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Semiduplex Con claridad cada vez mayor. Jesús promete, en el Evangelio de hoy, que enviará al Espíritu Santo. Ojalá nos uniésemos, como preparación en su venida, al anhelo de la Iglesia en la Oración de esta Misa. Practicando la pureza y mansedumbre, a la que nos exhorta en la Epístola. |
Dominica Quarta post Pascha Semiduplex
Con claridad cada vez mayor. Jesús promete, en el Evangelio de hoy, que enviará al Espíritu Santo. Ojala nos uniésemos, como preparación en su venida, al anhelo de la Iglesia en la Oración de esta Misa. Practicando la pureza y mansedumbre, a la que nos exhorta en la Epístola. |
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Introitus Ps. 97, 1 et 2 Cantáte Dómino cánticum novum, allelúja: quia mirabília fecit Dóminus, allelúja: ante conspéctum géntium revelávit justítiam suam, allelúja, allelúja, allelúja. Ps.ibid., 1 Salvávit sibi déxtera ejus: et bráchium sanctum ejus. V. Glória Patri. Cantáte. |
Introitus Ps. 97, 1 et 2 Cantad al Señor un cántico nuevo, aleluya; porque el Señor ha obrado maravillas, aleluya; ha manifestado su justicia ante las naciones, aleluya, aleluya, aleluya. Ps.ibid., 1 Su diestra y su santo brazo le salvaron. Gloria al Padre. Cantad. |
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Colecta Deus, qui fídélium mentes uníus éfficis voluntátis: da pópulis tuis id amáre quod præcipis, id desideráre quod promíttis; ut inter mundánas varietátes ibi nostra fíxa sint corda, ubi vera sunt gáudia. Per Dóminum.
2 de Santa María. Concéde nos fámulos tuos, quaesumus, Dómine Deus, perpétua mentis et córporis sanitáte gaudére: et gloriósa beátae Maríae semper Vírginis intercessióne, a praesénti liberári, tristítia, et aetérna pérfrui laetítia. Per Dóminum.
3 contra persecutores Ecclesiæ Ecclésiæ tuæ, quaésumus, Dómine, preces placátus admítte: ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, secúra tibi sérviat libertáte. Per Dóminum. |
Colecta Oh Dios, que unes en un mismo querer las almas de tus fieles, concede a tu pueblo amar lo que mandas y desear lo que prometes, para que, entre las humanas vicisitudes, estén fijos nuestros corazones allí donde están los verdaderos goces. Por nuestro Señor Jesucristo.
2 de Santa María Suplicamos, Señor Dios, nos concedas a tus siervos gozar perpetua salud de alma y de cuerpo; y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de la tristeza presente y gocemos de la eterna alegría. Por nuestro Señor Jesucristo.
3 contra persecutores Ecclesiæ Rogámoste, Señor, acojas benigno las suplicas de tu Iglesia; para que, destruida toda contradicción y error, te sirva con segura libertad. Por nuestro Señor Jesucristo. |
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Léctio Epístolæ beáti Jacóbi Apóstoli Jac. 1,17-21 Caríssimi: Omne datum óptimum, et omne donum perféctum desursum est, descéndens a Patre lúminum, apud quem non est transmutátio, nec vicissitúdinis obumbrátio. Voluntárie enim génuit nos verbo veritátis, ut simus inítium áliquod creatúræ ejus. Scitis, fratres mei dilectíssimi. Sit autem omnis homo velox ad audiéndum: tardus autem ad loquéndum, et tardus ad iram. Ira enim viri, justítiam Dei non operátur. Propter quod abjiciéntes omnem immundítiam, et abundántiam malítiæ, in mansuetúdine suscípite ínsitum verbum, quod potest salváre ánimas vestras. |
Léctio Epístolæ beáti Jacóbi Apóstoli Jac. 1,17-21 Carísimo: Toda dádiva preciosa y todo don perfecto, de arriba viene; procede del Padre creador de los astros, en quien no cabe mudanza, ni movimiento. Porque de su voluntad nos ha engendrado con la palabra de la verdad, para que fuésemos primicias de su creación. Bien lo sabéis, hermanos míos muy queridos. Y así sea todo hombre pronto para oír, tardo en hablar y en la ira; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, dando de mano a toda mancha y exceso vicioso, recibid con docilidad la palabra divina injerida en vosotros y que puede salvar vuestras almas. |
