Discernimiento de los espíritus

Introducción.
Muchas almas me han expresado su deseo de ver la serie  titulada  Discernimiento de los Espíritus aparecida en artículos en  Revista  The  Seraph,  en orden a satisfacer este deseo de muchos  para que tengan una  conveniente y confortable referencia de este importante sujeto,  ha sido preparado el presente folleto. Es  nuestra esperanza que mas y mas individuos tomaran  su tiempo para estudiar el contenido del presente folleto por el propio bien  y progreso espiritual de sus almas, como también el de proveer una básica  y esencial información en el sujeto de los discernimientos de los espíritus.
La aparición de este pequeño trabajo es muy oportuna. Es oportuna porque hay una tal proliferación de  falsos visionarios que desafortunadamente tienen éxito engañando a los que no están informados.
Una palabra de consejo siempre está bien. Sobre todo cuando  consideramos la seriedad de esta presente vida y las  consecuencias eternas que debemos  afrontar inevitablemente, no hay más ni  tan importante  conocimiento que  aquel que debemos tener de saber algo con respecto al trabajo de la gracia de Dios, y el salvaje trabajo de Satanás. También el lector deberá estar persuadido que los grandes Padres del Desierto y otros santos han sido muy precavidos en  el juicio de las materias espirituales. ¿Cuánto más aquellos que tienen poca o ninguna experiencia en estas cosas?
Un día los monjes del Desierto  se reunieron  en una conferencia, para examinar cuál era la virtud que merecía el primer lugar. Demasiado interesante, los  puntos de vista fueron diferentes.  Y como eran distintos los pareceres de cuál era la virtud que ocupara el primer lugar, San Antonio se puso de pie y dijo: “Todos los significados que ustedes  han recomendado son útiles y necesarios, para aquellos que lloran y quieren encontrar a Dios, pero la experiencia de muchos y de gran número de fallas, no nos permite creer que ustedes han indicado  el principal e infalible camino”
Cuántas veces hemos visto a religiosos que observan vigilias y rigurosos ayunos, estando en la soledad y en las privaciones y solo concediéndose un pedacito, justo lo necesario para su sustento en un día.  Ahí practicando con gran celo  todos los trabajos de caridad y sin embargo han caído en su trágica ilusión. Y a pesar de iniciar sus faenas con fervor y santidad, han terminado en un deplorable estado.
En orden a entender la principal virtud que  conduce   a Dios,  es suficiente de encontrar la causa de las ilusiones  y de las caídas de estos solitarios. Ellos han practicado perfectamente las virtudes de las cuales estamos hablando  pero  les falto discreción y por lo tanto no han perseverado hasta el fin.  Si ellos han caído es porque no han escuchado a las enseñanzas de los padres ancianos. Ellos no han sabido como  adquirir esta virtud de discreción  que conduce entre los dos extremos y enseña al religioso a seguir el camino real.  Ni perderse así mismo por un exceso de fervor, ni cayendo en la falsa presunción, ni permitiéndose a si mismo torcerse al vicio, a la mediocridad y laxitud, bajo el pretexto de preservar el cuerpo. (Casiano, Col. 2,c 2).
Tal trabajo del discernimiento de los espíritus es muy oportuno, como lo hemos dicho, porque la guía tradicional una vez disponible  de  los competentes individuos ahora  prácticamente no existe.  Aún aquellos que pudieran pretender guiar a otros pronto serán traicionados por su incompetencia. Los errores modernos solo pueden proporcionar errores en el campo espiritual. La inseparable falsa espiritualidad  es inevitable  del  Modernismo y del movimiento Carismática La falsa  filosofía y la falsa teología solo pueden conducir a una falsa  espiritualidad.  Y claramente una falsa espiritualidad solo puede conducir a un desastre eterno.
El material presentado en este pequeño folleto está basado en la concordancia y los principios  aprobados de espiritualidad que conducen a una alma generosa por el camino seguro del autentico misticismo.
Es mi  deseo  y oración sincera para aquellos que lean y estudien los principios reunidos  en este pequeño libro, con el fin de aplicarlos, puedan pronto aprender y encontrar la paz y la bendición de aquellos que siguen correctamente a Cristo.
Fr Louis Vezelis, O.F.M. D.D.

CAPITULO PRIMERO.
Generalidades.

