Del conocimiento en general.
13. Antes de que hablemos de las relaciones de las distintas operaciones del entendimiento que se llaman conocimientos, es menester dar algunas nociones acerca del conocimiento mismo.
Qué es el conocimiento. El conocimiento en general puede definirse: Acto inmanente, consciente e intencional, por medio del cual adquirimos una idea de alguna cosa, "el objeto", mediante la semejanza o representación del objeto.
Se explican brevemente estos conceptos:
En primer lugar es algún acto, esto es, una actuación, o modificación de alguna facultad del sujeto; y en verdad aquella acción es inmanente, porque permanece en el sujeto mismo, más aún, incluso en la facultad de la que procede. Pues el acto con el que, v.g., el entendimiento conoce a Dios, no pone o realiza algo en el mismo Dios, sino solamente de modo exclusivo en el entendimiento mismo, al cual está adherido el acto.
La conciencia misma atestigua que este acto es consciente, pues no procede de una manera desconocida para nosotros, como, v.g., la división de cualquier célula, sino que procede cabalmente, de tal modo que el acto mismo nos dé noticia de sí mismo; y en verdad una noticia verdadera en la conciencia concomitante, esto es, sin una reflexión ulterior. Ahora bien, al mismo tiempo da una noticia del sujeto y del objeto.
14. Y esto último es completamente esencial en el conocimiento, a saber el hecho de que es intencional, esto es, el que nos dé una noticia del objeto por la semejanza o imagen del objeto mismo. Esto en verdad es sobremanera misterioso y admirable; pues el acto no brota de nosotros, pero permanece en nosotros; sin embargo nos da una noticia de las cosas exteriores. Ahora bien, esto se realiza en cuanto que el objeto mismo de alguna manera es poseído por nosotros por medio del acto, y no ciertamente de forma física, sino intencional; lo cual solamente significa que el objeto conocido está en la mente en cuanto que el acto es expresión viva del objeto, imitación, representación, semejanza, imagen.
Como ejemplo suele usarse la imagen vista en un espejo, o el hombre representado en una tabla o en fotografía. Por semejanza, el hombre está en la tabla de alguna manera; así también lo conocido se encuentra en el cognoscente. "Todo conocimiento se realiza según la semejanza de lo conocido en el cognoscente". De donde esta semejanza de] conocimiento se llama "especie expresa".
Sin embargo se da una gran diferencia entre esta imagen y las restantes que suelen presentarse como ejemplos. Pues las otras deben conocerse en primer término, y también, de aquel conocimiento, llevarnos al conocimiento de otra cosa; ésta, por el contrario, es una mera imagen formal, que conduce al conocimiento de otra cosa sin partir primero del conocimiento de ella misma. De donde, con razón se llama "intencional", porque su total naturaleza es tender a otra, representar otra cosa, poner otra cosa en la mente.
15. Partiendo de esta descripción, queda clara la índole objetiva de nuestro conocimiento; pues no es lo mismo en nuestra experiencia el acto con el que conocemos y el objeto que se conoce; ya que el acto presupone siempre su objeto y conformarse con el mismo, de ningún modo intenta producirle a él, mismo, ponerle, realizarle.
Ahora bien, esta propiedad del conocimiento no es algo que sea una simple elucubración, sino algo real.
16. Número de conocimientos. Está claro que en el hombre se da un doble conocimiento, uno sensitivo y otro intelectual. El conocimiento sensitivo es cierto conocimiento más imperfecto, que se da en el hombre y en los animales brutos, y es cierto camino para el conocimiento superior, según aquel dicho de Aristóteles: "Nada hay en el entendimiento que no haya estado antes en el sentido".
