermo mismo: Quid infirmo sit utile, magis novit medicus, quam ægrotus. Añade, que Dios niega alguno por misericordia, lo que concede a otros por castigo: Deus negat propitius, quæ concedit iratus. Por esto San Juan Damasceno dice: que cuando no conseguimos las gracias que pedimos, debemos alegrarnos, porque es mejor para nosotros que tales gracias nos sean negadas, que concedidas: Etiam si non accipias non accipiendo accepisti, interdum enim non accipere, quam accipere satius est. (S. Joann. Damasc. Paral. lib. III, cap. 15.) Sucede, en efecto, que muchas veces pedimos el veneno que no ha de matar. ¡Cuantos, por ejemplo, se hubiesen salvado, si hubieran muerto durante el estado de aquella enfermedad o pobreza que sufrían! Pero, porque recobraron la salud, o porque consiguieron grandes honores y dignidades, se aumento su soberbia, se olvidaron de Dios, y se condenaron. Por este motivo nos exhorta San Juan Crisóstomo, a dejar a la voluntad de Dios que nos conceda lo que pedimos, si es que nos conviene: Orantes in ejus potestate ponamus, ut nos illud, petentes exaudiat, quod ipse nobis expedire, cognoscit. (Hom. XV, in Matth.) Debemos, por tanto, pedir a Dios las gracias temporales, siempre con la condición de que sean útiles a nuestra alma.

 

10.- Al contrario, las gracias espirituales, como son el perdón de los pecados, la perseverancia en la virtud, el amor a Dios, debemos pedirlas absolutamente y sin condición, con firme esperanza de obtenerlas. Dice Jesucristo por San Lucas (XI, 13): que si los hombre, siendo malos, como son, saben a sus hijos dar cosas buenas que no les sean perjudiciales, mucho mejor sabrá el Padre celestial dar la virtud, el arrepentimiento  de las culpas, el divino amor, la conformidad a la divina voluntad a los que le piden estas cosas: Si vos cum sitis mali, nostis bona data daræ filius vestris: quanto magis Pater vester de cælo dabit spiritum bonum petentibus se? Y ¿Como podrá Dios, dice San Bernardo, negar a los que le piden las gracias convenientesa su salvación, cuando El mismo nos exhorta a todos a que le pidamos? Quando Deus negabit petentibus, qui etiam non petentes hortatur ut petent. (S. Bern, serm. 2, de S. Andr.)

 

11. Cuando al Señor se le pide, no atiende a si es justo o pecador el que ruega; porque El mismo dijo generalmente respecto a todos: Omnis enim, qui petit, accipit. (Luc. XI, 10.) El autor de la obra imperfecta interpreta estas palabras, y dice: Omnis <<quiere decir todo hombre justo o pecador>>. (Hom. 18) Y Jesucristo, para animarnos a pedir con gran confianza estas gracias espirituales, nos dijo: En verdad os digo, que mi Padre os concederá cuanto pidiereis en mi nombre: Amen, amen dico vobis, si quid petieritis Patrem in nomine meo, dabit vobis. (Joann. XXIII, 23.) Como si dijera: Pecadores si vosotros no merecéis obtener las gracias, yo tengo grandes meritos ante mi Padre; pedid en mi nombre, es decir, por mis meritos, y os prometo que obtndreis cuanto pidiereis.

 

Punto III.

Se debe pedir con perseverancia.

12. Sobre todo, debemos pedir con grande perseverancia hasta la muerte, sin cansarnos jamás de hacerlo. Esto nos dará a entender aquellos textos de la santa Escritura: Oportet semper orare: Conviene orar perseverantemente. (Luc. XVIII, 1) Vigilate itaque, omni tempore orantes: Velad, pues, orando en todo tiempo. (Luc. XXI, 36.) Sine intermissione orate: Orad sin intermicion (I. Thess.v. 17.) Por esta razón el Eclesiástico nos amonesta, diciendo: Non impediaris orare semper. Nada te detenga de orar siempre que puedas (Eccl. XVIII, 22.); porque dejando de orar, nos privaremos de los auxilios divinos, y quedaremos vencidos en las tentaciones. La perseverancia en la gracia de Dios es un don absolutamente gratuito, que no podemos merecer nosotros, como lo declaro el concilio del Trento (sess. 6, cap.); pero San Agustín dice: que este don puede merecerse suplicando, o por medio de la oracion: Hoc Dei donum suppliciter emereri potest, idest, suplicando, impetrare. (S. Aug. de Dono persev. cap. 6.) y por esto dice el cardenal Berlamino, que la gracia de la perseverancia debe pedirse cada día, para obtenerla todos los días: Quotidie petenda est, ut quotidie obtineatur. De otro modo caeremos en pecado el día que dejemos de pedirla al Señor.