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Allelúja, allelúja. V. Ps.117,16 Déxtera Dómini fecit virtútem: déxtera Dómini exaltávit me. Allelúja. V. Rom. 6, 9 Christus resúrgens ex mórtuis, jam non móritur: mors illi ultra non dominábitur. Allelúja. |
Aleluya, aleluya. V. Ps.117,16 La diestra del Señor hizo proezas; la diestra del Señor me ensalzó. Aleluya. V. Rom. 6, 9 Cristo, resucitado de entre los muertos, no muere ya otra vez; la muerte no tendrá ya do-minio sobre Él. Aleluya. |
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Sequéntía sancti Evangélii secúndum Joánnem Joann. 16, 5-14 In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Vado ad eum, qui misit me: et nemo ex vobis intérrogat me: Quo vadis? Sed quia hæc locútus sum vobis, tristítia implévit cor vestrum. Sed ego veritátem dico vobis: éxpedit vobis ut ego vadam: si enim non abíero, Paráclitus non véniet ad vos: si autem abíero, mittam eum ad vos. Et cum vénerit ille, árguet mundum de peccáto, et de justítia, et de judício. De peccáto quidem, quia non credidérunt in me: de justítia vero, quia ad Patrem vado, et jam non vidébitis me: de judício autem, quia princeps hujus mundi jam judicátus est. Adhuc multa hábeo vobis dícere: sed non potéstis portáre modo. Cum autem vénerit ille Spíritus veritátis, docébit vos omnem veritátem. Non enim loquétur a semetípso: sed quæcúmque áudiet, loquétur, et quæ ventúra sunt, annuntiábit vobis. Ille me clarificábit: quia de meo accípiet, et annuntiábit vobis. Credo. |
Sequéntía sancti Evangélii secúndum Joánnem Joann. 16, 5-14
Dijo Jesús a sus discípulos: Voy a Aquel que me envió; y ninguno me pregunta: ¿A donde vas? Porque os he dicho estas cosas, vuestro corazón se llenó de tristeza. Mas yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros, mas si me voy, os lo enviaré. Y cuando Él venga, convencerá al mundo de su pecado, de mi santidad y del juicio contra Luzbel. De su pecado, porque no creyeron en mi; respecto de mi santidad porque me voy al Padre, y ya no me veréis; del juicio, porque el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. Aun tengo muchas cosas que deciros; mas ahora no podéis comprenderlas. Cuando venga el Espíritu de verdad, os enseñará toda verdad, pues no hablará de suyo, sino que dirá todo lo que oyere y os anunciará lo venidero. Él me glorificará; porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Credo. |
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Offertorium Ps. 65,1-2 et 16 Jubiláte Deo, univérsa terra, psalmum dícite nómini ejus: veníte, et audíte et narrábo vobis, omnes qui timétis Deum, quanta fecit Dóminus ánimæ meæ, allelúja. |
Offertorium Ps. 65,1-2 et 16 Toda la tierra aclame a Dios: cantad salmos a su nombre. Venid oíd cuantos teméis a Dios, y os contaré cuan grandes cosas hizo el Señor a mi alma, aleluya. |
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Secreta Deus, qui nos per hujus sacrifícii veneránda commércia, uníus summæ divinitátis partícipes effecísti: præsta, quaésumus; ut, sicut tuam cognóscimus veritátem, sic eam dignis móribus assequámur. Per Dóminum.
Secreta 2 de Santa María Tua, Dómine, propitiatióne, et beátae Maríae semper Vírginis intercessióne, ad perpétuam atque præséntem haec oblátio nobis profíciat prosperitátem et pacem. Per Dóminum.
3 Secreta contra persecutores Ecclesiæ Prótege nos, Dómine, tuis mystériis servientes: ut, divínis rebus inhæréntes, et córpore tibi famulémur, et mente. Per Dóminum. |
Secreta Oh Dios, que por la venerable recepción de este sacrificio nos haces partícipes de la única Divinidad, haz, te rogamos, que, pues conocemos tu verdad, la alcancemos con la santidad de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.
Secreta 2 de Santa María Por tu benignidad, Señor, y por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, esta ofrenda nos alcance la prosperidad y paz presente y perdurable. Por nuestro Señor Jesucristo.
