biografía

Excmo. Revmo. Luis Alberto Madrigal Madrigal.

 

Cuando se piensa en el padre Madrigal lo primero que se viene a la mente es la imagen de un sacerdote íntegro, devoto, impulsivo, valiente y dedicado al cuidado de las almas que Dios le ha encomendado.
Del matrimonio formado por José Abdón de Jesús Madrigal Juárez y María Teresa Madrigal, nacieron doce hijos. Uno de ellos, el décimo, vio la luz en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el 21 de junio de 1970, fue bautizado Luis en honor a la festividad del patrono de la juventud católica, San Luis Gonzaga.
Transcurre la tranquilidad de la niñez del padre Luis como la de cualquier niño. Sin embargo, esta tranquilidad fue interrumpida por la muerte de su padre cuando el P. Luis contaba con siete años. Si antes la labor de su madre, Doña Teresa, era la de la esposa que coadyuvaba a la formación de sus hijos; ahora ella se encarga totalmente de formarlos para que se procuren una vida honesta, llena de trabajos y sacrificios, pero en un ambiente cristiano de santo temor a Dios.
A los catorce años, Luis conoce la capilla donde oficiaba Mons. Martínez y desde ese momento, junto con su hermano menor, su madre y sus hermanas comenzó a cumplir con sus obligaciones religiosas.
A los pocos años, se despierta en Luis cierta inquietud interior, pues las cosas que hacía cotidianamente no le llenaban, a pesar de no irle mal en sus propósitos. El enorme vacío espiritual que sentía le llevaba a preguntarse si la vida sacerdotal no sería su destino. Varios amigos lo animaban para que se resolviera a tomar esa decisión, pero lo que era verdad, es que ni el mismo P. Madrigal, lo tenía claro. Sin embargo, una insistente inquietud le hacía pensar en cuál sería el designio divino.
En estas circunstancias, Luis decide asistir al retiro pre-seminario, con la intención de descubrir qué era lo que Dios quería de él. Este retiro fue decisivo para él; ahí pregunta que cómo se sabía si lo que la inquietud que sentía en su interior era la manifestación de su vocación. No tardó mucho en darse cuenta -después de oraciones, meditaciones y consejos de sus confesores- de que efectivamente lo que él quería, sin dudarlo, era ser sacerdote de Nuestro Señor.
Un año después, inicia su vida de seminarista, en el Seminario de Nuestra Señora Corredentora, donde sólo permanece un año. Continúa en el seminario de Nuestra Señora de Guadalupe (Argentina) y posteriormente en el instituto Mater Boni Consilii, en Italia. Poco tiempo después regresa a México al lado de Monseñor Martínez quien es el quien lo ordena el 27 de octubre de 1996.
Desde el mismo día en que fue ordenado, comenzó la labor ministerial del padre Madrigal. Siempre devoto, trabajador, estricto, congruente, de una sola pieza, leal a la Iglesia; pero al mismo tiempo humano y alegre.
Sus sermones están cortados al mero temple de la Tradición y de la Iglesia de siempre, por eso son exigentes y en ellos nos habla con claridad y sin eufemismos de la triste crisis en la que la Iglesia yace. Su formación le hace admirar a las personas honestas, leales y que conforman su manera de vivir con lo que dicen sostener en su pensamiento.
Nos habla de los santos con frecuencia, pero hay dos que siempre destaca: San Juan Bosco y San Bernardo de Claraval. Pues en Don Bosco ve la inspiración para muchas de las actividades que realiza y de la misma manera que el santo intenta tratar a los jóvenes y a los niños.
Por otro lado, es del monje de Claraval, del que admira su vida, sus obras, sus discursos, su carácter de lucha, su pelea frontal contra los enemigos de la Iglesia y su intenso amor a la Iglesia Católica. De hecho no es casualidad que algunos fieles al padre le llamen con admiración, el “padre militar” pues como él dice, a un católico se le debe concebir como un soldado de la Santa Madre Iglesia y a un sacerdote como lo que es: uno de los capitanes que mandan, corrigen y dan ejemplo.
Del sacramento del sacerdocio, el P. Madrigal admira muchos misterios. Pero llaman su atención la infinita bondad con que Dios hace que el sacerdote participe de su sacerdocio a los hombres; y que de esa manera, le conceda perdonar los pecados en la Confesión, o abrir las puertas del Cielo a sus hijos en el bautismo, arrebatándole al mismo demonio las almas. Pero el misterio de la Eucaristía lo impacta sobremanera, pues es Nuestro Señor mismo quien desciende cotidianamente al altar. Por todas estas razones, el P. Luis está consciente del enorme celo que deben tener los sacerdotes por las almas de su rebaño.
