
Ad Fideles
Apreciables fieles en Nuestro Señor Jesucristo.
Zapopan, Jalisco, a 17 de febrero de 2008.
Carta nº 3
El Santo Tiempo de Cuaresma.
A manera de preparación remota de la cuaresma, la Iglesia, dedica tres semanas que son: la de Septuagésima, la de Sexagésima y la de Quincuagésima, según el orden de las siete semanas que preceden al domingo de Pasión. Como preparación próxima, La Iglesia, nuestra Santa Madre, ha instituido desde hace siglos la saludable práctica de Las Cuarenta Horas, cuyo culto sirve: para aplacar la cólera de Dios en estos días tan licenciosos; para apartar del mal a todos los que pudieran ser arrastrados por la fuerza de la costumbre y de los malos ejemplos; para desagraviar a nuestro Señor y movernos a compasión al contemplar las cuarenta horas que transcurrieron desde su condenación a muerte hasta su resurrección; y en fin, para prepararnos a la saludable penitencia de la cuaresma.
Con el Miércoles de Ceniza se abre solemnemente la cuaresma que vendrá a culminar con el Sábado Santo. Este tiempo sirve de preparación para nuestra propia alma con el ayuno, la abstinencia, la penitencia y la oración, y así buscar la misericordia de Dios y el perdón de nuestros pecados. En efecto, la Iglesia Católica, como una amorosa madre, convoca a sus hijos a que públicamente pidan penitencia, esto lo encontramos figurado en la imposición de la ceniza sobre la frente; antiguamente la dirigía el Obispo y en ella se convocaba a los pecadores públicos a que hicieran penitencia; éstos asistían con un vestido vil y se les imponía un cilicio y se les llenaba la cabeza de ceniza, enseguida, el Obispo pronunciaba la siguiente sentencia: “Acuérdate oh hombre, que eres polvo y en polvo te has de convertir y haz penitencia para que alcances la vida eterna”. Este ceremonial se encuentra en el Pontifical Romano, y nosotros nos hemos esforzado en practicarlo realizando la bendición de los cilicios.
Todas estas ceremonias tienden a impulsar a nuestras almas para que de tibias se hagan fervorosas y busquen la unión con nuestro Señor atrayendo su misericordia sobre estos corazones miserables, y por eso recordamos la Revelación Divina que no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva. Así mismo lo expresaban las antífonas de vísperas del domingo de cuadragésima: “Mucho hemos pecado en verdad, mas perdona a los que confiesan sus culpas; para gloria de tu Nombre da remedio a los enfermos”.
En este tiempo se ayuna los miércoles y los viernes. Se hace abstinencia el Miércoles de Ceniza y todos los viernes de este tiempo.
El ayuno consiste en: un pedazo de pan (bolillo) de 60 gramos, acompañado con te o café. Una comida a eso del mediodía, bien realizada, pero sin pecar de gula. Una pequeña cena de 250 gramos de comida sólida. Obliga a las personas que tienen 21 años cumplidos y hasta el inicio de los 60. Esta ley obliga sub gravi, es decir, bajo pena de pecado mortal.
La abstinencia consiste en no comer carnes rojas ni aves. El pescado y los anfibios son permitidos. A esta ley están obligados los que ya cumplieron 7 años. Esta ley también obliga sub gravi, bajo pena de pecado mortal.
Para que el ayuno sea verdaderamente útil ha de ir acompañado, de la oración, de la renuncia al pecado y a las ocasiones de cometerlo y además de la limosna. Es por eso que hay que entregarnos con mayor empeño, durante este santo tiempo a la reflexión, a los ejercicios de piedad, a los retiros espirituales y a todo aquello que ayude al hombre a una renovación interior, por lo tanto es muy bueno alejarnos de los espectáculos mundanos, aún de los lícitos, con mayor razón de los pecaminosos.
Están dispensados del ayuno: 1) Todos los enfermos y convalecientes. 2) Los pobres que no tienen comida o que sus alimentos no son suficientemente nutritivos. 3) Los que realicen trabajos muy pesados, así también los que velan a un enfermo. 4) los que realicen trabajos espirituales que causen mucha fatiga.
Entremos, pues, con santa compunción de corazón a este tiempo de gracia, y luchemos por arreglar nuestra alma delante de Dios en estos días de misericordia.
