Dominica Tertia Post Pascha

Propio del tiempo        Sermón        Regresar

Dominica Tertia post Pascha

Semiduplex

Dominica Tertia post Pascha

Semiduplex

Introitus          Ps. 65,1-2

 Jubiláte Deo, omnis terra, allelúja: psalmum dícite nómini ejus, allelúja: date glóriám laudi ejus, allelúja, allelúja, allelúja. Ps. ibid., 3 Dícite Deo, quam terribília sunt ópera tua, Dómine! in multitúdíne virtútis tuæ

Introitus          Ps. 65,1-2

 Aclamad a Dios toda la tierra, aleluya; cantad salmos a su nombre, aleluya; glorificadle, aleluya, aleluya, aleluya. . Ps. ibid., 3 Decid a Dios: ¡Cuan estupendas son, Señor, tus obras! Por tu gran poder se rinden ante ti tus enemigos, V. Gloria al Padre. Aclamad...

Colecta

 Deus, qui errántibus, ut in viam possint redíre justítiæ, veritátis tuæ lumen ostendis: da cunctis qui christiána professióne censéntur, et illa respúere, quæ huic inimíca sunt nómini; et ea quae sunt apta, sectári.

 

Colecta 2 de Santa María.

Concéde nos fámulos tuos, quaesumus, Dómine Deus, perpétua mentis et córporis sanitáte gaudére: et gloriósa beátae Maríae semper Vírginis intercessióne, a praesénti liberári, tritítia, et aetérna pérfrui laetítia.

 

Colecta 3 contra persecutores Ecclesiæ

Ecclésiæ tuæ, quaésumus, Dómine, preces placátus admítte: ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, secúra tibi sérviat libertáte. Per Dóminum.

Colecta

Oh Dios, que muestras la luz de tu verdad a los que yerran, para que vuelvan al camino de justicia, concede a los que profesan la fe cristiana que se aparten de cuanto se opone a la misma y abracen lo que con ella concuerda.

 

Colecta 2 de Santa María.

 Suplicamos, Señor Dios, nos concedas a tus siervos gozar perpetua salud de alma y de cuerpo; y, por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, seamos libres de la tristeza presente y gocemos de la eterna alegría.

 

 

Colecta 3 contra persecutores Ecclesiæ

 Rogámoste, Señor, acojas benigno las suplicas

de tu Iglesia; para que, destruida toda contradicción  y error, te sirva con segura libertad. Por nuestro Señor

Léctio Epístolæ beáti Petri

Apóstoli 1 Petr. 2,11-19

Caríssimi: Obsecro vos tamquam ádvenas, et peregrínos abstinére vos a carnálibus desidériis, quæ mílitant advérsus ánimam, conversatiónem vestram inter gentes habéntes bonam: ut in eo, quod detréctant de vobis tamquam de malefactóribus, ex bonis opéribus vos considerántes, gloríficent Deum in die visitatiónis. Subjécti ígitur estóte omni humánæ creatúræ propter Deum: sive regí, quasi præcellénti: sive dúcibus, tamquam ab eo missis ad vindíctam malefactórum, laudem vero bonórum: quia sic est volúntas Dei, ut benefaciéntes obmutéscere faciátis imprudéntium hóminun ignorántiam: quasi líberi, et non quasi velámen habéntes malítíæ libertátem, sed sicut servi Dei. Omnes honoráte: fraternitátem dilígite: Deum timéte: regem honorificáte. Servi, súbditi estóte in omni timóre dóminis, non tantum bonis, et modéstis, sed étiam dýscolis. Hæc est enim grátia: in Christo Jesu Dómino nostro.