¿Cómo debe ser entendida  la palabra  espíritu?                                                                                                 
En el contexto del discernimiento de los espíritus, la palabra espíritu debe ser entendida como un impulso, como un movimiento, como una inclinación interna del alma con respecto a ciertas cosas,  que  para nuestro entendimiento es cierta o falsa y que para nuestra voluntad es así mismo buena o mala.
Un ejemplo calificara esto. Si una persona tiene tendencia a mentir, nosotros decimos que tal persona tiene el espíritu de mentira. Si alguien tiene tendencia a mortificarse así mismo, entonces decimos que posee el espíritu de mortificación.  Si tiene una tendencia a sobresalir de los demás, entonces tiene el espíritu de  orgullo. Si  aquél es dominado por un deseo de parecer atractivo, bueno o espiritual a los ojos de los demás decimos que tiene el espíritu de vanidad o de vanagloria.
Esta tendencia que en algunas ocasiones son un vicio y en otras son una virtud, a veces verdaderas y otras veces falsas, comprenden dos actos.  Uno es el acto de la inteligencia  el cual nos inclina a creer y rechazar lo que es  verdadero o falso.  El otro es un acto de la voluntad, la cual nos inclina a aceptar o a rechazar  lo que es bueno o lo que es malo.  Ésta disposición del intelecto y de la voluntad es lo que nosotros llamamos ESPIRITU.
¿Las sagradas Escrituras  y la Teología  hacen  mención de esta ciencia del discernimiento de los espíritus?
Cuando nuestro Señor reprendió  a San Juan y a  Santiago, los cuales se indignaron en contra de la ciudad de Samaria, cuando querían hacer bajar fuego del cielo y destruirla, Nuestro Señor les dijo: “No sabéis de que espíritu  sois”.  (S. Lucas IX ,55).  Lo que Cristo quería significar aquí era que  sus discípulos  San Juan y Santo Santiago todavía no sabían cual debería ser la inclinación de su corazón, además deseaba enseñarles que sus discípulos no deberían ser  ardientes e inclinados a castigar sino inclinados a la mansedumbre a la  moderación y al perdón.
Hablando a la gente de Corintio el mismo San Pablo dice: “Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el espíritu que está en Dios”. (1 a los Corintios. II, 12).  Lo que Nuestro Señor deseaba comunicar a ellos era que  todavía tenían el espíritu vano del mundo que bien lo comunica, pero que del entendimiento que comunica  Dios,  el pío y sobrenatural todavía no lo tenían.
Finalmente San Juan  nos amonesta en tener precaución  en  no creer al primer espíritu que viene a nosotros. Es decir, a cualquier sugestión del intelecto, y a cualquier inclinación de la voluntad, sea en nosotros o en los demás.  Debemos  en primer lugar, examinar y determinar  si viene de Dios o si tiene una causa diferente: “No creáis en cualquier espíritu, sino que prueba los espíritus si son de Dios”. (I S. Juan IV,1).
Ya el autor de los proverbios nos había puesto alerta en esta materia: “un camino hay que al hombre le parece recto, pero su paradero es la muerte”. (Proverbios XVI, 25). Pero lo que más debemos temer es lo siguiente: “Le parece al  hombre rectos todos sus caminos; pero el Señor examina  los corazones”.  (Proverbios XXI, 2).
¿Qué se debe hacer para obtener el discernimiento de los espíritus?
Las  Sagradas Escrituras, los Santos Padres, los Doctores de la Iglesia y los Santos nos  dotan con las reglas de reconocer los aquellos espíritus que vienen de Dios y aquellos que no lo son.  Solo debemos de acudir a estas fuentes en orden de obtener el discernimiento de los espíritus.
¿Qué tan necesaria es esta ciencia?
San Bernardo dice; “si carecemos de este discernimiento, toda virtud  pierde su brillo y carga consigo un abominable vicio” (Cantar de los Cantares). Esto porque, la discreción  es la virtud que modera la afección, regula el bien moral y dirige todas las virtudes y les da una regla, una forma, una dignidad y fortaleza.
Los monjes del desierto se reunieron en conferencia para examinar  cual virtud era la primera y fueron diferentes sus elecciones, pero San Antonio se levanto y les dijo: “Todo lo que ustedes han indicado son útiles y necesarios para aquellos que lloran por Dios y que desean que los colme; pero la experiencia y la caída de gran numero no nos permite creer que ustedes han indicado la principal e infalible virtud. En orden a saber la virtud principal que conduce a Dios, es suficiente de encontrar  la causa de las ilusiones y de las caídas de estos solitarios; les falto discreción y por eso no perseveraron  hasta el fin”.