Nuestras almas desean desagraviar a Nuestro Señor, pero parece que el enemigo de la Santa Madre Iglesia Católica desea crucificarlo de nuevo. Ratzinger ha preparado, en contra de la misma Revelación Divina, la “enmienda” de la oración del Viernes Santo, nos referimos a la que reza por los judíos:
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El texto Católico originalmente dice: Oremos también por los pérfidos judíos, para que nuestro Dios y Señor quite de sus corazones el velo que los cubre, a fin de también ellos conozcan a Jesucristo nuestro Señor… No se dice Oremus ni Flectamus. Omnipotente y sempiterno Dios, que ni aún a la perfidia judaica la excluís de vuestra misericordia: oíd las plegarias que os hacemos por la ceguedad de aquél pueblo, para que conociendo la luz de vuestra verdad, que es Cristo, sean sacados de sus tinieblas. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor... |
El nuevo texto modernista dice: Oremos por los judíos con el fin de que nuestro Dios y Señor ilumine sus corazones, y así conozcan a Jesucristo Salvador de todos los hombres.
Oremos. Doblemos las rodillas. Levantaos. Omnipotente y sempiterno Dios, que quieres que todos los hombres se salven y que vengan al conocimiento de la verdad, concede propicio, con el fin de que entrando la plenitud de las gentes en tu Iglesia, que todo Israel sea salvo. Por Cristo Nuestro Señor... |
Notadlo bien: este texto deberá ser utilizado a partir de este año en toda la celebración de la liturgia del Viernes Santo con el Misal Romano, es decir, no con el Novus Ordo, sino con el rito romano que dicho sea de paso fue el aprobado por Angelo Roncalli (Juan XXIII).
El otro acontecimiento que tendrá lugar en esta Semana Santa, según los medios de información, es que Castrillón Hoyos, encargado de la comisión Ecclesia Dei “levantará la excomunión” a tres de los cuatro Obispos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, el cuarto de ellos queda indeclinable, al menos por el momento.
Esto ya lo habíamos mencionado, que la Fraternidad en cuestión iba a entregar todo al modernismo, puesto que ha sido modernista desde siempre, aunque ha engañado a muchos, ahora va a entregarlos a todos. Deus adjuva nos!
Entre tanto, nosotros deseamos rendir el siguiente
Agradecimiento.
Siguiendo el consejo de San Pablo deseamos formalmente rendir agradecimiento para todas aquéllas almas generosas y desinteresadas que se preocupan del buen funcionamiento de nuestra capilla: a las almas diligentes que cada Domingo, desde temprano, están listas para preparar los ornamentos, las flores, la limpieza de la capilla, el repaso del canto y algunas otras cosas necesarias para cumplir con nuestra obligación dominical.
Para aquéllas otras que dedican sus cualidades, además de su tiempo; que semana tras semana no se cansan de esforzarse en ganar algún mérito para el reino de los cielos; A las personas solitarias que llevando el dolor de no ser acompañadas por sus familiares no dejan de trabajar por el esplendor del culto divino ni de extender el reinado de nuestro Señor.
El corazón se llena de alegría al ver familias completas, las cuales sin presunción alguna, van guiando a sus hijos con la palabra y el ejemplo, sea arrodillándose delante del Santísimo o participando en cosas prácticas en la capilla sirven a la causa de Nuestro Señor.
No podemos olvidar, agradecer a aquéllas personas que se preocupan de traernos parte de nuestra alimentación a los que hemos elegido servir directamente a nuestro Señor. A aquéllas mujeres abnegadas que desde hace mucho tiempo se turnan para hacernos de comer en sus hogares un día entre semana, con la idea de que los seminaristas no pierdan mucho tiempo en la preparación de sus alimentos y puedan así dedicarse con todo el ímpetu posible a cumplir su deber de estado: rezar, estudiar y trabajar.
También a aquellas almas que han dejado sus hogares y colaboran de manera directa con nuestro apostolado y nos ayudan en las necesidades cotidianas: atender la correspondencia, hacer el trabajo de office boy, cuidar de nuestros vehículos o acompañarnos cuando debemos salir a alguna encomienda.
Recuerden que un vaso de agua dado al prójimo conforme al título que representa no quedará sin recompensa. Que Dios los bendiga y los colme de bienes espirituales.
A las almas a mí encomendadas mi bendición.
+ Luís
Alberto Madrigal M.
Episcopus