Léctio Epístolæ beáti Petri

Apóstoli 1 Petr. 2,11-19

Carísimos: Os suplico que, como extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales, que luchan contra el alma; viviendo rectamente entre los gentiles; para que, ya que os censuran como a malhechores, al ver vuestras obras buenas, glorifiquen a Dios en el día de su visita. Someteos, por Dios, a toda humana criatura; ya sea al rey, como jefe; ya a los gobernadores, puestos por él para castigo de los malhechores y alabanza de los buenos. Pues ésa es la voluntad de Dios, que obrando bien cerréis la boca de los hombres necios. Como libres; mas no cubriendo la malicia con capa de libertad, obrando como siervos de Dios. Honrad a todos; amad a los hermanos; temed a Dios; respetad al rey. Criados, obedeced con todo temor a los amos, no sólo a los buenos y afables sino aun a los de recia condición. Pues esto agrada a Dios: en nuestro Señor Jesucristo.

Allelúja, allelúja. V. Ps. 110, 9 Redemptiónem misit Dóminus pópulo suo. Allelúja.V. Luc. 24, 46 Oportébat pati Christum, et resúrgere a mórtuis: et ita intráre in glóriam suam. Allelúja.

Aleluya, aleluya. El Señor redimió a su pueblo. Aleluya. Convenía que Cristo padeciese, y que resucitase de entre los muertos y así entrase en su gloria. Aleluya.

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem

Joann. 16, 16-22

 In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Módicum, et jam non vidébitis me: et íterum módicum, et vidébitis me: quia vado ad Patrem. Dixérunt ergo ex discípulis ejus ad ínvicem: Quid est hoc, quod dicit nobis: Módicum, et non vidébitis me: et íterum módicum, et vidébitis me, et quia vado ad Patrem? Dicébant ergo: Quid est hoc, quod dicit: Módicum? nescímus, quid lóquitur. Cognóvit autem Jesus, quia volébant eum interrogáre, et dixit eis: De hoc quæritis inter vos, quia dixi: Módicum, et non vidébitis me: et íterum módicum, et vidébitis me. Amen, amen dico vobis: quia plorábitis, et flébitis vos, mundus autem gaudébit: vos autem contristabímini, sed tristítia vestra vertétur in gáudium. Múlier cum parit, tristítiam habet, quia venit hora ejus: cum autem pepérerit púerum, jam non méminit pressúræ propter gáudium, quia natus est homo in mundum. Et vos ígitur nunc quidem tristítiam habétis, íterum autem vidébo vos, et gaudébit cor vestrum: et gáudium vestrum nemo tollet a vobis. 

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem

Joann. 16, 16-22

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Un poco y ya no me veréis; mas poco después me veréis, porque voy al Padre. Algunos de los discípulos decían entre si: ¿Qué es esto: Un poco no me veréis; mas poco después me veréis: porque me voy al Padre? Y decían: Qué es esto: un poco? No sabemos lo que dice. Conoció Jesús que deseaban preguntarle, y díjoles: Os preguntáis por qué dije: Un poco y no me veréis; mas poco después me veréis. * Os seguro que vosotros lloraréis y plañiréis, mientras el mundo se regocijará; os contristaréis, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer en los dolores el parto está triste, porque llegó su hora; mas una vez que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de su angustia, por el gozo de haber dado un hombre al mundo. Así vosotros al presente, tenéis tristeza, mas yo volveré a visitaros, y vuestro corazón se gozará, y nadie os quitará vuestro gozo. Credo.

 Offertorium Ps. 145, 2

 Lauda, ánima mea, Dóminum: laudábo Dóminum in vita mea: psallam Deo meo, quámdiu ero, allelúja.

Offertorium Ps. 145, 2

 Alabad al Señor, alma mía: alabaré al Señor toda mi vida; mientras existiere, cantaré a mi Dios, aleluya.

Secreta.

 His nobis, Dómine, mystériis conferátur, quo terréna desidéria mitigántes, discámus amáre cæléstia.

Secreta   2 de Santa María

 Tua, Dómine, propitiatióne, et beátae  Maríae semper Vírginis intercessióne, ad perpétuam atque præséntem haec oblátio nobis profíciat prosperitátem et pacem.