¿Quién esta más en necesidad de esta ciencia?
Esta ciencia es  la más necesaria para los sacerdotes. Si el discernimiento de los espíritus es  útil para todos como una segura guía; es más necesaria para los directores espirituales en razón de sus obligaciones.
¿Si una persona está familiarizada con esta ciencia, esta dispensada de consultar con su director espiritual?
Aún aquella  persona que esta versada en el discernimiento de los espíritus, no está dispensada  de consultar al director espiritual. En verdad alguno que posea esta ciencia rara (nosotros añadimos, esta virtud)  no debe creerse así mismo disponible como su propio guía.  Ninguno es un competente juez en su propia causa. Además, Dios ha ordenado las cosas a través de su providencia que el hombre este gobernado por otro.  Nuestra diaria experiencia muestra esta verdad.
¿Cuántos tipos de  espíritus hay?
San Bernardo enumera seis.
1.-  Es el divino Espíritu que  habla al corazón conforme a las palabras del rey David: “Escucharé lo que el Señor mi Dios habla en mi.”
2.- Es el espíritu angélico que también habla en nosotros, como le sucedió  al profeta Zacarías  ------------------------
3.- Es el espíritu diabólico, el cual Dios permite que nos sugiera malos pensamientos como lo atestigua el rey David: “La indignación, el enojo y la tribulación, son enviados  por el ángel maligno”. (Salmo LXVIII, 49).
4.- El espíritu de la carne por el cual muchos somos movidos, como dice el Apóstol: “Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino solamente  el espíritu del hombre, que está dentro de él”  (I a los Corintios II, 11).
5.- El espíritu del mundo que el apóstol dice que se ha entregado: “Nosotros pues, no hemos recibido el Espíritu del mundo”. (I a los Corintios II, 12).
6.- Es el espíritu humano que el apóstol San Pablo pone de manifiesto cuando dice: “Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino solamente el espíritu del hombre, que está dentro de él”  (I a los Corintios II, 11).
Estos  seis espíritus pueden bien ser reducidos a tres: el espíritu angélico siempre se refiere a Dios, porque el ángel siempre obra en el nombre de  Dios;  el espíritu de la carne y el espíritu del mundo siempre se reducen al espíritu del demonio porque por estos dos satélites el demonio cotidianamente ataca e infiltra nuestras almas con su espíritu venenoso. Entonces tenemos que, o nos referimos al espíritu de Dios, o al humano o al diabólico.
¿Ente el espíritu humano y  el diabólico, cuál es el más dañoso?
El espíritu humano es más  dañoso que el espíritu diabólico.  Es más dañoso porque penetra más profundamente y con él nos tentamos a nosotros mismos. Dice San Bernardo: “el mas dañoso de estos espíritus es el que viene del hombre. Porque así está disponible para caer el mismo sin ninguna influencia exterior, y sin él no estaría disponible a caer”  (Sermón 105 sobre el Cantar de los Cantares).
 ¿Cómo se forma en nosotros el espíritu divino?
El  estado de gracia y las virtudes infusas no son suficientes para formar en nosotros el espíritu divino.  Es necesario que Dios nos mueva con  la ayuda de su luz y la inspiración de afecciones pías.  A esta ayuda se le llama “gracia actual”. Ya que Dios nos ilumina sea de manera directa, o indirectamente,  a través  de sus ángeles, sigue que somos movidos directamente por Él o por el intermedio de sus ángeles.
¿Cómo se  forma en nosotros el espíritu diabólico?
El demonio que nos rodea en numerosas ocasiones, penetra en nuestro cerebro.  Este ingreso no está prohibido para él, y a través  de los movimientos que el crea, produce las imágenes de cosas desafiantes,  y en ocasiones produce imágenes de cosas ilícitas.  Y arregla las cosas de manera que parecen deseables y no inclinamos a ellas.
Además estos demonios penetran en el interior de los sentidos, donde el apetito sensitivo tiene su asiento.  Y por medio de las imágenes  estimula  deseos incontrolables para estas cosas  e inflama las pasiones criminales.  Estos pensamientos en ocasiones malos y en ocasiones  falsos,  y estas  perversas afecciones son precisamente lo que nosotros conocemos como inclinaciones o tendencias hacia lo malo, lo cual nosotros llamamos espíritu diabólico.