 

13. Si queremos, pues, perseverar y salvarnos, porque sin la perseverancia ninguno se salva, debemos pedir continuamente. Nuestra perseverancia hasta la muerte, no solamente depende de un auxilio, sino de muchos los cuales esperamos alcanzar de Dios durante toda nuestra vida, para conservarnos en su santa gracia. Pues a esta cadena de los auxilios divinos, debemos corresponder con la cadena de nuestras suplicas, sin la cual el Señor no suele dispensar la gracia. Y si nosotros interrumpimos la cadena de las suplicas, y dejamos de pedir, el Señor interrumpirá también la cadena de los auxilios, y perderemos la perseverancia. Dice San Lucas (XI, 5, 8.): Si alguno de nosotros tuviese un amigo, y fuese a encontrarle a media noche, y a decirle: Amigo préstame tres panes, porque otro amigo mió acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle, aunque aquel, desde adentro le respondiese: <<No me molestes, la puerta esta ya cerrada, y mis criados están como yo acostados: no puedo levantarme  dártelos:>> si el otro confiase en llamar y mas llamar, yo os aseguro que cuando no se levantase a dárselos en razón de su amistad, a lo menos para librarse de su impertinencia, se levantaría, al fin, y le daría cuanto hubiese menester Et si non dabit illi sur gens eo quod amicus ejus sit, proter improbitatem tamem ejus surget dabit illi quotquot habet necesarios. Pues si al amigo le dais tres panes para que no os importune, ¿cuanto mejor, dice San Agustín, nos dará Dios lo que le pedimos con instancia, cuando nos exhorta a que le pidamos, y se disgusta si no le pedimos?

 

14. Los hombres se incomodan cuando se les importuna, pidiendo alguna cosa; mas Dios nos exhorta a que le pidamos continuamente; y no se incomoda, antes se complace en ver que le pedimos insensantemente. Escribe Cornelio a Lapide (in Lucas. 11.): que el Señor quiere que perseveremos, pidiéndole hasta ser importunos: Vult nos esse perseverantes un oratione, usque ad importunitatem. Y antes que el, dijo San Jerónimo: que este importunidad con Dios es oportuna, porque el mismo nos dijo por San Lucas (XI. 9): <<Pedid, y se os dará; buscad, y hallarais; llamad, y se os abrirá.>> Bastaba que se nos hubiese dicho, petite, pedid; pero quiso añadir: quærite, pulsate, buscad, llamad; porque con estas palabras quiso darnos a entender lo que debemos practicar siempre al pedirle una gracia, es decir, lo mismo que practican los pobres mendicantes cuando piden limosna, que aunque se les despida, no dejen por eso de pedir y de insistir hasta que se les da.

 

15.   Luego, si queremos que Dios nos conceda la perseverancia, debemos pedírsela hasta ser inoportunos al levantarnos por la mañana, cuando oramos, cuando oigamos misa, cuando visitamos el santísimo Sacramento, cuando nos acostamos, y, especialmente, cuando nos induce el demonio a cometer algún pecado, de manera, que debemos estar siempre con la boca abierta, suplicando y diciéndole: Señor, ayúdame, asistidme, alumbradme, dadme fuerzas, no me abandonéis.  Y esta inoportunidad con la que suplicamos, no le incomoda, como dice Tertuliano: Hæc vis grata Deo, antes bien le es muy agradable, y le mueve a concedernos cuanto le suplicamos. Y por lo mismo que se complace en ver honrada a su santísima Madre, quiere también, como dice San Bernardo, que recibamos por intercesión de Ella todas las gracias que nos dispensa. Acerca de esta poderosa intercesión, añada también el mismo Santo: Quæramus gratiam, et par Mariam quæramus; quia Mater est, frustraria non potest: Pidamosle la gracia por medio de Maria, y no puede negarle cosa alguna. (S. Bern. de Aqæd.) ¡Ea, pues, amados oyentes míos! si queréis que Dios os conceda la perseverancia en la virtud, y la gracia divina que necesitáis para salvaros, pedidla con confianza a Dios incesantemente, cuando os levantéis, cuando coméis, cuando os acostéis, de día, de noche, y, especialmente, cuando nos veáis tentados por el enemigo de vuestras almas; y poner como mediadora a la Virgen Maria, su Purísima Madre, que es consuelo de los pecadores, el auxilio de los afligidos y la fuente de toda gracia.

arriba