 

Secreta 3 contra persecutores Ecclesiæ

 Prótege nos, Dómine, tuis mystériis servientes: ut, divínis rebus inhæréntes, et córpore tibi famulémur, et mente. Per Dóminum.

Secreta.

 Por estos misterios, Señor, haz que, moderando los deseos terrenos, aprendamos a amar lo celestial.

 

Secreta 2 de Santa María

 Por tu benignidad, Señor, y por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, esta ofrenda nos alcance la prosperidad y paz presente y perdurable.

 

Secreta 3 contra persecutores Ecclesiæ

 Protege, Señor, a los que te servimos en tus misterios; para que, consagrados a las cosas divinas, te sirvamos con cuerpo y alma. Por nuestro Señor.

Prefacio de Pascua

 Vere dignum et justum est, æquum et salutáre: Te quidem, Dómine omni témpore, sed in hac potíssimum die (Vel in hoc potíssimum) gloriósius prædicáre, cum Pascha nostrum inmolátus est Christus. Ipse enim verus est Agnus, qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit. Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cæléstis exércitus, hymmum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes: Sanctus, Santus, Sanctus * Dóminus Deus Sábaoth. * pleni sunt cæli, et terra glória tua. * Hosánna in excélsis.  Benedíctus qui venit in nómine Dómini. * Hosánna in excélsis.

Prefacio de Pascua

 Digno y justo es, en verdad, debido y saludable, que en todo tiempo, Señor, pero más señaladamente y con mayor magnificencia te ensalcemos en este día (noche) en que se inmoló Cristo, nuestra Pascua. Porque Él es el verdadero Cordero, que quitó los pecados del mundo. El que muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando renovó nuestra vida. Por tanto, uniéndonos con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y Dominaciones, y con toda milicia del ejército celestial, entonamos este himno a tu gloria, diciendo sin cesar Santo, Santo, Santo *Señor Dios de los ejércitos. *Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. *Hosanna en las alturas. Bendito sea el que viene en el nombre 

del Señor.

Communio. Joann.  16, 16.

 Módicum, et non vidébitis me, allelúja: iterum módicum, et vidébitis me, quia vado ad Patrem, allelúja, allelúja.

Communio. Joann.  16, 16.

 Un poco no me veréis, aleluya; mas poco después me volveréis a ver; porque voy al Padre, aleluya, aleluya.

Postcomunio.

 Sacraménta quæ súmsimus, quaésumus, Dómine: et spirituálibus nos instáurent aliméntis  et corporálibus tueántur auxíliis.

 

Postcommunio  2 de Santa María.

Sumptis, Dómine, salútis nostae subsídiis: da, quaésumus, beátæ Maríæ semper Virginis patrocíniis nos ubíque protegi; in cujus veneratióne hæc tuæ obtúlimus majestátis.

 

3Postcommunio contra persecutores Ecclesiæ

 Quaésumus, Dómine Deus noster: ut, quos divína tríbuis participatióne gaudére, humánis non sinas subjacére perículis. Per Dóminum nostrum. Per Dóminum.

Postcomunio.

 Los sacramentos recibidos, oh Señor, nos restauren con el alimento espiritual y nos defiendan con auxilios corporales.

 

Postcommunio  2 de Santa María.

Recibidos los auxilios de nuestra salud, rogámoste, Señor, que en todo lugar nos ampare la protección de la bienaventurada siempre Virgen María, en cuya veneración los hemos ofrecido a tu Majestad.

 

3Postcommunio contra persecutores Ecclesiæ

 Te rogamos, Señor Dios nuestro: que pues nos admites a participar del Don divino, no nos dejes caer en los peligros humanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

arriba

SERMON XXIV
DOMINICA TERCERA DESPUÉS DE PASCUA .

VALOR DEL TIEMPO

Modicum, et jam non videbitis me.
Dentro de poco ya no me veréis.
(Joann, XVI 16.)