¿Es el mismo efecto que produce en nuestros sentidos el espíritu diabólico que aquel del espíritu de la carne y del mundo?
Hay una notable diferencia, San Bernardo dice: “Cuando el demonio directamente nos ataca, siempre introduce en el alma una amarga impresión y esto porque estimula pensamientos desagradables, sentimientos inquietantes, penosos agitaciones, disturbios, desaliento, desesperanza, envidia, odio, amargura, aburrimiento y melancolía.- esto es la fuente de muchos tormentos.
Pero por otra parte, cuando el demonio usa estos satélites,- la carne y el mundo- siempre inyecta un espíritu dulce, pero este dulce espíritu es lisonjero y falso.  El demonio estimula en nuestro espíritu el aparente y agradable deseo de placer, honores, prejuicio, pompa y riquezas, colgando delante de nuestros ojos una falsa felicidad la cual termina en la ruina temporal y eterna.”.  He aquí las palabras del doctor: “la misma  sugestión nos hará conocer qué espíritu habla.  El espíritu de la carne inspira laxitud; el espíritu del mundo nos habla de cosas vanas: y el mal espíritu siempre  nos hablara de amarguras.”.
¿Cómo se forma en nosotros el  espíritu humano?
Nuestra naturaleza a causa del pecado original se ha debilitado. El entendimiento se ha oscurecido y la voluntad se ha debilitado, en tanto que  la imaginación  divaga, la concupiscencia  nos lleva  al mal.  De esto se sigue que  nuestra propia naturaleza nos incline a las  cosas que son amigas de la carne del mundo y del demonio.
¿A caso este hecho, entonces,  nos hace dificultoso distinguir sea el espíritu que nace de la humana naturaleza, de aquella del demonio, de la carne o del mundo?
Precisamente. Con la caída de nuestra naturaleza quedamos inclinados con respecto a los tres grandes enemigos que nos presentan esto, es muy difícil  entender cuando nuestro propio  espíritu nos habla o cuando está influenciado por los otros tres.
¿Este conocimiento es realmente necesario?
Este conocimiento no es realmente necesario.  Y la razón es  que desde que este movimiento tiene el mismo propósito y siendo igualmente dañino e hiriente, todos ellos deben ser rechazados con  cuidado.  “Para que sirve que sepamos quién habla, sabiendo que lo que uno sabe  que se ha dicho es dañoso” (San Agustín).
¿Cuáles son las pocas de las ventajas si tenemos algún discernimiento?
Es para nuestra ventaja tener algún discernimiento. Sea que venga de nosotros mismos o de nuestra naturaleza es recibido espontáneamente y de alguna manera nosotros lo abandonamos. Pero, lo que es sugerido del exterior en nuestros adentros por nuestros enemigos está impreso en nosotros con una gran fuerza y nosotros no podemos impedir su progreso porque es otro que trabaja en nosotros a pesar de nuestras resistencias.
Además, los movimientos de nuestra naturaleza ordinariamente tienen algo connatural el cual despierta con ellos. Pero las sugestiones del demonio más a menudo crecen sin ningún advertimiento, sin razón y en una leve ocasión.
Si la tentación tenía como su fuente malos pensamientos o imaginaciones depravadas y fue despertada sin ninguna razón, o por causas insignificantes, esto debe ser una señal que la tentación viene del demonio. Si, por el contrario, la tentación inicia (por ejemplo) con una rebelión de uno de los sentidos y continua por la incitación del espíritu a pensamientos criminales, es mucho más probable y correcto considerar esto como una perturbación natural del sistema nervioso, y consecuentemente, de la depravación de nuestra naturaleza la cual esta inclinada al mal.
Si la persona tentada tiene un recurso a Dios en el tiempo de la tentación y si esta tentación desaparece, es un signo que la tentación ha venido del demonio puesto que el demonio tiene gran miedo a la ferviente y devota oración.
Por otra parte si la tentación no cesa a un después de una ferviente oración, es una indicación que la tentación a nacido de nuestra humana fragilidad porque Dios,  no deseando el empleo de los medios extraordinarios, ayuda a nuestra voluntad de tal manera que pueda resistir y que la naturaleza tome de nuevo su curso.