3 Secreta contra persecutores Ecclesiæ Protege, Señor, a los que te servimos en tus misterios; para que, consagrados a las cosas divinas, te sirvamos con cuerpo y alma. Por nuestro Señor Jesucristo. |
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Præfatio Paschalis Vere dignum et justum est, æquum et salutáre: Te quidem, Dómine omni témpore, sed in hac potíssimum die (Vel in hoc potíssimum) gloriósius prædicáre, cum Pascha nostrum inmolátus est Christus. Ipse enim verus est Agnus, qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit. Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cæléstis exércitus, hymmum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes: Sanctus, Santus, Sanctus * Dóminus Deus Sábaoth. * pleni sunt cæli, et terra glória tua. * Hosánna in excélsis. Benedíctus qui venit in nómine Dómini. * Hosánna in excélsis. |
Præfatio Paschalis Digno y justo es, en verdad, debido y saludable, que en todo tiempo, Señor, pero más señaladamente y con mayor magnificencia te ensalcemos en este día (noche) en que se inmoló Cristo, nuestra Pascua. Porque Él es el verdadero Cordero, que quitó los pecados del mundo. El que muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando renovó nuestra vida. Por tanto, uniéndonos con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones, y con toda milicia del ejército celestial, entonamos este himno a tu gloria, diciendo sin cesar: Santo, Santo, Santo *Señor Dios de los ejércitos. *Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. *Hosanna en las alturas. Bendito sea el que viene en el nombre del Señor. *Hosanna en las alturas. |
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Communio Joann. 16,8 Cum vénerit Paráclitus Spíritus veritátis, ille árguet mundum de peccáto, et de justítia, et de judício, allelúja, allelúja. |
Communio Joann. 16,8 Cuando viniere el Espíritu consolador, convencerá al mundo de su pecado, de mi justicia y del juicio contra Luzbel, aleluya, aleluya. |
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Postcommunio Adésto nobis, Dómine Deus noster: ut per hæc, quæ fidéliter súmpsimus, et purgémur a vítiis, et a perículis ómnibus eruámur. Per Dóminum.
Postcommunio 2 de Santa María. Sumptis, Dómine, salútis nostae subsídiis: da, quaésumus, beátæ Maríæ semper Virginis patrocíniis nos ubíque protegi; in cujus veneratióne hæc tuæ obtúlimus majestátis. Per Dóminum.
3Postcommunio contra persecutores Ecclesiæ Quaésumus, Dómine Deus noster: ut, quos divína tríbuis participatióne gaudére, humánis non sinas subjacére perículis. Per Dóminum nostrum. Per Dóminum. |
Postcommunio Asístenos, Señor Dios nuestro, para que, por este sacramento que fielmente hemos recibido, seamos purificados de culpas y librados de todo peligro. Por nuestro Señor Jesucristo.
Postcommunio 2 de Santa María. Recibidos los auxilios de nuestra salud, rogámoste, Señor, que en todo lugar nos ampare la protección de la bienaventurada siempre Virgen María, en cuya veneración los hemos ofrecido a tu Majestad. Por nuestro Señor Jesucristo.
3Postcommunio contra persecutores Ecclesiæ Te rogamos, Señor Dios nuestro: que pues nos admites a participar del Don divino, no nos dejes caer en los peligros humanos. Por nuestro Señor Jesucristo. |
Para la Dominica Cuarta después de Pascua
De la obediencia debida al Confesor
¿Quo vadis?
¿A dónde vas?