No hay cosa más breve que el tiempo; pero tampoco hay ninguna más preciosa que él. No la hay más breve que el tiempo, porque el pasado ya no existe, el futuro es incierto, y el presente se reduce á un momento. Esto es lo que quiso manifestar Jesucristo, cuando hablando de su muerte que se aproximaba, dijo: Modicum, et non videbtis me: dentro de poco ya no me veréis. Lo mismo podemos decir nosotros de nuestra vida, que, como dice el apóstol Santiago, no es otra cosa que un vapor que se disipa en un momento: Quæ est enim vita vestra? Vapor est ad modicum parens. ¿Qué cosa es vuestra vida? un vapor que por un poco tiempo aparece. (Jac. IV, 15.)

Pero cuanto tiene de breve el tiempo de nuestra vida, tanto tiene de precioso; porque en cada momento podemos adquirir tesoros de méritos para el Paraíso, empleándolo con juicio; mas si lo empleamos mal, a cada momento podemos pecar y merecer el Infierno. Este es el asunto de que quiero Hablaros en la plática de hoy, a saber: de cuan precioso es cada momento de tiempo que Dios nos concede, no para disiparle, y mucho menos para pecar y perdernos, sino para obrar bien y salvarnos.

1. Hablando Dios por boca de Isaías, dice: En el tiempo de mi beneplácito otorgué tu petición y en el día de la salvación te auxilié: In tempore placito exaudivi te, et in die salutis auxiliatus sum tui. (Isai. XLIX, 8.) Y San Pablo explica este texto diciendo: que el tiempo conveniente es aquel en que Dios ha determinado favorecernos; y por esto añade en seguida: Ecce nunc tempus acceptabile, ecce nunc dies salutis: Llegado es ahora el tiempo favorable, llegado es ahora el día de la salvación. (II, Cor. VI, 2.) Con estas palabras nos exhorta el Apóstol a no emplear inútilmente el tiempo presente, que él llama día de la salvación; porque pasado este día, quizá ya no habrá salvación para nosotros. Este tiempo, empero, es breve, sigue diciendo San Pablo: y así lo que importa es, que los que lloran obren como si no llorasen, y los que se huelgan como si no se holgasen, y los que gozan del mundo como si no gozasen de él: Tempus breve est: reliquum est, ut... qui flent (sint) tamquam non flentes, et qui guadent, tamquam non gaudentes, etc.; et qui utuntur hoc mundo, tamquam non utantur. (I, Cor. VII, 29, ad 31.) Si es breve, pues, el tiempo que hemos de vivir en este mundo, aprovechémosle para conseguir la salvación eterna.

2. El Espíritu Santo dice: Fili, conserva tempus (Eccl. IV, 23.) Hijo mío, ten cuenta del tiempo, empléale bien; porque es la cosa más preciosa, el don más grande que Dios puede hacerte. Y San Bernardino de Sena dejó escrito: Tantum valet tempus quantum Deus; nam in tempore bene consumpto comparatur Deus: tanto vale un momento de tiempo como Dios; porque, si le empleamos bien, podemos ganar en él a Dios. (In serm. 4, post Dom. I. Quadr. cap. 5.) En efecto, añade el Santo; en cada momento de tiempo puede el hombre alcanzar el perdón de sus pecados, la gracia de Dios, y la gloria del Paraíso: Modico tempore potest homo lucrari gratiam et gloriam. Y por eso escribió San Buenaventura: Nulla jactura gravior, quam jactura temporis. (Serm. 37, ín Sept.)

3. En otro lugar se lamenta San Bernardino de ver, que no hay cosa más preciosa que el tiempo, y sin embargo, los hombres le tienen por cosa vil y despreciable: Nil pretiosius tempore, nil vilius reputatur. (Serm. 2, ad Schot.) Alguno se está cuatro o cinco horas jugando; y si se le dice: Hermano mío, ¿en que pierdes este tiempo? responde: Me divierto. Otro pasa en la calle la mitad del día; y si se le pregunta: ¿Qué es lo que haces allí? responde: Pasar el tiempo. ¿Y por qué perder el tiempo de ese modo? dice él mismo Santo. Aun cuando no se tratase de otra cosa que de una hora, ¿por qué habéis de perderla, si acaso esta hora será la última que Dios os concede para llorar vuestros pecados, y merecer la gracia divina? Donec hora pertanseat, quam tibi at agendam poenitentiam, ad acquirendam gratiam miseratio conditoris indulserat.

