
Ad Fideles
Zapopan, Jalisco, a 22 de Junio de 2008.
Carta nº 6
Apreciables fieles en nuestro Señor Jesucristo:
Cada vez es mayor nuestra actividad apostólica, la cual tratamos, con el favor divino, de vivirla con intensidad a cada momento, siempre buscando extender el reinado de nuestro Señor Jesucristo. Con este motivo ofrecemos diariamente el Santo Sacrificio de la Misa, llevando nuestras peticiones a Dios y trayendo las gracias concedidas por nuestro Señor a las almas, mediante los sacramentos de la Santa Madre Iglesia Católica, haciendo así nuestra labor de Pontifex, es decir de puente entre Dios y los hombres.
La labor apostólica debe ser ejercida en el rebaño que Nuestro Señor nos ha encomendado. El rebaño debe obedecer a su pastor, y ésta es la primera condición a cumplir, conforme a lo que ha dicho nuestro Señor: “El pastor conoce a sus ovejas y las ovejas escuchan la voz de su pastor”.
Aquí pues encontramos la primera condición mutua entre las relaciones del rebaño, sea la del pastor de conocer a sus ovejas y la de sus ovejas en escuchar la voz de su pastor.
Además el pastor tiene muchas obligaciones para con su rebaño, pero notadlo bien, para con su rebaño, es decir para las ovejas que escuchan su voz. Debe alimentarlas y darles de beber continuamente con el alimento espiritual para que no perezcan de hambre y de sed, es decir, proporcionarles todos los medios para su santificación. El buen pastor siempre debe estar dispuesto a defender a sus ovejas del ataque del lobo, y cuando intente arrebatarle una de sus queridas ovejas encomendadas por Dios a sus cuidados, no debe tener miedo, sino que debe encarar al lobo y desterrarlo, aún a costa de su propia vida.
Las ovejas por su parte deben escuchar la voz de su pastor, ser dóciles y estar prestas al cumplimiento de sus deberes y al sacrificio para cumplir con la voluntad de Dios. Cuando las ovejas vean venir al lobo, deben correr al abrigo de su pastor, después de todo, él es el pastor que ha sido puesto por Dios para este fin, por eso trae el cayado, que es el medio que Dios le ha dado para que pueda defenderlas de cualquier ataque.
¡Qué hermosa imagen nos presenta nuestro Señor en el pastor y la oveja! y, ¡qué agradecidos debemos estar porque nos sigue dando pastores que cuiden nuestro rebaño!
Los tiempos que nos han tocado vivir no son alentadores, en todos los medios reina un caos nacido del caos generalizado en el medio religioso.
Ahora es la oveja la que elige a su pastor, por no decir a su postor. Ella misma se ha constituido “bajo una tutela” de algún sacerdote, y ella misma cree que recibir así los sacramentos será suficiente para salvarse. Olvida la oveja que la Iglesia Católica es eminentemente jerárquica y que nuestro Señor proporcionara los medios de santificación por medio de sus legítimos Apóstoles. Ni siquiera la pobre oveja se da cuenta si aquél “sacerdote pastor” está sometido a su Prelado, lo cual es absolutamente reprobable, y si no se cree, basta ver la experiencia que todos hemos tenido en este aspecto: sacerdotes solos, -o vagos, como los considera la Iglesia-, ofreciendo el Santo Sacrificio de la Misa en casas o en cualquier lugar; que carecen de los santos óleos y los suplen no sé con qué; que enseñan a sus seguidores que la situación está tan cruel que no es posible proceder de otra manera; hasta podemos ver a Sacerdotes dando la “confirmación”. A ese riesgo se exponen los “fieles” que los siguen. En tanto que la Iglesia Católica, conforme a las promesas de Nuestro Señor, perseverará hasta la consumación de los siglos, sin perder ninguna de sus cuatro notas: Una, Santa, Católica y Apostólica.
Es necesario, en base a lo antes dicho, hacer una seria reflexión y juzgar todos los acontecimientos de manera objetiva. Recuerden las palabras de Nuestro Señor: “...y vendrán falsos Cristos y aún a los elegidos, si fuera posible, los engañarían”.
La cosa va más allá. Hay ovejas que están renuentes a ser sometidas, y que sea por su comodidad, por el tiempo, -dicen ellas- o simplemente por el orgullo se niegan a escuchar la voz del pastor y por eso van de rebaño en rebaño según se les acomode. Algunos más se inquietan por la edad del pastor o por su carácter y no reparan en el don sobrenatural que públicamente se ha recibido para guiar a las ovejas, a las ovejas de su rebaño. Por eso el pastor no las identifica y ellas no escuchen su voz. Esto que menciono no es novedad, ya lo hemos visto desde hace muchos años. También lo he mencionado en otras ocasiones: no es lo mismo asistir a cualquier capilla y ustedes mismos serán testigos de lo que les estoy mencionando.
Es muy posible que no estemos acostumbrados a que se nos hable de esta manera, pero ésta es mi obligación y ese es el mero estilo católico, no el que reina a nuestro alrededor: laicos que tienen algún centavo, -y digo algún centavo porque al dinero nuestro Señor lo tiene por escoria-, y creen que eso les da la autoridad para mandar, y fíjense bien, mandar en la Iglesia de Nuestro Señor. Ellos mismos se encargan de difundir quién está bien y quién está mal (según su criterio, que no es el católico). ¡Son ciegos que guían a otros ciegos! Examinen la causa de éstos y verán que están haciendo la labor del enemigo utilizando todos sus medios para sostener a los sacerdotes vagos y erigirles capillas y contratar a sus “capellanes”. ¡Qué vergüenza Señor! y a la vez ¡qué indignidad! pero finalmente son los mismo “fieles” los que se dejan guiar por ellos.
Para los fieles que se aprecian de ser católicos es absolutamente necesario, pues, estar sometidos a sus legítimos pastores, vivir su catolicismo, participar en las actividades religiosas que se le brindan para el bien de sus almas, y ser una sola cosa con su pastor para que así el pastor conozca a sus ovejas y las ovejas escuchen la voz de su pastor.
Por último se les pide nuevamente que visiten nuestra página de Internet. La dirección es www.rexsumego.org.mx
+ Luis Alberto Madrigal
Episcopus.
