Ad Fideles

 

 

 

Carta n. 18
 2010

Apreciables fieles en nuestro Señor Jesucristo.
Salud y bendición.
Estamos por iniciar dentro de algunos días  los cuarenta días de ayuno  a imitación de los que realizara nuestro Señor en la tierra para darnos ejemplo. Poniendo en nuestras frentes la ceniza nos rendimos cuenta de que somos polvo, ceniza y nada y que así trascurre nuestra vida, y con el corazón contrito y humillado debemos servir a Nuestro divino Maestro.

 Amados  fieles hemos iniciado un año  cargado de muchas actividades y lleno de  prepósitos, uno de los cuales es el ramillete que en todos unidos estamos realizando.  Precisamente  en este ramillete es para  desagraviar a nuestro Señor de tanto mal que hemos realizado, y a la vez queremos también pedirle una gracia muy grande al divino Maestro, siempre con la intención de servir en todo. Pedimos también a los fieles, sea los que se anotaron o los que pos cualquier causa no lo hicieron, pero se que cada uno de ustedes esta haciendo su mejor ofrecimiento a Nuestro señor, pues bien, no desistamos de este tan  buen propósito.

Para el mejor funcionamiento de nuestra parroquia hemos  lanzado la iniciativa de trabajos comunes para cada uno de los grupos  ya constituidos, a los cuales agradecemos su buena disponibilidad  y esperamos que todos perseveremos en  este trabajo emprendido y que lo hagamos con un espíritu sobrenatural y continuamos con gran docilidad.
De la misma manera, con el favor Divino, en este mes iniciaremos con  el primer circulo de estudios de este año con el tema: Conocimientos básicos de Liturgia, esperamos que acudan con prontitud sobre todas  aquellas personas que todavía tengan dificultades en seguir la Santa Misa o que les cueste trabajo el uso del misal o la pronunciación  del latín, al menos en las oraciones básicas etc.

Para los círculos de lectura ya existentes reanudamos  las actividades en este mes y con el favor divino a mas tardar el mes entrante  iniciaremos con un segundo  circulo de lecturas. Por favor las personas que gusten de cultivarse estén atentos a la convocatoria.
 
En cuanto el proyecto de la construcción  hemos hecho una parada estratégica, pero en cuanto podamos reunir un poco de medios económicos  seguiremos adelante, muchas gracias por su valiosa cooperación  ustedes pueden ver los adelantos  que aunque  lentos seguimos realizando para lograr la construcción del Santuario dedicado a Cristo  Rey.