4. ¡Oh, cómo echarán menos los hombres a la hora de la muerte, y aun más después en la otra vida, el tiempo que tanto despreciaron mientras vivieron! El tiempo es un bien que sólo se encuentra en esta vida, no en el Cielo, ni en el Infierno. Por eso los condenados lloran sin cesar, diciendo: «¡Oh, si se nos concediese una hora de tiempo!» Pagarían a gran precio una hora, un minuto, que se les concediese para reparar su eterna, condenación; pero, no conseguirán jamás esta hora ni este minuto. En el Cielo nadie se lamenta; pero, si pudieran quejarse los bienaventurados, solamente se quejarían de haber perdido en esta vida el tiempo en que podían haber adquirido mayor gloria, y de no poder volver a recobrarlo. Una monja benedictina difunta se apareció cercada de gloria a cierta persona, y le dijo: que estaba en el Cielo y era enteramente feliz; pero, que si fuese capaz de desear alguna cosa, solamente desearía volver a este mundo para sufrir y merecer de este modo mayor gloria: y añadió, que estaría contenta de sufrir de nuevo la larga y dolorosa enfermedad de la cual murió, aunque fuese hasta el día del juicio, para adquirir la gloria que corresponde al mérito de una sola Ave María. San Francisco de Borja estaba siempre atento a emplear en honra y gloria de Dios cualquier minuto de tiempo une tenía. Cuando otros hablaban de cosas inútiles, él se entretenía hablando afectuosamente con Dios; y lo hacia con tal atención, que preguntando después su parecer acerca del asunto de que se trataba, no sabía que responder. Le advirtieron este defecto, pero él respondió: Más quiero que me tengan por necio que perder el tiempo en cosas inútiles.

5. Pero, dicen algunos: ¿Qué mal hacemos en pasar el tiempo? Y yo respondo: ¿no es obrar mal perder el tiempo en juegos, en conversaciones vanas, en ocupaciones inútiles que de nada sirven al alma? ¿Os concede acaso Dios este tiempo para que lo perdáis? No, dice el Espíritu Santo: Del buen don ó bien que te da el Señor, no dejes perder ninguna parte: Partícula boni domini non te prætereat. (Eccl. XIV, 14.) Aquellos operarios de quienes habla San Mateo en el capítulo XX, no perjudicaban a nadie, pero perdían el tiempo, permaneciendo ociosos en la plaza; y el padre de familias les reprendió por esto, diciéndoles: ¿Cómo os estáis aquí ociosos todo el día? ¿Quid hic statis tota die otiosi? (Matth. XX, 6.) En el día del juicio nos pedirá cuenta Jesucristo, no solamente de los meses y días que hemos perdido, sino hasta de cualquiera palabra ociosa, como dice el Evangelio: Omne verbum otiosum... reddent rationem de eo in die judicii. (Matth.XII, 36.) Porque todo el tiempo que no hemos empleado en el servicio de Dios, es tiempo perdido para nosotros, como asegura San Bernardo: Omne tempus, quo de Deo non cogitasti, cogita te perdidisse. (San Bern. Coll. I, cap. 8.) Por eso el Señor nos aconseja, que no esperemos a hacer mañana lo que podemos hacer hoy, diciéndonos: Todo cuanto pudieres hacer de bueno, hazlo sin perder tiempo; puesto que, ni obra, ni pensamiento... ha lugar en el sepulcro, hacia el cual vas corriendo: Quodcumque facere potest manus tua, instanter operare: quia, nec opus, nec ratio... erunt apud inferos, quo tu properas. (Eccl IX, 10.) Porque quizá mañana habremos muerto y pasado a la otra vida, en la cual ya no hay tiempo para obrar bien, ni motivo, puesto que allí ya no se trata sino de gozar de la recompensa merecida, o de sufrir la pena en que hemos incurrido por el pecado. Hodie si vocem ejus audieritis, nolite obdurare corda vestra: Hoy mismo, si oyeréis su voz, guardaos de endurecer vuestros corazones. (Psal. XCIV, 8.) Ahora es cuando Dios nos llama a penitencia, y nos manda restituir lo ajeno y hacer la paz con el enemigo. Hagámoslo, pues, inmediatamente, porque quizá mañana, o no tendremos ya tiempo, o se habrá cansado Dios de movernos a penitencia. El negocio interesante de nuestra salvación consiste, en corresponder fielmente a las divinas inspiraciones cuando Dios nos llama.