Para llegar al paraíso es preciso caminar por la senda que a el conduce. Muchos cristianos que tienen fe, pero no tienen costumbres, viven en pecado, sumergidos enteramente en placeres y en los intereses de este mundo. Si preguntáis a uno de ellos: Hermano mío, tú eres cristiano, que crees en la vida eterna, y que hay Paraíso o infierno eterno; pero, dime: ¿Te quieres salvar? Yo te pregunto con las palabras del Evangelio de hoy: ¿Quo vadis? ¿A dónde vas a parar? Responderá: no lo se, pero espero que Dios me salvará. Dices bien que no lo sabes; mas, ¿Cómo quieres que Dios te salve si quieres vivir como un réprobo? ¿Cómo quieres ir al Paraíso, si andas por el camino del infierno? Para salvarte es preciso que dejes ese camino y por tanto que busques a un buen Confesor que te guíe por la senda del Paraíso, y que le obedezcas puntualmente. Jesucristo dijo por San Juan: Oves meæ vocem meam audiunt: Mis ovejas oyen la voz mía. (Joann. X, 27) En este mundo no nos habla ni nos hace oír su voz Jesucristo cara a cara; pero nos ha dejado en su lugar a los Sacerdotes, y nos ha hecho saber, que quien los escucha a ellos, escucha al mismo Jesucristo: y que quien a ellos desprecia, a Jesucristo desprecia: Qui vos audit., me audit.; et qui vos spernit, me spernit. (Luc. X, 16.) Dichosos, pues, aquellos que obedecen a su confesor, y ay de los que no le obedecen; porque manifiestan con su desobediencia, que no son ovejas del rebaño de Jesucristo. Quiero por tanto manifestaros hoy:
Punto 1.º: Cuan seguro está de salvarse e que obedece a su confesor.
Punto 2.º: En cuan grave peligro está de condenarse el que no le obedece.
PUNTO 1
Cuan seguro está de salvarse el que obedece
a su confesor
1. Gran beneficio nos ha dispensado Dios, dejándonos a nuestros padres espirituales para que nos guíen por el camino de la salvación. Para salvarnos debemos seguir la voluntad de Dios, en todo aquello que exige de nosotros. Pero pregunto ¿Qué es lo que debemos hacer para salvarnos y ser santos? Algunos piensan, que el ser santos consiste en muchas penitencias. Pero si uno estuviese enfermo y quisiese hacer tantas penitencias que le pusieren en peligro próximo de morir, ¿ese tal se haría santo de esa suerte? No, antes pecaría. Otros creen, que la perfección consiste en orar mucho; pero si un padre de familia abandonase la educación de sus hijos, y se retirase a un desierto a orar, este también pecaría, porque aunque la oración es buena, un padre está obligado a cuidar de sus hijos; y con mayor motivo, cuando puede cuidarlos y orar sin retirarse al desierto. Otros se figuran, que la santidad consiste en frecuentar la santa Comunión: pero si una mujer casada quisiese comulgar todos los días, y el marido se lo prohibiese justamente, porque haciéndolo ella así resultaba algún daño a la familia, ésta también obraría mal y tendría que dar cuenta a Dios. ¿En que consiste pues el ser santo? Consiste en hacer perfectamente la voluntad de Dios. Y si no decidme: ¿de donde nacen todos los pecados que conducen a tantas almas al infierno? De nuestra propia voluntad. Cesemos pues, dice San Bernardo, de hacer nuestra voluntad, hagamos la de Dios y no habrá infierno para nosotros: Cesset propria voluntas, et infernus non erit.( S. Bernard. Serm. III, de Resurr.)
2. Pero dirá alguno: ¿Cómo conoceremos nosotros la voluntad de Dios? Negocio es este muy dudoso y obscuro para nosotros. Muchos son los que te engañan acerca de este punto, porque la pasión les hace creer muchas veces que hacen la voluntad de Dios, cuando, en realidad hacen la suya propia. Mas demos gracias a la bondad de Jesucristo, que nos ha enseñado el modo seguro de hacer su divina voluntad en cuanto obremos, expresada en aquellas palabras: Qui vos audit., me audit.: El que oye a su confesor, me oye a mí. Consulte el pecador a su confesor, con el propósito de no hacer sino lo que el le aconseje; porque este es el modo seguro de hacer la voluntad de Dios. Así se explica santa Teresa en su libro de las fundaciones: cap. 10. Y por eso confesaba la Santa después, que por este medio, es decir, por la voz de su confesor, había aprendido a conocer y a amar a Dios. Hablando a San Francisco de Sales de la obediencia que se debe al confesor, refiere lo que decía el venerable Ávila: En vano buscaríais la voluntad de Dios, porque no la hallaríais sino en la humilde obediencia debida al confesor, que tanto recomendaron y practicaron los antiguos cristianos, que fueron modelos de devoción.