Aunque estas reglas no son infalibles, son, sin embargo, muy útiles.
¿Cuántos tipos de discernimiento de espíritu hay?
Hay dos clases de discernimiento de espíritus. El primero pertenece a aquel San Pablo. La segunda clase de discernimientos son aquellos que son adquiridos por el arte y la industria. El primero usualmente se da a muy poca gente; el segundo es disponible para todos aquellos en una cierta medida.
Desde el punto de vista de la certeza ¿Qué tipo de distinción es necesaria en estas dos formas de discernimiento?
La primera, que es también llamada “discernimiento infuso”, es de mas grande certeza que el segundo. San Bernardo dice: ¿Quién es aquel que puede observar con cuidado y atención el interior movimiento de su espíritu hasta el punto de estar apto para discernir claramente en medio de todos los malos pensamientos aquellos que vienen de su propio mórbido estado o aquellos que resultan de la mordedura de la serpiente?
Para mí, yo no creo que esto sea posible para ningún mortal a no ser que sea iluminado por el espíritu santo y que haya recibido este especial don el cual lo considera el apóstol entre los otros medios gratuitos, y al cual él llama el discernimiento de los espíritus.
¿Es este discernimiento difundido y sobrenatural infalible?
Suarez nos dice: “un juicio hecho en virtud de tal discernimiento formalmente no es infalible, pero materialmente lo es en el caso, en que esta guiado por un luz particular de el del Espíritu Santo. No es formalmente infalible porque tal infalibilidad no puede nacer sino de la evidencia o de la fe. No es evidente, porque si alguno decide sobre la cualidad del espíritu, uno no lo ve con claridad. No está basado en la fe puesto que, no está fundado en la palabra de Dios. Será de otra forma sí, en virtud de una luz especial (lumen profeticum-luz de los profetas) uno recibe de Dios un cierto tipo de revelación que corresponde a su cualidad. Pero no es el caso aquí.
Pero, nosotros tenemos que añadir que tal discernimiento puede ser materialmente infalible. Sin duda, la persona que toma la decisión no podrá estar cierta como una actual verdad, hasta que su juicio no está basado en ningún motivo infalible, pero su juicio está basado en buenos motivos por la virtud del hecho que el principio por el cual esta forzado él a actuar es el Espíritu Santo, el cual no puede excitarnos un juicio falsamente como tampoco nos mueve a pronunciar un error”.
¿A quién ordinariamente da a Dios el don del discernimiento infuso?
Dios puede, obviamente, darlo a quien él quiera, él puede escoger a un a una persona que está en pecado mortal, porque Dios es el dueño de sus regalos. Así pues, por el espiritual beneficio de una  alma simple, Dios puede dar a su director que bien puede el mismo estar en necesidad de una buena confesión y de una extraordinaria luz para discernir las buenas o malas cualidades de los espíritus en orden a guiar a estas almas correctamente a los largo del camino de la salvación y de la perfección cristiana. Sin embargo, esto no ocurre muy a menudo.  Esta gracia es casi siempre dada a aquellos que no solamente tienen el don del entendimiento sino que su vida es virtuosa. La razón es clara: con el fin de recibir esta particularmente pura luz que esta infundida con la gracia del discernimiento, la tranquilidad del alma, la pureza de consciencia y el dominio sobre algunas pasiones es necesario. Y estas son las cualidades las cuales se encuentran ausentes en una alma pecadora.
¿En qué grado este don del discernimiento ha sido recibido por algunos santos?
Santa Magdalena de Pazzi vio los pensamientos de sus novicias como también las faltas a las cuales ellas estaban sujetas. Santa Catalina de Siena vio los pensamientos de sus siervas y descubrió los secretos de sus corazones con la misma facilidad con que uno revela el secreto de su corazón a otro.
San José de Cupertino vio las faltas culpables de aquellos que estaban con él o de aquellos que se encontraban en la calle. También vio el pecado específico con el cual las almas estaban manchadas. Con el fin de corregirlos les decía: vallan, laven su cara. El santo cura de Ars tuvo esta misma habilidad. Si alguno desea sorprenderse lea las instituciones del cura. Dicen que el Padre Pío capuchino estigmatizado tuvo también esta habilidad.
¿En qué consiste el discernimiento adquirido?