6. Pero yo soy joven, dicen algunos, más tarde me dedicaré al servicio de Dios. Es verdad que sois jóvenes, respondo yo; pero bien sabéis, hijos míos, que Jesucristo maldijo aquella higuera que no daba fruto, a pesar de que no era aún tiempo de higos; como dice el Evangelio: Non enim erat tempus ficorum. (Marc. XI, 13.) Con esto quiso manifestarnos el Salvador; que el hombre debe dar fruto de buenas obras en cualquiera edad de su vida, y, por consiguiente, en la misma juventud; y a no hacerlo así, será maldecido y no dará fruto en adelante: Jam non amplius in æternum ex te fructum quiscuam manducet: Nunca jamás coma ya nadie fruto de ti. (Ib. 14.) En el Eclesiástico está escrito: Ne tardes convertí ad Dominum et ne differas de die in diem; súbito enim veniet ira illius: No tardes en convertirte al Señor, ni lo difieras de un día para otro, porque de repente sobreviene su ira. (Eccl. V, 8 et 9).) Si no obedecemos a las inspiraciones de Dios, cuando nos mueve a confesarnos, .quizá nos sorprenderá la muerte en pecado, y no tendremos ya lugar de penitencia. El demonio cree que es poco tiempo toda nuestra vida, y por esto no deja de tentarnos día y noche, ni un solo momento: Descendit diabolus ad vos, habens iram magnam, sciens quod modicum tempus habet: El diablo bajó a vosotros lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo. (Ap. XII, 12.) ¿Y no es cosa chocante y admirable, que nuestro enemigo no pierda un momento de tiempo, preparando nuestra ruina, y que perdamos nosotros todo el que Dios nos concede para asegurar nuestra salvación?

7. Dice el pecador: Más tarde me dedicaré al servicio de Dios. Pero San Bernardo le responde: ¿Quid de futuro, miser, præsumis, tomquam Pater témpora in tua posuerit potestate? (Serm.XXXIII, de par. etc.) ¡Infeliz! ¿por qué presumes que podrás hacerlo más tarde, como si Dios hubiese puesto el tiempo a tu disposición? ¿Quién te ha dicho, que podrás volverte a Dios cuando quieras? El Santo Job temblaba, porque no sabía si le quedaba un momento de vida: Nescio enim, quamdiu subsistam, et si post modicum tollat me Factor meus: No sé yo cuanto tiempo existiré aún, ni si dentro de poco me llevará mi Criador. (Job. XXXII, 22.) ¿Cómo te atreves tú, pues, a decir: no quiero confesarme hoy; ya veremos mañana? ¿Qué es lo que dices? replica San Agustín. ¿No tienes seguro un momento de vida, y confías en el día de mañana? Diem tenes, qui horam non tenes? Por esto dice Santa Teresa: Si hoy no estás dispuesto a morir, teme morir mal.