3. El que sigue los consejos del confesor, siempre da gusto a Dios, cuando ora, cuando se mortifica, cuando comulga y cuando deja de hacer todo esto por obedecer al confesor. De este modo siempre merece, ora se recree, ora coma o beba, obedeciendo al confesor; porque siempre hace la voluntad de Dios. Por esto dice la escritura: Mejor es la obediencia que los sacrificios innecesarios: Melior est obedientia, quam stultorum victimæ.(Eccl. IV, 17.) Gusta mas a Dios la obediencia que todos los demás sacrificios de penitencias, limosnas y otras mortificaciones semejantes. El que sacrifica a Dios sus vestidos, dándolos de limosna; su honor, sufriendo las injurias; su cuerpo, mortificándolo con ayuno y penitencias, le da parte de sí y de sus cosas; mas el que sacrifica su voluntad, sometiéndola a la obediencia del confesor, le da todo cuanto tiene, y entonces puede decir al Señor: Habiéndoos dado ya mi voluntad, no os puedo dar nada mas.
4. Por consiguiente, la obediencia que prestamos al confesor, es la cosa mas agradable que podemos ofrecer a Dios, y la mas segura para hacer su divina voluntad. Dice un piadoso escritor, que Dios no nos pide cuenta de lo que practicamos por obediencia. El apóstol San Pablo dijo: Obedite præpósitis vestris, et subjacete eis; ipsi enim perviglant, quasi rationem pro animabas vestris redíturi: Obedecer a vuestros superiores, y estadles sumisos, ya que ellos velan, como que han de dar cuenta a Dios de vuestras almas. (Hebr. XIII, 17.) ¿Quién ignora, pues, que el confesor es el custodio espiritual, el superior y el encargado de nuestra salvación? ¡Cuánto gimen los confesores cuando los penitentes se resisten a obedecerles con pretextos y excusas injustas! Obedezcamos pues sin réplica a los pastores de nuestras almas, y estemos seguros de que será grato a Dios cuanto obremos, San Felipe Neri decía: “ Los que deseen aprovechar el camino de la salvación sométanse a un confesor docto, y obedézcanle como a Dios: quien así lo haga, se descarga de dar cuenta a Dios de sus acciones”. Por lo tanto, si tu obedeces al confesor, Jesucristo te preguntará el día del juicio: ¿Por qué elegiste tal estado de vida? ¿Por qué comulgaste tan a menudo? ¿Por qué dejaste de hacer aquellas penitencias? Tú le responderás: Señor, porque me lo mandó el confesor; y entonces Jesucristo no podrá dejar de aprobar cuanto hiciste.
5. Refiere el P. Marchese (Diar. Domen) que Santo Domingo en cierta ocasión, tuvo escrúpulo en obedecer a su confesor, y que el Señor le dijo: ¿Quid dubitas obedire tuo directori? Omnia quoe dicit proderun tibi. San Bernardo escribe, que lo que manda aquel que está en lugar de Dios, siempre que no sea manifestante malo, debe aceptarse como si lo mandase Dios mismo: Quidquid vice Dei præcipit quod non sit tamen certum displícere Deo, haud secus omnino accipiendum est quam si Deus præcipiat. (S. Bernard. De præcept. Et discipl. Cap. 11) Y Juan Gerson refiere, que teniendo escrúpulo de celebrar misa un discípulo de San Bernardo, le mandó el santo que fuese a celebrarla: el discípulo obedeció y quedó libre de escrúpulos. Pero me dirá alguno: Mi confesor no es un San Bernardo. A esta objeción responde el mismo Gerson con estas mismas palabras: Quisquis ista dicis, erras; non enim te commissisti in mánibus hóminis, quia litteratus est, sed quia tibi est præpositus, quamobrem obedias illi non ut homini sed ut Deo. Yerras tú que me objetas esto; porque no te pusiste en manos de tu confesor porque sea literato, sino porque te lo mandó Dios; y así que debes obedecerle, no como el que obedece a un hombre, sino como el que obedece a Dios.
