| Tal como se
había previsto durante varios meses antes de diciembre del 2007, Dios
concedió la gracia a la Iglesia Católica de contar con un nuevo obispo.
Dicho acontecimiento tuvo lugar en la Capilla dedicada a Cristo Rey en
Zapopan Jalisco, México.
Este dichoso suceso, tuvo lugar el día de la Sma. Virgen de Guadalupe
con la mayor majestuosidad que nuestras posibilidades nos lo
permitieron. Se dignó a consagrar al hasta ese día Pbro. Luis Madrigal
su Excmo. Revmo. Sr. Dn. Louis Vezelis, acompañado de su Excmo. Mons.
Giles Butter.
Para la Iglesia, la consagración de un obispo, reviste enorme
importancia y por eso ha de celebrarse con toda pompa, pues se trata de
los legítimos sucesores de los Apóstoles, puestos por el Espíritu Santo
para gobernar la Iglesia en las Diócesis. El obispo ejercita el poder
doctrinal, enseñando y condenando los errores; de la misma manera,
ejerce el poder sacerdotal, administrando la confirmación y el orden
sagrado -sacramentos propios de él- y los demás y finalmente administra
el poder pastoral, al nombrar párrocos y atendiendo el gobierno de la
Diócesis.
Debe decirse que sólo después de por lo menos cuatro invitaciones de
parte de Mons. Vezelis al entonces P. Luis Madrigal para aceptar ser
consagrado episcopalmente aceptó. Y es que el primero argumentaba que lo
hacía atendiendo aquello que los Santos Padres decían: “aquél sacerdote
que ha sido escogido, para ser obispo, deberá ser examinado
diligentemente respecto de su Fe a la Santísima Trinidad y deberá ser
cuestionado sobre los diferentes objetos y reglas que pertenecen a su
gobierno y que deben ser observadas”.
Y llegó el día, conforme ordena el Pontifical Romano, se utilizaron
todos los ornamentos sagrados cuya historia data de la más remota antigüedad,
y que valga decir, recuerdan bellas lecciones de santidad y de
sabiduría cristianas.
Así fue como al colocarse el calzado y las medias, nuestro obispo,
pidió aquello que antiguamente pedían los príncipes de la Iglesia:
Señor, poned un calzado en mis pies, a fin de que vaya a anunciar el
Evangelio de la paz, y protegedme con la sombra de vuestras alas. Se le
colocó su cruz para recordar al Dios que murió por nosotros y a los
mártires que sellaron con su sangre la Fe que profesan.
Como ya se dijo antes, el obispo está revestido de la plenitud del
sacerdocio, por tal razón utiliza los ornamentos del diácono y del
subdiácono, es decir la tunicela y la dalmática.
Al tomar sus guantes el obispo reza: rodead mis manos de la pureza del
hombre nuevo que ha descendido del cielo, a fin de que, a ejemplo de
vuestro amado Jacob, quien habiéndose cubierto las manos con una piel de
cabrito obtuvo la bendición de su padre…
Si se observa durante la ceremonia de consagración le fue colocado su
anillo episcopal; éste posee varios significados: primero, la alianza
del obispo con su iglesia; segundo la autoridad del Espíritu Santo, y
finalmente el silencio y la discreción (por eso se le coloca en el
segundo dedo de la mano derecha), y por tal razón se reza: “ Recibid el anillo,
signo de discreción, dignidad y fidelidad, a fin de que sepáis callar lo
que callarse debe, manifestar lo que debe ser manifestado, atar lo que
deba atarse, y desatar lo que debe ser desatado”.
Uno de los elementos que distinguen con más claridad al obispo, es la
mitra, pues éste es un ornamento de gloria y dignidad que recuerda al
obispo su sumo sacerdocio, la consagración de todos sus sentidos, y el
perfecto conocimiento que debe tener del Antiguo y del Nuevo
Testamento, figurados por las dos cintas que caen sobre sus espaldas;
penetrado de éstas ideas, el obispo al ponerla en su cabeza pide a Dios
que le dé la fuerza y la discreción necesarias para evitar todos los
lazos que pueda tenderle el demonio.
Al recibir su báculo Mons. Madrigal lo aceptó según lo que éste
simboliza, es decir, el gobierno sagrado y la encomienda de fortalecer a
los débiles, de alentar a los que vacilan, de corregir a los malos y de
dirigir a los buenos por el camino de la salvación eterna… con el
auxilio de nuestro Señor Jesucristo.
Así fue como se llevó a cabo la ceremonia de la consagración episcopal
de este gran sacerdote que con caridad y celo ilustrado y sostenido por
la fe dirigirá al redil de sus ovejas.
¡Dios lo conserve por muchos
años, Felicidades!
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