Ahora bien, las propiedades del conocimiento sensitivo son éstas principalmente:
a) Se realiza y se recibe en un cuerpo animado, a saber, en los órganos informados por el alma, de donde, ni se da en el cuerpo solamente, ni exclusivamente en el alma. Por lo cual:
b) Estas operaciones son totalmente superiores a toda operación puramente orgánica, e inferiores a la operación intelectual. Así pues, son superiores a toda materia, pero son materiales, no espirituales.
c) Al representar el objeto, dependen totalmente de otro, por lo cual, representan al objeto mismo en singular y de un modo material; de donde el ojo ve este color, no el color en general; y de ningún modo puede ver a Dios.
d) Ahora bien, el modo como se realiza la sensación es muy complicado, si se atiende a las muy diversas reacciones fisiológico-psicológicas que se explican en otro lado extensamente. Ahora bien, esto es esencial para que se dé el objeto, que cambia mediante su influjo, con la excitación, los órganos de los sentidos. Y estos cambios, sean conducidos a través de los nervios al centro cerebral , y por último el alma los rija por su facultad, conociendo el objeto. El objeto percibido de este modo, deja en el alma su impresión o alguna huella de sí mismo, de tal manera que pueda ser reproducido de nuevo por la fantasía o por la memoria. Así pues, se dan los sentidos externos, por los cuales la cosa es conocida en primer término, y los sentidos internos, que supone que la sensación ya ha sido realizada por otros sentidos.
17. La intelección o acto de entender. Aparte y por encima del conocimiento sensitivo, se da el conocimiento intelectual. Este, en primer término es espiritual, porque es realizado por una facultad espiritual, la cual depende solamente extrínsecamente de la material. Además, la intelección o acto de entender supera a la sensación esencialmente por su objeto, porque puede alcanzar tanto las cosas materiales como las inmateriales, bien positivamente, v.g., Dios, los ángeles, bien, abstractivamente, v.g., la substancia, y tanto en singular como en lo universal, v.g., el cuerpo en cuanto tal, el ente en cuanto tal.
La actividad de esta facultad es múltiple, pues o bien capta la cosa simpliciter, según aparece en la sensación con su individualidad, o bien abstrae de la individualidad y de las notas individuantes, y forma conceptos específicos, y mediante una ulterior abstracción de notas, en las cuales convienen las distintas especies, llega a conceptos más genéricos; somete a análisis los distintos conceptos complejos, a fin de descubrir notas más simples, o bien los une en síntesis para hallar como “a priori” nuevas realidades. Compara muchas notas, y si descubre la identidad o diversificación de ellas, las reúne mediante una afirmación, o las separa mediante una negación: finalmente, a través de un proceso comparativo más largo de dos ideas con una tercera, encuentra y afirma, o bien la conveniencia, o la falta de conveniencia de ellas entre sí. Todas estas actividades se reducen principalmente a tres, a saber, a la aprehensión, al juicio y al raciocinio, según las cuales suele hacerse la división en la Lógica.
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El hombre sabio, disciplinado, capta la verdad en cuanto le permite la razón del objeto, como lo dice el filósofo. (Ética I, cap. 2).
En lo que decimos de Dios hay dos modos de alcanzar la verdad. El primero son aquellas verdades que exceden en entendimiento humano: Dios uno y Trino. El segundo son aquellas verdades que la razón alcanza: Dios es uno. Hay pues, dos órdenes el uno natural y el otro sobrenatural, y estos difieren por el medio con que son adquiridos: a saber por la razón y por la revelación.
Las cosas que no caen bajo los sentidos no pueden ser captadas por el entendimiento ( nada hay en el intelecto que no pase primero por nuestros sentidos), pero a partir de lo sensible se lleva al entendimiento al conocimiento divino. Hay pues algunas de las cosas de Dios que son accesibles a la razón humana y otras que la exceden totalmente.
Más también observamos que hay graduación en el conocimiento. Un filosofo por ejemplo, supera a un rustico, el ángel sobre pasa al conocimiento del mejor de los filósofos, pero Dios se entiende así mismo.
Así las cosas en la graduación de nuestro saber, nuestro conocimiento frente a los primeros principios de los seres, que son patentísimos a la naturaleza, se halla como el ojo del murciélago frente al sol (Metafísica II).
De esta verdad da también testimonio las Escritura, pues en ella se dice: “Acaso puedes comprender los caminos de Dios y seguir al omnipotente hasta su perfección” (Job XI,7). Y Grande es Dios que sobrepuja nuestra ciencia (Job XXXVI,26). Y conocemos en parte ( I Corintios XIII,9). Luego no todo lo que se dice de Dios aunque no pueda ser investigado por la razón ha de ser rechazado enseguida como falso, como creyeron los Maniqueos y muchos de los infieles. (S. Agustín Retor. I 14).
Suma contra los Gentiles capitulo III.