No quisiera dejar de mencionar la disposición que desde hace un tiempo  se ha observado en casi  toda la feligresía, da en verdad gusto ver la  presteza que se pone cuando se les hacen algunos encargos, por mínimo que sean pues creo que con el espíritu sobrenatural las cosas se deben realizar por la honra y gloria de Dios.
Como estamos por iniciar la cuaresma  deseo incluir en esta carta  algunas consideraciones con respectos a la virtud y al sacramento de la Penitencia.
1. La penitencia como virtud. La palabra penitencia deriba  de pena y de tener, dice san Ambrosio que la penitencia es el dolor del corazón y la amargura del alma por los pecados que se han cometido. Es tan necesaria esta virtud que San Juan Bautista predicaba un bautismo de penitencia y decía: “ Haced penitencia…todo árbol que no produzca buen fruto será cortado. Nuestro Señor enseñaba que si no hiciéremos penitencia todos juntos pereceremos ya que vino a llamar a los pecadores a la penitencia. El Mismo divino Maestro nos ha dado ejemplo desde su nacimiento  hasta a cruz padeció para expiar los pecados del mundo.
Es tan saludable la penitencia que llega a decir S. Bernardo que las lagrimas de los penitentes son el vino de los ángeles. San Pedro negó al Divino Maestro, pero tuvo tan profundo sentimiento que derramo amargas y abundantes lágrimas. Las lágrimas de la penitencia no imploran el perdón, sino que lo merece, ice S. Ambrosio. En cuarenta días será destruida la ciudad y los Ninivitas hicieron penitencia  y Dios los perdono.
Esta virtud, pues, de la penitencia es sobrenatural y lleva al pecador a detestar sus pecado a detesta sus pecados y a castigarse así  para reparar la injuria hecha a Dios. El acto interno de esta virtud se llama contrición. La virtud de la penitencia ha sido necesaria en too tiempo para obtener el perdón de los pecados.
El sacramento de la penitencia, del que vamos a hablar no puede existir sin la virtud de Penitencia.
2. El Sacramento de la Penitencia
La penitencia como sacramento, se define: es el sacramento de la nueva ley, instituido por nuestro Señor Jesucristo, para perdonar los pecados cometidos después del bautismo, por el acto de penitencia y la absolución sacerdotal. Que la penitencia sea verdadero Sacramento, consta por la definición del concilio de Trento, que dice (ses. XVI, cap. I): Si alguno dijera que la Iglesia Católica, la penitencia no es un verdadero y propio Sacramento... sea anatema.
En efecto, propio de este Sacramento es perdonar los pecados mortales, y es tal su eficacia que se extiende a todos los pecados por graves y enorme que sean. Dios promete el perdón a todos los pecadores, si hacen penitencia; declara que no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva; pero al instituir el Sacramento, no señala limites a su eficacia, promete perdonar lo que sus ministros perdonen, y desatar en el cielo lo que ellos desataren en la tierra, y todas estas promesas son absolutas, sin restricción alguna, sin mencionar la especie de pecados, ni su gravedad: luego el poder de perdonar se entiende de todos los pecados por graves y enormes que sean: por eso los Padres y doctores católicos, testigos de la tradición, han levantado su voz en todos los siglos contra los montanistas y novicianos, que limitaban el poder de perdonar, y el Concilio en el canon citado, declara que el Sacramento de la Penitencia, a sido instituido para reconciliar a los fieles con Dios, cuantas veces lo hubiese ofendido después del bautismo.
Hemos dicho que el efecto propio del Sacramento de la penitencia es el perdón de los pecados mortales; por consiguiente, la efusión de la gracia santificante: su efecto accidental es el aumento de esta misma gracia santificante, ósea, la segunda gracia de aquellos que se haya en posesión de la primera. La gracia, llamada sacramental, de la penitencia consiste en cierto derecho a las gracias especiales actuales que necesita el pecador para perseverar en la amistad de Dios y espiar sus culpas pasadas. La penitencia perdona también la pena eterna merecida por los pecados mortales; los pecados perdonados en el Sacramento de la penitencia, no reviven por la recaída de otro pecado mortal, porque Dios a prometido de una manera absoluta olvidar las iniquidades y pecados cometidos por el pecador convertido; así lo dice por Ezequiel, (cap. XXXIII); por ultimo, la penitencia restituye al alma las virtudes infusas perdidas por el pecado; las obras buenas y los meritos mortificados por el pecado, como dicen los teólogos, es decir, que habían dejado de serlo por el pecado.
Materia del Sacramento de la Penitencia.
La materia remota del Sacramento de la penitencia son los pecados del penitente; la materia próxima son los actos del penitente, es decir, la contrición, la confesión y la satisfacción; he aquí la definición del Concilio de Trento, (ses. XVI, cap. IV). El Concilio de Trento llama a los tres actos del penitente, quasi materia. Entre los tres actos del penitente hay que notar que la confesión y contrición son partes esenciales del sacramento en acto; pero la satisfacción actual, es tan solo parte integral del mismo, de modo que sin ella se da el sacramento, pero no es perfecto por efecto de la satisfacción.
Cuando decimos que la materia remota de la penitencia son los pecados del penitente, queremos decir los pecados cometidos después del bautismo, porque el Sacramento no produce su efecto sino en aquellos que han recibido el bautismo; por consiguiente el pecado original y demás pecados cometidos antes del bautismo, se perdonan por aquel Sacramento, y no por la penitencia.
Pero los pecados cometidos después del bautismo, son mortales o veniales, ciertos o dudosos, perdonados directa o indirectamente, u olvidados; así pues, la materia de este Sacramento será necesaria o libre, suficiente o insuficiente: 1.- todo pecado mortal es materia necesaria del Sacramento de la penitencia, porque después del bautismo, no hay otro medio para perdonar los pecados que el Sacramento de la Penitencia, o la contrición perfecta con voto del Sacramento. 2.- Los pecados veniales son materia suficiente, pero libre del Sacramento: deficiente, porque las palabras de Jesucristo a sus Apóstoles, todo lo que atares sobre la tierra..., son generales y absolutas, y comprenden por lo mismo toda especie de vinculo espiritual, es decir, los pecados mortales y los veniales; pero materia libre, porque como dice el Concilio de Trento es muy útil su confesión (ses. XIV, cap. V). 3.- Los pecados mortales o veniales, que han sido directamente perdonados, son materia suficiente del Sacramento de la penitencia, porque siendo ofensas hechas a Dios, pueden ser objeto o materia del dolor o de contrición, y por lo mismo de la confesión, y Dios puede perdonar de nuevo al que nuevamente se arrepiente y confiesa sus culpas; así consta de la practica general de los fieles, práctica que Benedicto XI llama saludable, y lo contrario lo condena Juan XXII, como falso y erróneo. 4.- El pecado dudoso en cuanto a su gravedad, es materia necesaria del Sacramento; pero el pecado dudoso en cuanto a su existencia, es materia necesaria, pero insuficiente; necesaria, porque el pecado puede  existir, y en este caso el medio mas seguro es sujetarlo al Sacramento de la penitencia; pero insuficiente, porque siendo dudoso, puede faltar la materia del Sacramento y en este caso el Sacramento será nulo; de aquí la costumbre de las personas que frecuentan el Sacramento de la penitencia, de añadir a la acusación de las faltas ordinarias, algunos de la vida pasada aunque ya confesados.

 

En unión de oraciones, reciban mi bendición apostólica.



Visite nuestra página siempre actualizada: http://www.rexsumego.org.mx

 

 

 

 

                      

+ Luís Alberto Madrigal M.

Episcopus

 

 

                       

 

 

 

regresar