

Ad Fideles
Zapopan, Jalisco, a 31 de Agosto de 2008.
Carta No. 9
Apreciables fieles en Nuestro Señor
Jesucristo.
La sociedad y la época en que
vivimos, cada día se aleja más y más de Dios y de la observancia de su santa
ley, es por eso que no podemos prometernos su apoyo sino que antes bien es
menester meditar seriamente la misión que en éstos momentos tenemos como Padres
de familia y el
celoso cuidado con que
debemos custodiar las almas que Nuestro Señor ha confiado a nuestros
cuidados, como son nuestros hijos.
El catecismo lo señala claramente: el mundo es uno de los enemigos de nuestras
almas y nuestro Señor lo
enseña: El mundo se gozara en tanto que nosotros estaremos tristes.
Mas en medio de estos desamparos
nos alientan aquellas palabras de
Nuestro Señor “Yo he vencido al mundo”, en tu
nombre, pues, Señor,
lanzaremos las redes.
Considero, y este es un punto de
vista muy personal , que la
sociedad en la que vivimos ya está llegando a su fin si no es que
ya llego,
y es que en cualquiera de
los puntos de vista que la veamos,
la situación esta tan decadente y lamentable que
ya no se puede sostenes y que incluso es necesaria una intervención de lo
alto para ordenar todas las cosas.
La carta última pasada señalaba la
triste situación en la que hemos llegado en el aspecto religioso sin tomar en
cuenta al
modernismo que desde hace ya
mucho tiempo los que pertenecen a el
no son católicos. Si
queremos ver a la sociedad en
el aspecto moral, no tenemos más
que aplicar lo que se vive
en el aspecto religioso y
tenemos, entonces, como resultado
toda la lamentable corrupción que
estamos viviendo y de la cual no estamos libres nosotros mismos,
y que pensar de los peligros a que
se encuentran expuestos continuamente nuestros hijos,
el peligro que corren aquellas almas inocentes en
medio de un mudo tan sensual
y de una sociedad que nos ofrece continuamente el placer,
y de muchos medios de comunicación que a
cada paso, las mas de las veces
incitan a nuestras
pasiones. ¡ A cuantas
cosas están expuestas las almas! Y
¡de cuantas cosas las debemos
preservar!
Si nuestra vista la dirigimos hacia la
educación, es otro mar sin fondo, por
más que se haga un esfuerzo
particular, la educación estipulada es la pública y nunca se le hará
crecer en el intelecto que es potencia del alma
cuando se ha declarado que debe ser separadas
de la suma verdad: Dios.
Solo por mencionar algo de lo que constituye nuestra sociedad moderna.
Pues apreciables Padres de católicos, de esto pueden
ustedes colegir las obligaciones
tan graves que penden sobre nuestros hombros, porque al fin de todo
debemos dar cuentas de las almas
que Nuestro Señor nos ha encomendado y debemos
guiarlos en
medio, de las tempestades de este mundo
hacia la eternidad con Dios.
Por eso debemos acostumbrarnos a rezar sin interrupción y a ver todas las cosas
desde el punto de vista sobrenatural y además ejercer la
labor también nosotros de ángeles de la guarda de
nuestros hijos.
Como Dios es fiel, no nos pide
cosas que nosotros no podamos realizar, quiere decir que contamos
con todos los medios para cumplir completamente con estas obligaciones
que nos impone el Divino Maestro, aun en medio de este mundo
y de estos tiempos tan borrascosos y complicados. Entonces hay que ser
fieles a las gracias que de uno u otra manera Dios nos ofrece.
¡Y cuanto debemos cultivar todas las virtudes y en especial aquellas que mas
necesitamos para cumplir con nuestro deber de estado, tales como la
mansedumbre, la paciencia, la perseverancia
la fortaleza, la confianza
en Dios entre tantas otras!
Rezando los unos por los otros y
poniendo el ejemplo en todo es como nos vamos a ayudar a sobrellevar
dicha carga.
¡No desmayen! Porque solo
quien combate valerosamente será coronado.
Mi bendición Apostólica.

+ Luís Alberto Madrigal M.
Episcopus