6. Escribe san Gregorio, que justamente dice el Sabio e los proverbios (XXI, 28), que el obediente cantará la victoria: Vir obediens loquetur victoriam. Porque así como él sujeta la voluntad de los hombres obedeciendo, así se hace superior a los demonios, que fueron sepultados en el infierno por desobediencia: victores sunt qui obediunt, quia dum voluntatis aliis subjiciunt, ipsis lapsis per obedientiam angelis anominantur. (S. Grez. In lib. Reg. Cap.10) Casiano dice también, que el que doma su propia voluntad, doma al mismo tiempo todos los vicios, porque todos ellos nacen de nuestra propia voluntad: Mortificatione voluntatis marcescunt vitia universa. Además el que obedece a su confesor, triunfará de todos los lazos del demonio, el cual, muchas veces, pretextando nuestro bien, hace que nos expongamos a las ocasiones de pecar o que adoptemos ciertos proyectos que nos parecen santos, y pueden ser muy funestos en nuestra salvación. De esta manera, suele el enemigo de nuestras almas, mover a ciertas personas devotas a que se entreguen a penitencias demasiado rígidas, para que perdiendo presto la salud, las abandonen inmediatamente, y vuelvan a la vida muelle y ociosa. Eso es lo que suele suceder al que obra según su capricho; mas el que se deja guiar por su confesor, no tiene que temer este peligro.
7. También suele el demonio, amedrentar a las almas escrupulosas con otro engaño, haciéndolas temer, que pecarán si hacen lo que manda el confesor. Acerca de este punto os diré, que conviene desperdiciar esos vanos temores; porque todos los doctores y maestros espirituales enseñan, que cuando el confesor nos ha aconsejado alguna cosa, debemos vencer el escrúpulo y obedecerle: Contra illos est agendum, es doctrina de Natal Alejandro, quien, con San Antonio, y Gersón, reprende al penitente escrupuloso que no obedece por vanos temores, y le exhorta a vencer esos temores con las siguientes palabras: Caveas ne dum quæris securitatem, precipites te in foveam: Guárdate, no caigas en la trampa que te prepara el demonio, mientras buscas seguridad. Para evitar este lazo, aconsejan todos los maestros espirituales, que se obedezca al confesor, mientras que lo que aconseja no sea manifestadamente malo. Y Dionisio Cartusiano dice, que en caso de duda, se debe obedecer al superior, porque aunque sea malo lo que mande, no peca sin embargo el súbdito que obedece: In dubiis instandum est præcepto prælati, quia etsi contra Deum sit, attamen propter obedientiæ bonum non peccat subditus.(In 2, dist. 39, qu. 3) Escribe Gersón acerca del particular (Tract. De conse et secrup), que una cosa es obrar contra la conciencia formada por la deliberación, y otra el obrar contra el temor de pecar por alguna cosa dudosa; y dice: que debemos desechar este temor y obedecer al confesor: Iste timor quam fieri potest abjiciendus. En suma, el que obedece al confesor, siempre está seguro de acertar. San Francisco de sales dice, como está escrito en su vida: “Que jamás se ha perdido aquel que ha obedecido al confesor”. Y añade, que en el camino de la santificación debemos contentarnos con saber que obramos bien en la opinión de nuestro confesor, sin querer indagar más.
PUNTO II
En cuán grave peligro vive de condenarse aquel
Que no obedece al confesor
8. Dice Jesucristo, que quien escucha a los sacerdotes, a Él escucha; y quien los desprecia a Él desprecia. Lo mismo declaró Dios al profeta Samuel, que se quejaba de verse despreciado del pueblo, después que Dios le había encargado que lo gobernase. Dios le contestó: Non enim te abjecerunt, sed me, ne regnem super eos: No te han desechado a ti, sino a mi, para que no reine sobre ellos. (I. Reg. VIII, 7) De cuya contestación se infiere que quien desprecia al confesor, desprecia a Dios, que le puso en su lugar.