8. San Bernardino se lamenta de la ceguedad de los hombres negligentes, que pasan en la ociosidad los días en que podían asegurar su salvación, sin pensar que no han de volver a pasar los días que pierden: Transeunt dies salutis, et nemo recogitat sibi perire diem et nunquam rediturum. (S. Bern. Sen serm ad Scholar.) Desearán los desdichados en la hora de la muerte otro año, otro mes, otro día de tiempo, pero no se les concederá, y oirán que se les dice: Tempus non erit amplius: Ya no hay tiempo. ¿A qué precio pagarían entonces los que ahora desperdician el tiempo, una semana, un día, al menos una hora, para ajustar las cuentas con Dios, y asegurar su salvación? San Lorenzo Justiniano dice: que darían por obtener una hora de tiempo: sus ropas, sus honores, sus riquezas y sus placeres: Erogaret opes, honores, delicias pro una horula (De Vit. Solit. cap. 10.) Pero esta hora no se les concederá. Y el sacerdote que les asista les dirá: Partid presto de esta tierra, que ya no es tiempo: Proficiscere; anima christiana, de hoc mundo.

9. De qué les servirá entonces decir: ¡Oh, si yo hubiese vivido santamente! ¡Oh, si hubiese empleado mi vida en amar a Dios! Dicen esto después de haber pasado su vida en el vicio y en el desorden. ¿Qué sentimiento no tiene un viajero cuando advierte que ha errado el camino, después de llegada la noche, y no es tiempo ya de remediar el error? Pues mayor será a la hora de la muerte la pena de los que han vivido muchos años en el mundo, y no los han empleado en el servicio de Dios. Leemos en San Juan: Venit nox, quando nemo potest operari: Viene la noche de la muerte, cuando nadie puede trabajar. (Joann. IX, 4.) Y más adelante: Ambulate dum lucem habetis, ut non vos tenebræ comprehendant: Caminad, pues, mientras tenéis luz, para que las tinieblas no os sorprendan. (Joann. XXII, 35.) Este es el modo de no tener que llorar a la hora de la muerte el tiempo perdido, como lo lloran tantos desventurados, que no pensaron más que en saciar sus pasiones, mientras vivieron sobre la tierra.

10. En la hora de la muerte nos recordará la conciencia, todo el tiempo que hemos tenido para hacernos santos, y lo hemos empleado en acumular pecados y más pecados: todas las inspiraciones, tortas las gracias que el Señor nos ha hecho para que le amásemos, y nosotros no quisimos aprovechar, nos serán recordadas: Vocabit adversum me tempus. (Thren. I, 15.) Entonces ya será tarde, porque ya no podremos hacer ningún bien. El desdichado moribundo, rodeado de los remordimientos y de las tinieblas de la muerte, exclamará: ¡Oh necio de mí! ¡Oh vida que he malogrado! ¡Oh años perdidos! Yo podría haber acumulado un tesoro de méritos; podía haberme hecho santo, si hubiera querido; pero no lo hice entonces, y ahora no me queda tiempo para hacerlo. Y ¿de qué servirán entonces estos lamentos y estas reflexiones, cuando va a desaparecer la escena del mundo, cuando está próxima a apagarse la lámpara de la vida, y puesto el moribundo a las puertas de la eternidad?

11. Nos dice Jesucristo por San Lucas (XII, 40): Et vos estote parati, quia qua hora non putatis, Filius hominis veniet: Estad siempre preparados, porque a la hora que menos pensáis, vendrá el Hijo del Hombre. No nos dice que nos preparemos a la hora de la muerte, sino estote parati, que estemos preparados para cuando ella llegue. Porque en aquella confusión, en aquellos últimos instantes, será cosa muy difícil preparar la conciencia de modo que no salgamos condenados del tribunal de Jesucristo. Quizá la muerte puede tardar veinte o treinta años; pero también puede suceder que nos sorprenda dentro de un año, de un mes o de una semana. Esto supuesto, si uno creyese que debía tratarse de su fortuna y fallar dentro de breve tiempo, no esperaría a que se viese la causa, sino que buscaría inmediatamente un buen abogado para que preparase y presentase a los jueces su defensa. Y nosotros ¿qué es lo que hacemos? Sabemos de positivo, que se ha de tratar un día el negocio que más nos importa, cual es nuestra vida, no la temporal sino la eterna; y que este día quizá está próximo; y, sin embargo, perdemos el tiempo; y en lugar de ajustar las cuentas, estamos acumulando delitos, para que recaiga sobre nosotros la sentencia de eterna condenación.