Con este pensamiento, organiza actividades de apostolado, como cursos, conferencias, adoraciones nocturnas, campamentos, retiros, entre otras. Y al mismo tiempo trabaja con los jóvenes y niños, puesto que considera que son el blanco de los ataques del demonio, del mundo y de la carne. Le preocupa, por ello, que los niños se formen sólidamente en un verdadero catolicismo y que sus padres les exijan que sean disciplinados, responsables, rectos, sacrificados e idealistas, “Tenemos que trabajar fuertemente por la niñez”, dice el padre Madrigal, porque ellos son el futuro de la Iglesia Católica.
Aunque el P. Madrigal es alegre, sus gustos son sobrios, de esta manera cuando es tiempo de esparcimiento, se da la oportunidad de jugar fútbol con los niños y jóvenes de la feligresía, sin descuidar sus obligaciones y ministerio.
El P. Luis Madrigal, está convencido y afirma sin cortapisas que la postura dogmática más congruente en conciencia y conforme la recta razón es la de la sede vacante. Él ve en el Vaticano II, el acontecimiento que desgarró desde lo más profundo a la Iglesia Católica, puesto que sus reformas -doctrinales, disciplinarias, litúrgicas, etcétera- afectaron el mismo corazón de lo católico al contradecirlo y atacarlo, ya que sencillamente estos cambios, aunque emanen de la misma Iglesia oficial, tristemente no son católicas.
Pero por otro lado, también nos ha hecho ver que la posición que sostiene la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ha confundido a infinidad de almas debido a que desde su fundación hasta esta fecha, su posición ha sido ambigua y carente de claridad, por tal motivo el P. Madrigal no tiene acercamiento alguno con dicha fraternidad, pues la considera una extensión del modernismo, a pesar de las ceremonias en latín.
Conforme va transcurriendo el tiempo, el padre Madrigal sigue trabajando en su apostolado y junto con su feligresía han hecho varios avances para construir una capilla aunque sencilla, lo más decorosa posible para ofrecer culto a Nuestro Señor Jesucristo.
Hace poco más de dos años, sin embargo, un acontecimiento inquietaría bastante al P. Madrigal, pues en una entrevista sostenida entre él y Mons. Louis Vezelis delante de Mons. Martínez se habló por primera vez de consagrarlo obispo. En esa ocasión el padre declina gentilmente la invitación. La segunda vez que Mons. Vezelis hace la invitación al P. Madrigal fue cuando lo visitó en Rochester, un par de meses antes que viniera a impartir las confirmaciones. La tercera ocurre durante la visita de Mons. Vezelis a la capilla de Cristo Rey donde se éste insistió sobre la importancia de la consagración. Sólo después de algunos meses el padre Madrigal la acepta.
En una carta, él nos explica que la razón por la cual no aceptaba dicha consagración, era en primer lugar, sin intentar caer en una falsa humildad, que no se sentía digno de gracia tan grande. En segundo, que no había necesidad de un obispo más, pues podíamos ser asistidos por el mismo Monseñor Vezelis o por Monseñor Giles y en tercero, que está de moda intentar buscar el episcopado por parte de los sacerdotes y que él no deseaba actuar de esa manera. Sin embargo, después de pensarlo una y otra vez él se cuestionó si en realidad no estaría oponiéndose a la voluntad de Dios, por lo que decide aceptar y tomar las providencias necesarias, afrontando lo que Dios quiera. Pues nos ha dicho en numerosas ocasiones, si Dios quiere, que permita que se lleve a cabo la consagración; pero también si es no, entonces que no lo permita.
El padre ha decidido que si es la voluntad de Dios, el lema de su obispado, sea REX SUM EGO, porque en éste se encierra el dictamen de la divina realeza de Cristo. Es decir, en ella Nuestro Señor Jesucristo, se declara Rey y sostiene que para ser rey ha venido “… PARA ESO NACÍ Y PARA ESTO VINE AL MUNDO, PARA DAR TESTIMONIO DE LA VERDAD”. Por esta razón, sostiene el padre Madrigal, que en todo momento su apostolado episcopal, será esforzarse para que se cumplan las palabras del Pater Noster, “adveniat regnum tuum”. Pues es digno que el Cordero que ha sido inmolado por sus criaturas, reciba el poder, la divinidad, la sabiduría, el honor, la gloria, el imperio por siempre, sobre todo lo creado, pues no es otro el concepto glorioso que tiene de su Rey y de su Dios la Santa Madre Iglesia Católica.
Pero además, el programa de su episcopado será realizar lo que la Iglesia católica tiene contemplado para los obispos, esto es, predicar la doctrina evangélica, custodiar el depósito de la fe y cuidar celosamente la administración de los sacramentos.
En fin, termina aquí esta pincelada de la personalidad de este sacerdote, que con sus virtudes y sus defectos –que no niega- su único deseo es la salvación de su alma y que siempre ha tenido presente, luchar por extender el reinado de Nuestro Señor Jesucristo en su Iglesia,

Crónica de la Consagración del Pbro. Luis Madrigal Madrigal.

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