9. San Pablo dice: Obedite præpositis vestris, et subjacete eis… ut cum gaudio hoc faciant, et non gementes, hoc enim non esxpedit vobis: Obedecer a vuestros superiores y estadles sumisos, como que han de dar cuenta a Dios de vuestras almas, para que lo hagan con alegría, y no penando, cosa que no os sería provechosa. (Heb. XIII, 17) Estas palabras manifiestan, que debemos obedecer al confesor y hacer cuanto nos mandare. Algunos penitentes entran en cuestiones con el, para que ordene lo que a ellos les parece; esto, empero, es contra su propio bien, como dice el propio San Pablo: Hoc enim non expedit vobis; porque cuando el confesor advierte que el penitente no le obedece, y que trabaja en vano para hacerle caminar por la senda de la virtud, no quiere dirigirle ya. ¡Ay de aquella nave que se ve abandonada del piloto! ¡ay del enfermo que se ve abandonado del médico! Porque, ¿Qué es lo que hace éste cuando el enfermo no quiere obedecerle, o tomar los remedios que le ordena, o come cuanto se le antoja? Le abandona y le deja hacer su capricho. Pero en tal caso, ¿Qué fin tendrá la salud del enfermo? ¡Ay del penitente que quiera dirigirse el mismo, y no tiene quien le aconseje y le dirija! Porque vendrá a caer en el precipicio. Por eso dice el Eclesiastés: ¡Ay del hombre que está solo!... no tiene quien el levante! Væ soli, quia… non habet sublevantem se. (Eccl. XI, 20)
10. El Espíritu Santo dice a los que vienen a este mundo: In medio laqueorum ingredieris. (Eccl. XI, 20) Los mortales caminamos en este mundo en medio de mil lazos, cuales son las tentaciones del demonio, las ocasiones de pecar, las malas compañías, y las pasiones que nos ciegan frecuentemente. ¿Quién se salvará en medio de tantos peligros? El Sabio dice, que está seguro el que se libra de esos lazos: Qui cavet laqueos securus est (Prov. XI, 15.) Mas; ¿cómo los evitará? Si hubiereis de pasar de noche un bosque lleno de precipicios, sin tener un guía que os dirigiere, y os advirtiere los pasos peligrosos que debías evitar, sin duda estaríais en gran peligro de perecer allí. Vosotros queréis guiaros con vuestro propio juicio en el camino de la salvación, bosque lleno de precipicios y dificultades. Guardaos pues, como dice Dios, no sea que vuestras propias luces se conviertan en tinieblas: Vide ergo, ne lumen quod in te est, tenebræ sint.( Luc. XI, 35.) Aquella luz, aquel don de consejo que tu crees poseer será tu ruina, porque quizá te conducirá a derrumbarte en algún precipicio.
11. Dios quiere que en el camino de la salvación nos sometamos todos a la voluntad de nuestros directores. Así lo practicaron los santos por sabios que fueran: porque quiere el Señor, que en las cosas espirituales nos humillemos todos y nos sujetemos a un director que nos guíe. Dice Gersón, que aquel que abandona al director que le guia y quiere vivir y caminar a su antojo no necesita que le tiente el demonio, porque él es su propio demonio: Qui, spreto duce, sibi dux esse vult, non indiget dæmone tentate, quia factus est sibi ipsi dæmon. (Gers. Cons. Delid. Reg.) Y entonces, viendo Dios que no quiere obedecer a su ministro, le abandona para que siga en pos de los deseos de su corazón: Et dimisi cos secundum decideria cordis corum. (Psal. XXXV, 23.)
12. Está escrito en el libro de los Reyes: Quasi peccatum ariolandi est, repugnare; et quasi scelus idolatriæ, nolle acquiescere (I. Reg. XV, 23) la repugnancia al confesor es como un pecado de magia, y como crimen de idolatría no querer sometérsele. San Gregorio, explicando este texto: que el pecado de idolatría consiste en abandonar a Dios y adorar a l ídolo. Y esto es lo que hace el penitente, cuando desobedece al confesor: por hacer su voluntad, deja de hacer la voluntad de Dios, que le hablaba por medio de su ministro; adora al ídolo de su propia voluntad, y hace cuanto se le antoja. San Juan de la Cruz (Tratado de las espinas, tomo III, col. 4, 2, n. 8), nos dice: “que no adherirse a lo que dice el confesor, es orgullo y falta de fe. Y en efecto, semejante negativa equivale a no dar crédito a Jesucristo, quien nos dice en el santo Evangelio: el que a vosotros escucha, a mi me escucha: Qui vos audit., me audit..
13. Si queremos, pues, salvarnos, amados oyentes míos, procuremos obedecer puntualmente a nuestro confesor; para lo cual debemos elegir uno estable, y no estar mudandote todos los días como hacen muchos. Debe, además, ser in sacerdote instruido, con quien conviene hacer una confesion general, que es in medio seguro para refirmar eternamente nuestra vida, y no mudar de confesor sin poderosos motivos. Santa Teresa se Jesús dice: que siempre que quería mudar de confesor, sentía en su interior una voz que la reprendía mas fuertemente que el mismo confesor.