12. ¡Ea, pues, oyentes míos! si hasta aquí, por desgracia nuestra, hemos empleado el tiempo en ofender a Dios, procuremos llorar nuestras culpas en el plazo de vida que nos resta, a ejemplo del rey Ezequías, quien decía: Repasaré, oh Dios mío, delante de Ti con amargura de mi alma todos los años de mi vida: Recogitabo tibí omnes annos meos in amaritudine animæ meæ. (Isa. XXXVIII, 15.) El Señor nos conceda la vida con el fin de que remediemos el tiempo que hemos gastado malamente. Por esto nos dice San Pablo: Dum tempus habemus operemur bonum: mientras tenemos tiempo, obremos bien, (Galat. VI, 10.) No irritemos al Señor para que nos castigue con una mala muerte; y si hasta aquí hemos sido necios y le hemos disgustado obrando contra su voluntad, oigamos al Apóstol que nos exhorta, diciendo: Mirad, hermanos, que andéis con gran circunspección; no como necios, sino como prudentes, recobrando el tiempo, porque los días de nuestra vida son malos... estad atentos sobre cual es la voluntad de Dios. Videte itaque fratres, quomodo caute ambuletis; non quasi insipientes, sed ut sapientes: redimentes tempus, quoniam dies mali sunt... intelligentes, quæ sit voluntas Dei. (Ephes. V, 15. ad 17.) Pero ¿qué significa recobrar el tiempo? San Agustín lo explica de esta manera: Quid est redimere tempus, nisi cum opus est, detrimentum temporalium ad æterna quærenda comparare? Aplicarse a las cosas del alma, y no reparar en la pérdida de las cosas temporales cuando se trata de asegurar las eternas. (De Hom. 50, Hom. 1.) Debemos vivir solamente para cumplir la voluntad divina con todo cuidado; y en caso necesario, vale más sufrir algún detrimento en los intereses temporales, que descuidar los eternos, como dice San Agustín. ¡Qué bien supo San Pablo recobrar el tiempo que había perdido en su vida pasada! Dice de él San Jerónimo, que aunque fue llamado al apostolado después de todos, fue, sin embargo, el primero en méritos, por lo que trabajó después que fué llamado: Paulus novíssimusin ordine, prior in meritis: quia plus omnibus laboravit. Por lo tanto, oyentes míos, reflexionemos que cada momento podemos aumentar el tesoro de los bienes eternos. Y decidme: si os asegurasen, que se os daría todo el terreno que pudieseis rodear andando todo un día, o todo el dinero que pudieseis contar, ¿os entretendrías en otras bagatelas? ¿no comenzaríais a caminar inmediatamente, o a contar aquel dinero? ¿Cómo, pues, perdéis el tiempo, sabiendo que cada momento podéis aumentar el tesoro de virtudes y de méritos que os han de aprovechar en la otra vida? Lo que podéis hacer hoy, no lo dejéis para mañana; porque este hoy pasará presto y ya no volverá para vosotros; y el día de hoy le tenéis a vuestra disposición, y quizá no tendréis el de mañana. ¡Ea pues! Prometed de corazón aprovechar el tiempo para aumentar el tesoro de vuestros méritos; y hacedlo todo por la honra y gloria de Dios, como dice el apostol San Pablo por estas palabras: Ora comáis, ora bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo a gloria de Dios, Sirve ergo manducatis, sirve atiud quid facilis, omnia in gloriam Dei facite. (I, Cor. X, 32.) Este es el modo de giozar en esta vida la paz de los justos , y después en la otra la gloria eterna. Ámen.

arriba